Malenfant 3. HAZEL
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3. HAZEL

HAZEL

Me despierto de golpe. Algo me aprieta el cuerpo, me aprisiona desde el pecho a la cintura, pasando por detrás y sosteniendo mis piernas.

Mi primer pensamiento es que se trataba de una pesadilla, pero es imposible.

Una poción noctilius bien elaborada jamás lo permitiría.

Entonces, mi mente me recuerda la explosión, el caos, los gritos. .. y un gran vacío negro.

Intento mover los brazos, pero no puedo. Solo me responden las piernas, que cuelgan hacia el suelo en una posición extraña. Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy suspendida en el aire, rodeada por el cuerpo de una enorme y viscosa serpiente.

Mi corazón se acelera. Trato de zafarme, pero la bestia tiene un diámetro inabarcable y me tiene aprisionada con gran fuerza. La siento ardiente, pero al mismo tiempo helada. Sus escamas se agitan cuando se percata de que su prisionera ha despertado.

Miro a mi alrededor. No reconozco el lugar al que me han llevado.

Parece una casa antigua, con los suelos de madera oscura y las paredes infestadas de moho.

En el ambiente reina un olor a putrefacción, pero no sé si es por el lugar o por la propia serpiente gigante.

Intento zafarme de nuevo y la bestia reacciona, soltándome de improviso y lanzándome contra el suelo.

Me golpeo en la cabeza y el codo. No grito, pero el golpe me despierta del todo.

Y, de pronto, todos los recuerdos de la noche anterior se agolpan en mi mente.

La mirada vacía de mi hermano.

La muerte de Magnus.

El final de la guerra.

La explosión.

Con las piernas temblorosas, me pongo de pie.

Y entonces los veo. A mi izquierda se encuentran los miembros de la cúpula de la resistencia que han sobrevivido.

Miro a Caleb, que parece pedirme perdón con los ojos por no haber podido protegerme, y a Serenity.

Mi mejor amiga parece un fantasma, una figura pálida y fría.

Apenas puedo reconocerla. Su pelo rubio está revuelto y manchado de sangre seca.

Se le han quemado los pantalones, revelando unas heridas con aspecto de estar infectadas.

Quiero preguntarle por qué no ha hecho nada por curarlas, pero me doy cuenta de que yo misma tengo la respuesta: porque ya nada importa.

Los segadores nos superan en número y la muerte de mi hermano ha sido en vano.

Sobrevivir a la guerra se ha convertido en un castigo, no un privilegio.

Cuento rápidamente entre sesenta y setenta miembros de la resistencia, más o menos, en lo que parece ser el salón de una gran mansión.

Solo reconozco a Caleb, a Serenity, a Alice, a Theo y a la hermana pequeña de una chica que iba a mi clase.

Algunos de los demás me suenan de habérmelos cruzado durante las reuniones que mi hermano organizaba; a otros es la primera vez que los veo, pero sé que son de los nuestros porque llevan un brazalete con la silueta de la cabeza de un ciervo.

Todos tienen algo en común: han luchado en el bando de mi hermano o eran sus amigos. Hay jóvenes y mayores, compañeros de clase con los que he compartido años en el internado, padres de algunos de ellos e incluso profesores que han sobrevivido a los últimos ataques.

En realidad, todo comenzó justo ahí, hace varios siglos, en Stonefell.

Un internado que se erigió entre las montañas con el único propósito de educar a los magos entre siete y diecinueve años y prepararlos para controlar sus poderes y preservar su identidad mágica.

Las primeras comunidades de magos de Reino Unido estaban preocupadas por si su secreto salía a la luz.

Stonefell les proporcionó un asentamiento seguro para aprender a controlar sus poderes, una nueva comunidad que proliferó durante mucho tiempo.

.. hasta que se empezó a corromper desde dentro.

En el primer curso, todos los alumnos del internado aprendíamos que la magia provenía de la Muerte.

Era, realmente, un regalo, un don que nos recordaba que ni siquiera el más grande de los poderes podría hacernos evitarla, pues nuestro final sería el mismo.

Con el tiempo, un grupo de personas descubrieron que podían aumentar su magia, multiplicar su poder, si la veneraban a través de todo tipo de sacrificios y rituales oscuros que muy pronto comenzaron a incluir animales domésticos e incluso criaturas mágicas.

Los seguidores de la Muerte se hicieron llamar segadores, convirtiéndose en sus discípulos y entregándole vidas a cambio de más poder.

Querían aumentar su magia, llegar a límites insospechados, pero siempre bajo la sombra de la Muerte.

Sabían que nunca podrían superarla ni burlarla.

Estas ideas comenzaron a filtrarse entre las grietas de las piedras de Stonefell.

Primero, entre los alumnos, que replicaban lo que escuchaban en casa.

Y después, con el paso del tiempo, fueron muchos los profesores que compartían sus opiniones abiertamente en las clases.

