¡Maldito duque, busca esposa en otra parte! (Bellesmoke 2) Capítulo 7
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Capítulo 7

—¡¡¡A RG!!! —gritó Aileen con la cara hundida en la almohada, a la que le daba de puñetazos por la terrible noticia que había recibido, y por la cual no pudo terminar la rica cena.

Notó que Arundel se había convertido en una prolongación de Londres con la futura llegada del duque, un hombre digno de ver que le había complicado la existencia—. ¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!

—Tranquila. —Diana, sentada en la cama de su hermana, le acariciaba la espalda.

Con esa petición, Aileen levantó la cabeza para fulminarla con la mirada.

—¿Sabes que al decirme eso me pones peor?

—¿Prefieres que te diga que te pongas como una loca y destruyas la casa? —sugirió Diana aguantándose la risa.

—No digas nada. —Volvió a soltar un grito antes de ponerse a caminar de un lado a otro, mientras la cabeza no paraba de darle vueltas. Se paró a los pies de la cama—. ¿Tú estabas al tanto de que iba a venir?

Diana negó con la cabeza.

—Es más, Fred no me dijo nada —aseguró Diana con firmeza—. Todo me cogió de sorpresa tanto como a ti.

—Lo mío no se puede considerar una sorpresa, más bien un susto.

—Volvió a caminar—. ¡Maldito duque, busque esposa en otra parte!

Se lo repetiré hasta que le estalle esa sesera suya llena de heno que tiene entre los hombros —soltó con los dientes apretados y sin respirar.

Con las mejillas encendidas en un color que aparentaba ser escarlata, y al estar medio despeinada, parecía que se había peleado con unas zarzas.

—Aileen, no te enfades.

—Ya lo estoy.

—No es muy halagüeño.

—Es lo que hay.

—Atiende, ¿puede ser que al duque le gustes? —Diana formuló la pregunta que se le había ocurrido, no en ese momento, sino durante el baile.

—¡¿Qué dices?!

—Es algo que se me ocurrió en la fiesta, porque lo que hizo ningún hombre lo hace.

—Normal, no tiene cabeza, piensa con los pies. —Agitó una mano en el aire—. Es mejor que lo encierren. —De pronto, chasqueó los dedos—. Ya lo entiendo.

—¿El qué?

Aileen se sentó al lado de su hermana, pero a los pocos segundos volvió a levantarse para caminar una vez más. La cabeza le funcionaba mejor si estaba en movimiento, pues las ideas se le afianzaban.

—Para, que me mareas —le dijo Diana siguiendo el ir y venir de Aileen.

—Estás sentada, no te preocupes. —Le restó importancia—. La otra noche te había comentado que el duque me dijo, así a la fresca, que un día me convertiría en su esposa. —No se pudo contener y echó la lengua para fuera en un gesto de asco.

—Sí, lo recuerdo.

—Ahí lo tienes; él sabía que iba a venir a Arundel.

—¿Tú crees? —Diana no estaba muy segura—. No es que quiera llevarte la contraria, pero, lo veo un poco raro.

—Diana, es un duque, esa gente tiene muchas obligaciones y no me entra en la cabeza que no lo supiera, es más, pudo haberlo tramado.

—¿Con quién?

—¿Te lo tengo que explicar todo? —Alzó los brazos al techo—. O bien lo habló con Arthur, o las tías lo acordaron con la duquesa madre. —Ella solo encontraba esas dos posibilidades.

—Puede ser.

—Es que debía estar al tanto de lo que suponía bailar tantas veces con una misma persona.

—¿Acaso tú no? —Aileen negó con la cabeza—. En su momento las tías nos lo explicaron: al bailar dos o más veces con una misma persona cuando no hay un compromiso puede considerarse un escándalo, lo que apuntaba Arthur, pero en vuestro caso lo que se espera es el anuncio de vuestro compromiso.

—No me acuerdo de todo.

—Lo que preveo es que lo vas a tener que aceptar.

—Te aseguro —alzó un puño—, que el duquecito se va a enterar.

—Aileen, no me gusta un pelo lo que dices.

—Estate atenta, Diana, estate atenta, porque afirmo que tu hermana no se casará con ese cretino papanatas.

Lo aseguró con tanta entereza y resistencia que sonaba como un sortilegio.