¡Maldito duque, busca esposa en otra parte! (Bellesmoke 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

L a noticia de la marcha de Nick y el resto de invitados cogió a la pareja de sorpresa, por ello cada minuto se lo dedicaban al otro, aunque fue un poco difícil, debido a que Diana quería tener a Aileen a su lado para que tuviera voz en los preparativos, de ahí que los mejores momentos volvieran a ser los que le proporcionaba la oscuridad, iluminada solo por las pequeñas llamas de las velas que Aileen colocaba en las mesitas de noche.

Eran momentos de sosiego, de una tranquilidad infinita al estar entre los brazos de Nick, esos instantes en los que cobraba más importancia el sentirse el uno al otro, donde sus corazones se unían en un solo latido y en los que las palabras susurradas adquirían una mayor veracidad, pues era lo que se habían callado a lo largo del día.

Así, esa última noche en el cuarto de Aileen, tumbados en la cama, abrazados con las piernas entrelazadas, él acariciándole el pelo, ella con la cabeza apoyada en su torso escuchando el fuerte palpitar de su corazón y agarrándolo lo más fuerte que podía, eran la viva imagen de quien no quería separarse de la persona amada.

Ninguno de los dos estaba preparado para lo que iba a acontecer a la mañana siguiente.

Pese a todo, los sentimientos que guardaban fluían entre sus cuerpos a través de las caricias, de los besos espontáneos que se regalaban sin la necesidad de utilizar las palabras.

« Cuando se ama de verdad a veces aquello que no se dice pasa al lenguaje del cuerpo, esos gestos que hablan por uno cuando las palabras fallan y esos son los que quedan grabados en el corazón».

Eso era lo que estaban experimentando Nick y Aileen, aunque durante unos segundos, él se mostró inquieto.

—¿Y si le digo a mi madre que me quedo? —inquirió de repente.

Ella metió la mano por su camisa y comenzó a juguetear con ese suave vello que le salpicaba el torso.

—No puedes. —Aileen quería ser realista.

—Sí puedo.

—No, y lo sabes. —Alzó la vista hacia él—. Tienes deberes y obligaciones que cumplir, que demandan que estés en Londres.

—Pero… —Se calló apretando los labios—, por algo soy duque.

—Nos veremos pronto. —Ella quería sosegarlo, aunque resultaba difícil.

Nick se incorporó y se sentó en la cama con la espalda apoyada en el cabecero. —Quiero pasar más tiempo contigo, no quiero que te conviertas en un recuerdo.

Aileen se puso de rodillas a su lado.

—No soy un recuerdo, Nick, ni tú tampoco; en cuestión de días nos veremos.

—Días interminables, dirás.

—Te llevo en mi corazón, eso es lo que importa.

—Lo sé.

—¿Entonces?

—Estoy acostumbrado a verte todos los días, desde por la mañana hasta la noche y ahora se nos obliga a acostumbrarnos a lo contrario y… —Chasqueó la lengua; ella no lo interrumpió para que continuase—… Aileen, mi corazón se desasosiega si no te veo, y con solo pensar en ello me cabreo con el mundo.

—Nos veremos siempre y cuando podamos. —Ella hablaba con el corazón en un puño, pues opinaba lo mismo—. Además, la estancia en Londres esta vez se prolongará más con los preparativos de la boda.

Él la miró con los ojos entrecerrados.

—Tampoco me consuela, te lo aseguro, es más, se acrecienta el vacío que siento al pensar que con cada movimiento de las agujas del reloj nos queda menos tiempo.

—No quiero que pienses así, porque a mí también me duele, pero quiero que este momento sea el mejor recuerdo que me dejas: tu olor impregnado en mi almohada. Acordarme cada noche de lo que sucedió entre estas cuatro paredes.

—Tu recuerdo será el alimento de mi corazón.

—En Londres, los momentos que estemos juntos, serán únicos e irrepetibles y los viviremos, todos ellos, como una primera vez.

—¿Nos llegará? —Él lo ponía en duda.

—La verdad, no lo sé, Nick, pero lo único que te puedo decir es que nos quedaremos con ganas del siguiente encuentro, y así sucesivamente.

—Si no me convence te aseguro que de inmediato se anunciará nuestro compromiso —advirtió él.

—¿Es una amenaza?

—Sí.

—Que sepas que me gusta, me gusta mucho. —Le sonrió con ternura.

Ella le dio un beso en los labios, luego, le lamió las comisuras, así hasta conseguir que él se rindiera, sin embargo al hacerlo, él tomó las riendas para convertir aquel acto de seducción en un beso más profundo.

Se besaron con todo el sentimiento de que fueron capaces para no olvidarse que se pertenecían el uno al otro.