2. HAZEL #2
Las piernas me empiezan a temblar solo de recordar ese momento.
Se mataron mutuamente, de hecho, pero Jack tardó un tiempo en desangrarse.
Fue una escena horrible. Ambos pelearon a muerte junto al puente.
Jack quería vengar la muerte de nuestros padres y utilizó magia demasiado avanzada.
Pero, aun así, la magia le respondió como si la hubiera domado durante años.
Pilló desprevenido a Magnus en uno de sus ataques y consiguió lanzarle una bola de fuego de la que no pudo escapar, pero justo después le impactó en el pecho un hechizo que lo desangraba poco a poco.
Magnus se convirtió en cenizas casi al instante.
Mientras tanto, mi hermano perdió la vida pese a que los que estábamos a su alrededor intentábamos cerrarle unas heridas que parecían hechas por la mismísima Muerte.
Trago saliva. Todos, en algún momento, hemos pensado qué pasaría después de la muerte de Magnus.
Pero jamás pensé en lo que yo haría después de la muerte de mi hermano.
No sé si los segadores aprovecharán estos días para velar a sus muertos, o si seguirán los pasos de su mentor hasta acabar con todos nosotros.
La mayoría de los rebeldes nos hemos quedado huérfanos.
La guerra se ha llevado por delante a familias enteras.
El resto ha huido al sur, y no sé si habrán encontrado un lugar a salvo o los habrán matado también por el camino.
—Me da miedo que nos pase lo mismo que a los padres de Hazel —confiesa Caleb.
Me sorprende que exprese sus temores en voz alta delante de su hermana. Nunca han tenido una relación tan cercana. Por lo menos hasta que empezó la guerra, cuando sus padres y sus hermanos murieron y solo quedaron ellos dos.
—¿Cómo los asesinaron exactamente? —pregunta Alice.
—Huyendo a Londres. Quisieron llevarse a Hazel, pero ella no quería separarse de Jack.
—¿Huyendo? —pregunta Alice en un tono más agudo de lo normal.
Siento que ardo por dentro, porque no quiero que mis padres parezcan unos cobardes. Ellos nunca quisieron abandonar la causa. Simplemente buscaban un lugar más seguro donde poder reunirnos y pensar en nuestros próximos movimientos. Y ahora... solo quedo yo
—Quiero decir, buscando donde esconderse los cuatro —aclara Caleb—.
Jack quería matar con sus propias manos a Magnus y Hazel se quedó con él.
.. Y el resto de la historia ya la conoces.
Nosotros podríamos hacer lo mismo, Alice, ahora que ha terminado todo.
Aquí ya no queda nada por lo que luchar.
Podríamos llevarnos a Hazel y a Serenity, buscar un pueblo tranquilo en los alrededores de Londres, empezar de cero. ..
Alice asiente en silencio. Después veo cómo levanta la cabeza, intentando encontrar las palabras para formular la pregunta que le lleva quemando en la punta de la lengua desde que Caleb ha mencionado mi nombre. La conozco demasiado bien como para no saberlo.
—¿Hazel y tú habéis vuelto a...?
—No.
Su respuesta es tan tajante como la realidad.
No ha vuelto a pasar nada entre Caleb y yo desde mucho antes de que empezara la guerra, y no creo que ahora sea el mejor momento para retomarlo.
En cuestión de tres años, todos hemos pasado de una vida normal a tener más familiares y amigos en el cementerio que entre nosotros.
Retomar la relación con mi antiguo novio es la última cosa que se me pasa por la cabeza ahora mismo.
—Me pareció que el otro día estabas abrazándola —continúa su hermana.
Suspiro. Sé perfectamente a qué momento se refiere.
Serenity y yo nos colamos en casa de los Ravenscroft para rescatar a Theo Hall, un alumno de sexto curso al que estaban torturando para sacar información de la ubicación de sus hermanos mayores y otros miembros de la resistencia.
No sé cómo lo hicimos, pero conseguimos salir de ahí con vida, aunque me marcó para siempre ver lo que le habían hecho a Theo.
El niño, que apenas había cumplido los doce años, había perdido un dedo y le faltaban todas las uñas de las manos.
—Sí, pero no significó nada romántico. Me enfadé con ella por colarse en la casa de los Ravenscroft.
