Maldita Magia (Magia 2) Capítulo 25
90%

Capítulo 25

«La cornalina roja, encendida bajo el calor de la tarde, despierta el fuego dormido en los sentidos; nos recuerda que el deseo compartido no precisa de ataduras ni sombras, sino del gozo pleno de entregarse al presente sin reservas».

Asphodelus Walsh , Propiedades y rituales de los cristales celtas .

E l trayecto de vuelta desde casa de los padres de Darragh hasta su piso transcurrió en un ambiente cargado de complicidad y buen humor. La confesión no solo había dejado a Deirdre eufórica y a Feargal satisfecho, sino que había barrido el último resto de aire enrarecido entre ellos.

Sean conducía con la mano izquierda en el volante mientras la derecha descansaba sobre la pierna de su novio, acariciando con pases lentos la tela del chándal prestado.

—Todavía no me creo que tu madre dijera que tenía la corazonada desde hacía meses —comentó con una sonrisa de lado, mirando el parabrisas—. Tu madre y la mía deben de tener un grupo secreto de mensajes para compartir información.

—Seguro que lo tienen —respondió Darragh, reclinando la cabeza en el asiento para mirar el perfil de Sean—. Y no me extrañaría que tu hermana también estuviera en el grupo.

—No pienso discutírtelo —rio Sean.

—¡Chico listo!

—Tan listo que voy a obligarte a cumplir tu parte del trato —dijo Sean, desviando un segundo la mirada para guiñarle un ojo—. Dijiste que prepararías una bolsa con ropa para pasar el resto del fin de semana en mi casa.

—No voy a echarme atrás —aseguró Darragh—. Llévame a mi piso para que me quite esta ropa, que me queda enorme, y me dé una ducha en condiciones. La tierra del jardín de mi padre se me ha metido hasta en los calcetines. Después, soy todo tuyo.

—Me parece justo —aceptó Sean, tomando el desvío hacia la calle de Darragh—. Pero te acompaño arriba. No me fío de que te entre la pereza y te quedes tirado en el sofá.

Aparcaron frente al edificio. Subieron las escaleras de dos en dos, riéndose entre susurros como dos adolescentes que se colaban a escondidas.

Darragh se quitó la sudadera de Sean y la dejó sobre el respaldo de una silla del salón, quedándose en la camiseta. Sean lo siguió de cerca, cerró la puerta con llave y se apoyó contra la madera.

—Voy a abrir el agua de la ducha y a sacar la bolsa para preparar la ropa —anunció Darragh, echando a andar hacia el pasillo.

—Voy contigo —dijo Sean con voz baja y pausada, acortando la distancia en tres pasos rápidos.

Antes de que pudiera protestar, Sean lo agarró suavemente por la cintura y lo pegó contra la pared del pasillo.

El contacto de sus cuerpos despertó de inmediato la chispa acumulada durante toda la mañana.

Sean lo besó usando la lengua para abrirse paso con una firmeza que hizo que Darragh soltara un leve gemido contra sus labios.

Las manos de Sean bajaron por su espalda, apretando la carne firme de su trasero a través del pantalón deportivo.

—Pensaba que tenías prisa por que nos fuéramos a tu casa —murmuró Darragh cuando la boca de Sean descendió hacia su cuello, mordisqueando la piel sensible bajo la oreja.

—Tengo prioridades —respondió Sean, agarrándole la mano para arrastrarlo directamente hacia el cuarto de baño.

El cuarto de baño de Darragh era estrecho y funcional, con azulejos claros y una cabina de ducha acristalada. Sean hizo girar el grifo, ajustando la temperatura del agua hasta que un vapor cálido empezó a empañar el cristal de la mampara y el espejo sobre el lavabo.

Sin romper la mirada, Sean agarró el borde de la camiseta de Darragh y se la sacó por la cabeza con un movimiento decidido, dejándola caer al suelo. Este respondió del mismo modo, dejando al descubierto su ancho pecho y los músculos tensos por la expectación.

Desnudarse por completo fue un proceso urgente pero lleno de caricias.

Darragh tiró del pantalón de Sean mientras este le bajaba el chándal y la ropa interior a lo largo de las piernas.

Cuando ambos quedaron completamente desnudos en el espacio reducido del baño, la excitación acumulada era tan evidente que las respiraciones de ambos se volvieron irregulares.

Sean abrió la mampara y arrastró a Darragh bajo el chorro de agua caliente.

El contraste del agua cayendo sobre sus hombros y la calidez del abrazo hizo que Darragh soltara un suspiro profundo, apoyando las manos en el pecho mojado de Sean, que cogió el gel de baño, repartió una dosis entre sus palmas y comenzó a enjabonarlo con movimientos firmes y circulares.

Las manos de Sean descendieron por la caja torácica, acariciaron el vientre plano de Darragh y se colaron entre sus muslos, rozando la base de su miembro ya rígido y palpitante.

Darragh echó la cabeza hacia atrás contra el azulejo, dejando que el agua le empapara el rostro mientras la presión de los dedos de Sean lo llevaba al límite.

—Sean... —jadeó, buscando a tientas sus hombros para sujetarse.

—Tranquilo —susurró en su oído, deslizando la mano entre sus nalgas para acariciar el centro de su deseo con la espuma suave del jabón, preparando su piel con una delicadeza precisa y erótica.

Darragh no aguantó más la tentación. Giró a Sean bajo la ducha, colocándolo de espaldas al chorro para ser él quien tomara el control.

Enjabonó los hombros anchos de Sean, descendió por los surcos de su espalda y rodeó la erección dura y altiva de Sean con la palma de la mano, aplicando una presión rítmica que arrancó un gruñido ronco del pecho de su compañero.

