¡Maldito duque, busca esposa en otra parte! (Bellesmoke 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

H abían pasado dos días desde la visita que Fred y Nicholas habían hecho al duque de Norfolk y a Blanche no le había pasado desapercibido como su hijo, ese que estaba tan interesado en Aileen Bellesmoke, llevaba días que no se acercaba a la muchacha: no le hablaba, ni le dedicaba una mirada… ¡La rehuía!

«¿Qué habrá pasado entre ellos?», no paraba de hacerse la misma pregunta cada vez que los veía compartir estancia, aunque cada uno en una punta.

Aquello no le gustaba un pelo, la actitud de su hijo no le estaba agradando, pues ese viaje tenía un motivo: que Nick se decidiera por Aileen como esposa y que surgiera un compromiso serio. Pero su hijo parecía no estar por la labor de llevar a cabo lo que ella pretendía.

«Si este zoquete no espabila, se la arrebatarán delante de sus narices», barruntó para sus adentros mientras tomaba un sorbo de su té de media mañana.

Estaba en el saloncito rosa; ya había estado allí alguna vez más.

Era una habitación amplia, muy acogedora, diáfana, ya que siempre le daba la luz del sol y por cuyos ventanales entraba la buena brisa veraniega.

Desde que había llegado, pasaba bastante tiempo allí con sus dos amigas, salvo en determinadas horas, debido a que el té de las cinco lo solían tomar en el jardín trasero.

Sin embargo, ese día estaba muy sumida en todo lo que estaba aconteciendo en torno a su hijo y a la joven Aileen.

—Blanche, querida. —Constance le puso una mano en el brazo.

La duquesa madre bajó la mirada a la mesita donde estaba el juego de té y chasqueó lengua para demostrar el malestar que estaba sintiendo con la actitud de su hijo. No se calló ante sus amigas.

—Estoy preocupada por lo que estoy viendo entre Nick y Aileen —reconoció sin ambages.

—Cierto —asintió Lilia—, no entiendo nada.

—El primer día se tiraban casi de los pelos y ahora, ni se miran. —Apreció Constance.

Que sus amigas estuvieran de acuerdo con ella le dio paso a que hablase claro.

—Si estamos aquí es para que se acerque a vuestra sobrina, sino, ¿para que bailó tres piezas con ella? —Negó con la cabeza—. Es que no entiendo a mi hijo.

—¿Será que Arthur dijo algo que los ha separado? —Lilia puso aquella opción sobre la mesa.

—No lo creo, está cómodo con sus amigos y con sus hermanas, él sabe de primera mano que el duque está aquí por Aileen —respondió Constance.

—Puede ser que Nick la haya ofendido, a veces su lengua es más larga que la de una cotorra —afirmó la duquesa, escondiendo la sonrisa en la taza de té.

—O es al contrario y nuestra sobrina fue la que soltó la lengua. —Constance interrumpió a Blanche—: Vosotros no la conocéis.

—Espanta a las moscas solo con abrir la boca. —Sonrió Lilia al pensar en su sobrina.

—Tenemos catorce días para que de aquí salga un compromiso serio, duradero y feliz, pero si Nick no reacciona, todo se irá al traste —expuso Blanche sus miedos y sus preocupaciones—. No me gustaría que terminase en brazos de una mujer que comparta ambiciones con su madre.

—No te preocupes, algo se nos ocurrirá. —La quiso sosegar Lilian.

—Quedan menos días, ya son los catorce íntegros que os quedaréis en Arundel —contó mentalmnete Constance con esa bofetada de realidad.

Las tres quedaron sumidas en un silencio, que las envolvió en un frío abrazo, al percatarse que sus planes no estaban saliendo según lo previsto y los temores de Blanche resultaron compartidos por todas, pues los comportamientos de los dos jóvenes habían cambiado sustancialmente de la noche a la mañana.

¿Qué se podía hacer? ¿Cómo se podían revertir los acontecimientos en el tiempo que quedaba? Debían espabilarse o no lograrían nada.

—Tenemos que conseguir que se lancen a los brazos del otro —habló en voz alta Constance tras un rato maquinando qué podían hacer: lo que estaba o no estaba en sus manos para una intervención inmediata.

—Eso es lo que me gustaría, porque sé que, para mi hijo, Aileen no es una mujer más —confirmó lo que ya sabían sus amigas.

—Creo que —Lilia se interrumpió a sí misma mientras en su mente daba forma a lo que se le había ocurrido. Su hermana y su amiga se la quedaron mirando con gran expectación—. La cuestión no es lanzarlos a los brazos del otro, los hechos radican en algo más profundo. Acercaos.

Asegurándose de que la puerta estaba bien cerrada con un vistazo rápido, Lilia, en voz baja y tono suave, les expuso el plan.

—Es verdad —exclamó Constance—, hay mucho más.

—Me gusta, Lilia —Blanche estaba menos preocupada, sus dos amigas valían su peso en oro—. Así lo haremos.

Constance se levantó y sacó una botella de un licor dulce que solo tomaban cuando todo iba bien o requerían de una recompensa. Sin embargo, ese día había que brindar por algo más grande.