—Lo que hicieron fue muy valiente —le corta Alice—. Si lo hubiera sabido, yo misma me habría unido al plan.
Pero Caleb niega con la cabeza.
—Precisamente por eso le dije a Hazel que no te dijera nada. Porque sabía que te lanzarías de cabeza a ir con ellas y...
—¿Y qué? —Alice levanta la voz.
Sonrío en la oscuridad de la planta de arriba. Siento su medidor de rabia rozando el límite, como un volcán a punto de derramar lava por sus laderas.
—¡Y no quiero que te pase nada! ¡Por si no te has dado cuenta, solo quedamos tú y yo en esta casa, los hemos perdido a todos y no quería que te marcharas a una misión suicida! —le aclara, por si no era lo suficientemente obvio.
Su hermana resopla, aunque puedo entender a Caleb. En esta casa antes vivían seis personas. Ahora solo quedan dos.
—Caleb, a veces se te olvida que soy tu hermana mayor .
—Me da igual.
—No puedes vivir continuamente con miedo —lo empieza a aleccionar. Caleb resopla, con pocas ganas de escuchar la charla que sabe que viene a continuación. Que si tiene que tener más confianza en sí mismo, que si no puede salvar a toda la humanidad...
—Ya basta, Alice. Déjalo.
—Y tampoco podrás proteger a Hazel para siempre. Aunque Magnus haya muerto, la guerra sigue, pero de otra manera. Y no se puede ganar una guerra con el corazón roto.
Caleb da un golpe en la mesa y unos platos vacíos tintinean.
—¡Deja de mencionarla! Solo somos amigos, Alice. Ya te lo he dicho. No me hagas enfadar, por favor.
—Porque ella quiso protegerte de ti mismo —insiste Alice—. Sabía que harías todo lo posible y más por ella para mantenerla con vida y alejarla de la guerra. Pero Hazel quería quedarse con su hermano, claro. Por eso no lo aguantabas.
Sus palabras me dejan helada. ¿Caleb tenía celos de Jack?
—Cállate, Alice, ¿quieres? —le responde, con la máxima severidad posible.
Creo que nunca le había oído hablar así a su hermana—.
Jamás me enfadó que Hazel apoyara las ideas radicales de Jack.
Durante estos años que no hemos estado juntos me he dedicado a ser su amigo, su hombro para llorar cuando lo ha necesitado, su apoyo en los momentos difíciles. ..
Pero Alice no parece convencida con esas explicaciones. Y yo tampoco. No por casualidad la amistad de Caleb y Jack se fue diluyendo a medida que crecían los rumores de que se acercaba una guerra entre rebeldes y segadores.
—Pero si, después de todo esto, Hazel te dijera de volver juntos, de intentarlo de nuevo... ¿Aceptarías? ¿Volverías a tener una relación con ella?
Mis músculos se tensan todavía más. Me acerco más a la escalera, sabiendo que en cualquier momento podrán verme, pero necesito saber la respuesta a esa pregunta.
Sin embargo, no llega. Cuando Caleb abre la boca para responder, su contestación queda ahogada por una explosión en la planta baja.
En un instante, el suelo de madera se empieza a desmoronar bajo mis pies y se derrumba, llenando la cocina de polvo y listones peligrosamente afilados.
Uno de ellos se clava en el omóplato de Caleb, que me mira con la cara desencajada.
Las luces titilan y, después, todo se vuelve oscuro.
Alice grita cuando un grupo de varias personas irrumpen en la casa.
No necesito mirarlos a la cara para saber quiénes son y qué quieren.
La mayor de los White ya se ha puesto de pie y trata de defenderse.
La cabeza me arde y el corazón me va tan rápido que casi puedo escucharlo.
Intento imitarla, pero es demasiado tarde.
Un calor húmedo me recorre la mejilla y no me doy cuenta de que es sangre hasta que me toco la ceja, que se ha llevado la peor parte del golpe.
Sangre. Es mucha sangre.
Siento pasos por encima de mí, directos al interior de la cocina. Me pisan, me golpean, hasta que uno de ellos se da cuenta de que estoy justo ahí. Intento defenderme, pero le basta un pequeño encantamiento de obnubilación para hacerme perder el conocimiento.