Maldita CAPÍTULO IX #2
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CAPÍTULO IX #2

La condujeron arriba, a una habitación pequeña. Erszébet se apoyó sobre una litera, sintiéndose en una tierra extranjera, al descubierto, sin armas. En sus ojos bellos brillaba el sino de la fatalidad.

* * *

El juicio comenzó el 2 de enero de 1611.

Veinticuatro jueces y el fiscal, Juraj Zádovský, el secretario de Thurzó, se dieron cita en Bytča, la sede principal del palatino.

La condesa estaba ausente, sus asistentes debían testificar voluntariamente, si no lo hacían, se recurriría a los peores tormentos.

Los verdugos estaban listos, primero amenazaban a los acusados, luego presentaban las herramientas.

Después se usaba el torno y continuaban con la bota española (88) o la trituradora de espinillas.

(89) Si no lograban el cometido, recurrían a la quemadura con velas, o antorchas, o con hierro candente.

Los jueces expusieron once preguntas para los acusados:

“¿Cuánto tiempo lleva al servicio de la dama y cómo llegó a su corte?”.

“¿Cuántas niñas y mujeres ha instado a asesinar desde entonces?”.

“¿Quién es y de dónde viene?”.

“¿Quién consiguió y atrajo mujeres y niñas a la corte?”.

“¿De qué manera y bajo qué torturas asesinó a estas pobres mujeres?”.

“¿Quién ayudó con los funerales?”.

“¿Dónde enterraron los cadáveres, quién enterró, qué hizo y cómo?”.

“¿También torturó y asesinó?”.

“¿En qué sitios se torturó y asesinó a mujeres desafortunadas, en Čachtice, Sárvár, Hostie, Beckov y otros?”.

“¿Quién fue testigo de semejantes aberraciones? ¿La señora sabía de todo esto?”.

“¿Cuándo comenzó a cometer estos actos?

Aguardaron a que respondieran voluntariamente, pero igual se los sometió a torturas.

Ficzkó confesó que había trabajado dieciséis años para la condesa Báthory, que había hecho matar unas treinta y siete niñas, que las había traído a la corte junto con Dorota Szentes, diciéndoles que serían sirvientas o tenderas, que la bruja Darvulia las torturaba con cordel vienés,

que las ataba por detrás hasta que adquirían el color de las polillas, que habían aprendido a torturar de Darvulia, que en Čachtice había otra mujer, Helena, apodada Kočiška, que también torturaba, y que la propia condesa las pinchaba con agujas, también las quemaba con la plancha,

les metía los dedos en la boca y se las estiraba hasta pasar los límites y, a veces, le presentaban cuatro o cinco niñas desnudas para que ella las mirara.

Cuando le preguntaron desde cuándo la condesa había empezado a cometer todo aquello, el sirviente respondió que, incluso, en vida del pobre caballero Nádasdy, que ella las torturaba pero no las mataba, que en el último tiempo se había vuelto más cruel,

y con el arribo de la bruja todo se había vuelto peor, que había rituales extraños, que bañaba a la señora con esa sangre.

Ilona Jo intentó demostrar que tenía la menor parte de culpa en los crímenes.

Afirmó ser la nodriza de los hijos de la condesa.

Dorkó afirmó que la nodriza la había llevado a trabajar para Báthory y que si no hubiera cumplido las órdenes, la habrían golpeado con un palo tan grande como la pata de la silla.

Tras escuchar a los testigos, el 7 de enero de 1611 el tribunal dictó sentencia.

La principal implicada no fue juzgada. Se dictaminó que Ilona, en primer lugar, y Dorota, en segundo, eran las principales ejecutoras de tan grave y sangriento crimen.

El verdugo les arrancó los dedos de las manos con tenazas al rojo vivo por haberlas empapado en sangre cristiana y luego fueron quemadas en la hoguera.

Ján Ficko, el deforme Ficzkó, por su corta edad y menor participación en los crímenes, fue decapitado.

Katarina Benická, la cuarta detenida, fue obligada a permanecer en prisión hasta que sus pecados fueran demostrados.

El palatino Thurzó condenó a Erzsébet Báthory a cadena perpetua por la muerte de trescientas jovencitas.

El 14 de enero el rey Matías II reaccionó a la condena, pidió un nuevo juicio y, en su lugar, una sentencia más severa.

Thurzó les informó a los yernos y al hijo que las cosas se estaban complicando, aunque ocultó la cifra verdadera: eran seiscientas cincuenta víctimas.

Zrínyi le respondió dándole su aval. Y le rogó que disuadiera al rey.

Matías II quería que fuera juzgada en Presburgo, porque quedaba registrada bajo su competencia.

Pero Thurzó, violando las leyes de la Alta Hungría, se negó.

Pavel, que ya había cumplido trece años, le escribió al palatino.

“El castigo de mi pobre madre es más terrible que la muerte”, apuntó.

La carta fue confiscada, quisieron protegerlo.

El Habsburgo intuyó que algo más se escondía en este caso. El 16 de enero de 1612 emitió otro documento por el que solicitaba la condena a muerte de Erzsébet Báthory y la entrega de los bienes a sus hijos.

86 Histórica ciudad balnearia en el noroeste de Hungría.

87 Ciudad ubicada en el condado de Zala, en el suroeste de Hungría.

88 Carcasa de hierro para la pierna y el pie. Cuñas de madera o hierro se martillaban entre la carcasa y la carne de la víctima.

89 Dispositivo similar que apretaba desde la pantorrilla hasta el talón, tachonada de púas, pinchos o protuberancias, hasta lograr la fractura de la tibia y el peroné.