Ahora casi toda la cúpula del profesorado se había unido a los que veneraban a la Muerte; algunos ya provenían de largas generaciones de segadores.

Querían enseñar rituales, aumentar el poder de los alumnos, que llegaran a lugares inimaginables, siempre y cuando no tuvieran más poder que Ella.

La situación se había vuelto aún más tensa cuando algunos segadores decidieron sustituir los tres últimos cursos de Stonefell por Aurum, tres años obligatorios centrados en las artes oscuras.

Hasta entonces, esos cursos estaban dirigidos a que los alumnos buscasen sus especializaciones de cara a su futuro laboral.

El cambio salió adelante porque muchos profesores ya compartían las ideas sobre la muerte de Magnus y ganaron la votación por mayoría absoluta, a pesar de que la directora, Ezekielle, tenía un voto doble.

Desde entonces, sacar excelsos en Aurum era la meta de quienes querían unirse a los segadores.

Los que no estábamos de acuerdo con cursar Aurum tuvimos que hacerlo igualmente, sobreviviendo en un ambiente cada vez más radical.

Las primeras personas que crearon formalmente la resistencia nunca creyeron en esta corrupción de la magia.

Estaban aterrados por el cambio que se había producido en Stonefell en cuestión de unas décadas.

Los padres comenzaron a sacar a sus hijos del internado y se mudaron a otros países, borrando sus huellas para que nadie los siguiera.

Quizá ellos fueron los más inteligentes, evitando una tragedia que se acercaba con cada día que pasaban entre aquellos muros de piedra.

Muchos nos quedamos, presenciando cómo la institución que se creó para unirnos se iba pudriendo poco a poco desde dentro.

La resistencia nunca veía la magia como un fin en sí mismo, sino como un medio para hacer la vida más fácil.

Nuestra intención no era no querer experimentar, ni evitar ir más allá, sino utilizar la magia como un complemento natural en nuestro día a día.

Las prácticas oscuras solo traían problemas: criaturas mágicas con características alteradas que incendiaban las cosechas, pociones que dejaban secuelas en los enfermos que buscaban nuevos tratamientos, personas misteriosamente desaparecidas. ..

Pero todo cambió cuando los segadores hicieron un horrible descubrimiento: los sacrificios humanos les conferían todavía más poder.

Algunos alumnos, embelesados por la idea de que unirse con la Muerte era un honor para su familia, comenzaron a entregarse voluntariamente en estas horribles prácticas.

Otros, que no comulgaban con las ideas de los segadores, fueron amenazados y obligados a morir.

Y así estalló todo. Las clases se paralizaron, todos los alumnos regresaron a sus casas y Stonefell se convirtió en un campo de batalla durante tres largos años.

Una fortaleza de la que hoy solo quedan ruinas.

El estruendo de una puerta abriéndose me devuelve al presente y veo a varios segadores entrando al enorme vestíbulo.

Al escuchar sus pasos, me fijo en que el suelo está encharcado.

Me doy la vuelta para ver la cara de Gwendoline Malenfant, acompañada de su hijo Marlowe.

No hay ni rastro de su marido, por lo que deseo que esté muerto.

Hace unos años jamás habría pensado algo así, pero la guerra me ha cambiado.

Junto a ellos se sitúa un grupo de gente altiva y bien vestida, entre los que reconozco también a algunos alumnos del internado, de esos que hacían a la gente cambiar de asignaturas optativas si iban a coincidir en las clases.

La mujer se detiene en el centro del salón, justo delante de la serpiente, y levanta la cabeza hacia ella, guiándose por su oído. Ya sabía que la matriarca de la familia Malenfant había perdido la visión, pero no me había fijado en sus ojos blancos, que brillaban como perlas.

Essstosss ssson todosss losss que encontré en la casssa y essscondidosss en el internado. No hay másss sssupervivientesss. Los demásss habrán huido .

Siento un escalofrío deslizándose por mi espalda cuando la voz del basilisco se cuela en mi mente. Y, por la reacción de los rebeldes, ellos también la han oído. Miro a la serpiente gigante, cuyos ojos rojos parecen apagados pero igual de mortíferos.

—Está bien. Ya les daremos caza —responde la segadora.

Se ha recogido su escaso pelo rubio en una coleta tirante, lo que define todavía más sus pómulos. Bajo aquellos orbes lechosos, unas marcadas bolsas indican que ha pasado toda la noche en vela o llorando. Quizá ambas.

Detrás de los Malenfant están los Aurigae y los Myers, así como los representantes de otras grandes familias de segadores.

—¿Qué hacemos con ellos? —pregunta un hombre calvo que identifico como el padre de Alec Aurigae. Está sentado junto a Augustus Aurigae, el patriarca de su familia, un señor viejo y de pelo blanco.

—Son un problema, así que tendremos que matarlos a todos —sentencia Gwendoline.