Malenfant 3. HAZEL #2
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3. HAZEL #2

Analizo la expresión de la mujer al pronunciar esas palabras.

No cambia ni siquiera un ápice al informar al resto de que va a morir.

De todas formas, no me extraña nada viniendo de los Malenfant.

Siempre han sido igual de fríos y calculadores.

Su hijo, con quien yo he compartido curso en Stonefell, es una fotocopia de todos los ancestros con su mismo apellido: un grupo de elitistas insoportables.

Creían ser los favoritos de Magnus, pero su lealtad ha sido cuestionada durante los últimos días de la guerra: Gwendoline Malenfant desapareció misteriosamente, mientras que Damascus, el patriarca, se quedó hasta el final, arriesgando su vida para acompañar a Magnus en la batalla final.

La última vez que lo vi estaba herido de gravedad, por lo que no sé si habrá corrido la misma suerte que su líder.

—Si no hay inconveniente, sería un honor.

Alec da un paso al frente, presentándose voluntario para acabar con todos.

También he compartido clase con él, así que no necesito ver su pelo oscuro y largo para saber que es el menor de los Aurigae, el único heredero ahora que su hermano ha caído.

De hecho, Alec es casi peor que Marlowe Malenfant.

Todos los Aurigae comparten dos cosas: que sus nombres empiezan por la letra A y que son expertos en inventar hechizos y pociones que deberían estar prohibidos.

Las pociones no solo las utilizaban para rituales oscuros con la Muerte, sino que también habían creado un pequeño mercado negro en el que vendían frascos de brebajes muy sencillos por una gran cantidad de dinero que muchas familias no se podían permitir, aprovechándose de la escasez de recursos durante la guerra.

Además, se dedicaban a destruir las existencias de ingredientes que no estuviesen en su poder para asegurarse de tener el control del abastecimiento.

Así, una poción noctilius hecha por ellos podía costar cuatro o cinco meses de un salario normal.

Los Aurigae se justificaban diciendo que su veneración a la Muerte les había conferido una habilidad especial para las pociones, siendo las suyas mucho más potentes que cualquiera que pudiera fabricar uno en su casa.

Pero, desgraciadamente, ese poder venía de lugares oscuros.

Aun así, muchas familias estaban dispuestas a comprar un pequeño frasco, aunque detrás de su producción hubiera un reguero de sangre mágica, animal o humana, con tal de salvar a un ser querido.

Hace un año, tuve una conversación con Jack en la que ambos nos prometimos que preferíamos morir antes que caer en su juego. Un pacto que estoy dispuesta a mantener hasta el final.

Miro fijamente a Alec Aurigae. Si no hubiera caído en toda esta corrupción, se habría convertido en un alumno brillante.

Seguramente podría haber utilizado sus conocimientos en hechizos y pociones para salvar vidas, en lugar de sacrificarlas por un ansia de poder que había alcanzado unos niveles injustificables.

El chico se aparta unos mechones de la cara y sonríe, mostrando unos dientes que parecen afilados.

Me da la impresión de que Alec está deseando probar un nuevo maleficio con los rebeldes que han sobrevivido, entre las que me incluyo.

Sin embargo, cuando parece a punto de hacerlo, Gwendoline Malenfant se adelanta.

—No. No los mataremos así. Lo haremos como ha designado El Magno.

La voz de la matriarca de los Malenfant retumba en el salón, cuyas paredes están recubiertas de suciedad, moho y cuadros de rostros regios.

En ese momento me doy cuenta de que me encuentro en su propiedad, una mansión antiquísima que probablemente haya pasado de generación en generación desde tiempos inmemoriales.

La humedad, el basilisco, la autoridad con la que hablaba la mujer.

.. Mi primer pensamiento es contárselo a Jack, quien había fantaseado muchas veces con prenderle fuego a este lugar.

Siento un pinchazo en el pecho al recordar a mi mellizo.

Aaron Aurigae, el padre de Alec, parece molesto ante la negativa.

—¿Acaso nos hemos perdido algo? ¿O es que El Magno te ha dejado instrucciones que desconocíamos?

Los Myers también se suman a la conversación:

—Es ese el motivo por el que no te hemos visto el pelo los últimos días, ¿no? ¿Has estado siguiendo unas órdenes especiales de El Magno?

Se escuchan algunas risas disfrazadas de murmullos.

Sé que entre los segadores no hay una jerarquía clara ni pacífica, pero no era consciente de que las tres familias más poderosas estaban enfrentadas.

Magnus no había dejado atrás a ningún familiar ni había designado ningún heredero de su causa. Por lo menos, que nosotros supiéramos.

La serpiente se agita. La tensión está creciendo por momentos y aprovecho para observar a mis compañeros, a los supervivientes de la resistencia.

No entiendo por qué me han separado de ellos.

Imagino que nos habrán capturado a Caleb, Alice y a mí a la vez, pero yo he permanecido hasta ahora junto al basilisco.

Por algún motivo que desconozco, el monstruo crea una especie de barrera para que no pueda reunirme con ellos.

Busco a Caleb con la mirada, pero no logro llamar su atención. Entre el grupo de rebeldes veo a Serenity, que parece que todavía no me ha localizado.

—Ya la has escuchado. Lo haremos tal y como ha indicado El Magno.

Marlowe Malenfant da un paso al frente. Esta vez ha sido él quien se ha pronunciado.

Su propia madre se sorprende al escucharlo tan seguro, y esta vez sí que esboza una sonrisa verdadera.

No le quito la vista de encima. Unos instintos asesinos me invaden y me imagino cruzando el salón y abalanzándome sobre él, agarrándole de su pelo repeinado y clavándole un puñal en el cuello hasta que se desangre.

—Anoche recibí una carta póstuma de El Magno —continúa, escupiendo las palabras.

Las mejillas me arden de la rabia—. Dejó unas instrucciones muy claras en caso de que no sobreviviera a la guerra.

Tendrían que haberle llegado a mi padre, pero, como sabéis, ha resultado gravemente herido.

—Se escucha de nuevo un murmullo que enmascara risas mal disimuladas.

Después, se gira hacia su amigo—. Pero no sufras, Alec.

Creo que la propuesta de El Magno te va a gustar más que matarlos con tus propias manos. ..