El deseo que los consumía era demasiado grande para el espacio estrecho de la ducha.

Entre besos húmedos y torpes, Sean cerró el grifo.

Cogieron la primera toalla que encontraron a mano, secándose a medias sin importarles dejar un rastro de gotas sobre el pasillo de madera mientras avanzaban a trompicones hacia el dormitorio principal.

Cayeron sobre la cama de su dormitorio en un desorden de miembros enredados. La luz del mediodía entraba suavizada por las cortinas, iluminando la piel húmeda de ambos. Sean se posicionó sobre Darragh, apoyando los codos a cada lado de su cabeza mientras lo contemplaba con los ojos brillantes.

—Estar contigo sin tener que disimular es lo mejor que me ha pasado en años —confesó Sean con la voz ronca.

—Pues no pienses en volver a disimular nunca —respondió Darragh, tirando del cuello de Sean para besarlo con pasión.

Darragh estiró la mano hacia la mesilla de noche, abrió el cajón superior y cogió un  preservativo y el bote de lubricante.

Los dejó sobre la cama, sin necesidad de decir nada más, y Sean no tardó en reaccionar.

Sin dejar de mirarle  rasgó el envoltorio de plástico con los dientes, sacó el látex transparente y lo colocó sobre la cabeza de su miembro erecto, desenrollándolo con destreza hacia la base hasta cubrir la longitud completa de su virilidad.

A continuación, aplicó una cantidad generosa de lubricante en sus dedos y en la superficie del preservativo.

Darragh abrió las piernas sobre el colchón, acogiendo la figura de Sean entre sus muslos.

Sean se inclinó, besándolo mientras introducía un dedo lubricado en su interior, dilatándolo con movimientos lentos y cuidadosos que hicieron que Darragh arqueara la espalda, gimiendo contra su boca.

—¿Otro?

Sean le vio asentir con vehemencia, por lo que se tomó su tiempo para dilatarlo, disfrutando de los gemidos de Darragh y cómo se empujaba sobre sus dedos.

—¿Estás listo? —preguntó, al tiempo que apoyaba la cabeza del miembro protegido contra la entrada tibia de Darragh.

—Sí, por favor —suplicó, clavando las uñas con fuerza en los brazos de Sean.

Lo sintió presionar hacia adelante con una lentitud calculada, permitiendo que la anatomía de Darragh se amoldara a su grosor.

La sensación de Sean abriéndose paso en su interior provocó una sacudida de placer tan intensa en Darragh que tuvo que cerrar los ojos y apretar los dientes.

Sean se detuvo unos segundos cuando llegó al fondo, dejando que se acostumbrara a la plenitud de la penetración.

Sean comenzó a moverse con impulsos rítmicos y profundos, ajustando la velocidad a las reacciones del cuerpo de Darragh.

Cada embestida generaba un sonido húmedo y caliente que resonaba en la quietud de la habitación.

Darragh envolvió la cintura de Sean con las piernas, impulsando sus caderas hacia arriba para ahondar el contacto en cada arremetida.

El placer se volvió abrumador. Las manos de ambos se entrelazaron sbre la almohada, manteniendo los dedos unidos mientras el ritmo de la penetración se aceleraba.

Darragh buscaba el rozamiento de su propio miembro contra el vientre tenso de Sean, sintiendo cómo el calor acumulado en su pelvis amenazaba con estallar en cualquier momento.

—Mírame, cariño —pidió Sean con el aliento entrecortado.

Darragh abrió los ojos, encontrándose con la mirada brillante y entregada de su novio. Ver la devoción en el rostro del hombre que lo volvía loco fue el detonante definitivo. Sean intensificó el compás final, alcanzando el punto preciso en el interior de Darragh con embestidas firmes y constantes.

Un gemido ronco y desgarrador brotó de la garganta de Darragh cuando el orgasmo lo alcanzó con la fuerza de una descarga eléctrica.

Los músculos de su canal interior se contrajeron intensamente alrededor del miembro protegido de Sean, mientras su propia virilidad liberaba su semilla en chorros cálidos que mancharon la piel de sus vientres unidos.

Al sentir las contracciones de Darragh y ver su rostro transformado por el éxtasis, Sean perdió el control.

Con tres embestidas desesperadas y un rugido profundo que retumbó en el dormitorio, alcanzó su propio clímax, vaciándose con fuerza dentro de la funda de látex mientras colapsaba sobre el pecho de su novio.

Permanecieron unidos durante varios minutos, sintiendo el latir desbocado de sus corazones asentándose poco a poco.

La respiración agitada de ambos fue dando paso a un silencio reparador.

Sean besó la sien sudorosa de su chico, deslizándose con cuidado hacia un lado para retirarse con limpieza.

Se encargó de anudar el preservativo usado y tirarlo a la papelera antes de regresar a la cama con un pañuelo húmedo para limpiar las huellas del placer compartido.

Cuando se deslizó de nuevo bajo la sábana, atrajo a Darragh contra su costado y los tapó a ambos. Darragh apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el ritmo constante de sus latidos, y entrelazó un pie con el suyo.

—Si este es el ritmo que vamos a llevar como pareja oficial, creo que voy a tener que pedir una baja por agotamiento en la biblioteca —bromeó, con la voz gastada pero llena de dicha.

Sean soltó una carcajada baja y le besó la coronilla con ternura.

—Te aguantas. Es lo que tiene haber esperado tanto tiempo para estar juntos.

Abrazados en la penumbra de la habitación, se dejaron llevar por un sueño reparador, sabiendo que el fin de semana apenas estaba empezando.