Maldito hechizo Capítulo 33
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Capítulo 33

T é para bendecir la unión de las familias:

flores de azahar, hojas de melisa dorada y un toque de miel de trébol.

Tomar alrededor de la mesa compartida cuando las verdades salgan a la luz y las risas unan a los corazones.

Tras pasar la mañana disfrutando de la calma reparadora del dormitorio y del peso dulce de las certezas compartidas, Tristan se acomodó en el borde de la cama mientras Hunter preparaba dos tazas de café en la cocina.

El científico, con el teléfono móvil en la mano y una serenidad que jamás creyó experimentar, supo que el siguiente paso para afianzar el rumbo de su nueva vida requería abrir el círculo.

Tristan acabó llamando a Liam e invitándole también a la reunión dominical, sabiendo de sobra que la presencia de su mejor amigo era del todo indispensable para completar aquella mesa.

Al otro lado de la línea, Liam aceptó la invitación de inmediato con su habitual tono burlón, intuyendo que algo grande se estaba cociendo tras la voz extremadamente feliz de Tristan.

Sin perder un segundo, Tristan buscó el contacto de su madre en la pantalla táctil y marcó.

Quería asegurarse de que la casa familiar de los Branok estuviera lista para recibir a los huéspedes adecuados, por lo que le pidió que hiciera lo mismo con los padres de Hunter, extendiendo una invitación formal para unir a ambos grupos en una gran comida compartida.

Su madre se rio encantada al otro lado de la línea, adivinando de inmediato el verdadero motivo detrás de aquella propuesta.

—Pero bueno, querido —dijo Lyra entre risas suaves, melodiosas y cargadas de una calidez que cruzó las ondas telefónicas—.

Ya me imaginaba yo que el té de la sabiduría del aquelarre que nos tomamos el lunes iba a dar sus frutos mucho más rápido de lo que cualquiera de nosotros se hubiera atrevido a pronosticar.

Me alegro tanto por ti, hijo mío. Cuenta con ello, llamaré a la madre de Hunter ahora mismo.

Mientras la conversación continuaba, se escuchaba de fondo a su tía intentando saber por qué su madre parecía tan feliz, haciendo un alboroto divertido casa mientras intentaba arrebatarle el teléfono para enterarse del cotilleo de primera mano.

—¿Qué pasa? ¿Qué te ha dicho Tristan? ¡Pon el altavoz que no me entero de nada y parece que te han dado la mejor noticia del año!

—rezongaba la tía al fondo con voz aguda, provocando que la madre de Tristan tuviera que alejarse de ella para poder continuar la llamada con un mínimo de relativa tranquilidad.

—Tranquila, tía, lo sabrás todo con detalle en la comida del domingo —murmuró Tristan muy divertido antes de despedirse y colgar, sintiendo cómo una placentera y reconfortante calidez le invadía el pecho.

El domingo al mediodía llegó y el gran comedor de la casa familiar lucía impecable.

Los amplios ventanales de madera abierta dejaban entrar una brisa marina suave que hacía oscilar las cortinas de lino, mientras la luz del sol hacía brillar la cristalería fina y la cubertería de plata reservada exclusivamente para las ocasiones de gran celebración.

El aroma a asado tradicional al romero, verduras salteadas, hierbas frescas recién cortadas del huerto y pan de hogaza recién horneado impregnaba cada rincón de la estancia, construyendo una atmósfera profundamente entrañable, mágica y hogareña.

La mesa estaba exageradamente llena de comida y jarras de agua de manantial con rodajas de limón y menta.

A un lado se sentaban los padres de Hunter junto a Liam; al otro, los padres de Tristan, su tía y su abuela.

En la cabecera, presidiendo la reunión con la vista fija en la concurrencia, se encontraban Tristan y Hunter.

Cuando todos los comensales estuvieron acomodados y los vasos estuvieron servidos, Tristan y Hunter cruzaron una mirada cómplice, intensa y llena de significado por encima de sus copas de vino.

Tristan tomó aire, sintiendo que el corazón le latía con fuerza, pero sin un solo rastro de miedo, y, buscando la mano de Hunter por debajo del mantel para entrelazar sus dedos con total firmeza, decidió tomar la palabra para dar el anuncio oficial.

Tristan no necesitó discursos elaborados; le bastó mirar a Hunter, apretar su mano sobre la mesa a la vista de todos y confirmar con una voz clara que lo que había comenzado como una amistad se había convertido en un amor firme, sincero y compartido.

Las reacciones no se hicieron esperar y surgieron en una explosión de alegría desbordante: la madre de Tristan se llevó las manos al pecho con una sonrisa radiante, mientras que los padres de Hunter alzaron sus copas para brindar entusiasmados, expresando con palabras efusivas el profundo cariño que ya sentían por Tristan desde hacía mucho tiempo y la satisfacción de ver a su hijo mayor tan feliz.

La abuela los miraba con una sonrisa feliz y su padre le guiñó el ojo, contento de que hubiese encontrado a su persona especial.

Sin embargo, entre los vítores y los aplausos entusiastas de las todos, Liam fingió estar enfadado porque Tristan no había tenido en cuenta su voto.

Su mejor amigo cruzó los brazos sobre el pecho, echo la cabeza hacia atrás y arrugó el entrecejo marcando una expresión de severidad absolutamente teatral que hizo sonreír de inmediato a toda la mesa.

—¿Se puede saber en qué momento se ha celebrado la asamblea oficial para aprobar a este candidato?

—protestó Liam dramáticamente, mirando a su hermano con los ojos entrecerrados—.

Me parece una falta de respeto institucional que ni siquiera hayas tenido en cuenta mi voto favorable o mi veto antes de hacer semejante anuncio.

—Imaginé que le aprobarías dado que es familia —bromeó Tristan.

Liam mantuvo el rictus serio durante dos segundos más, buscando sostener el pulso divertido, pero la enorme felicidad que sentía por ambos terminó por traicionarlo.

—De acuerdo. Tiene mi visto bueno —concedió aguantándose la risa, relajando la postura de golpe para servir un chorro de vino en su copa y alzarla hacia Hunter.

—No esperaba menos de ti, mejor amigo —respondió Tristan con un cariño transparente, apretando la mano de Hunter con aún más fuerza.

Fue en ese preciso instante de distensión cuando Liam dio un golpe seco, pero juguetón sobre la mesa para reclamar la atención de todos los presentes.

—Bueno, bueno, muy bonito todo, los violines suenan de maravilla y la emoción nos embarga a todos —intervino con un tono exageradamente dramático—.

Pero vayamos a lo verdaderamente urgente e importante.

Ahora que ellos ya están casados tenéis que centrar vuestra atención en ayudarme a conquistar a Hazel.

El comentario, pronunciado con una seriedad cómica e impecable, provocó que la mesa entera estallara en una oleada de carcajadas unánimes que hicieron retumbar las paredes del comedor.

La madre de Liam se cubrió el rostro riendo sin parar, mientras que la tía de Tristan le prometía desde el otro extremo de la mesa prepararle un té especial a primera hora del lunes para garantizar que la tal Hazel no pudiera resistirse a sus encantos.

—Gracias, tía Daysi. Eres la mejor.

La velada continuó extendiéndose durante horas entre brindis, tazas de café humeante y la certeza compartida de que los lazos que acababan de sellarse ese día durarían para siempre.

Tristan, recostado sobre el hombro de Hunter mientras escuchaba hablar y reír alegre a su familia, supo por fin que había encontrado su verdadero lugar en el mundo.