CAPÍTULO I #2
—¡Conde Báthory! Entre que necesitamos hablar con usted.
Y escuchó la voz del emperador que lo reclamaba desde una de las habitaciones. Ya todos lo llamaban con el nombre de la familia de Erzsébet, práctica obligada por ser la poseedora de mayor linaje que el suyo, aunque todavía no lograba acostumbrarse. Se asomó, vio la sala colmada y entró.
—Buenas tardes, Excelencia. —Ferencz pisó con firmeza y miró en derredor, buscando entender los motivos de la llamada.
—Venga, acérquese, no tema.
Los presentes lanzaron una carcajada y Ferencz, de todos modos, no bajó la guardia.
—Estoy sucio, Excelencia, discúlpeme, vengo de cabalgar.
—No se excuse, amigo mío, está en perfectas condiciones para compartir este momento junto a nosotros.
Le señalaron un asiento y en dos zancadas se aprestó. La presencia del monarca no lo incomodaba, no así la junta de favoritos de turno, que aparecían y se esfumaban, dependiendo del ánimo del dueño de las coronas.
—¿Cómo se siente en la corte?
—Muy bien, Su Majestad.
Ferencz había fortalecido los lazos con la descendencia Habsburgo en sus años mozos en Viena, aunque, sobre todo, con el archiduque Matías, uno de los tantos hermanos de Rodolfo.
Como parte de la herencia de relaciones en la línea de sucesión, el flamante emperador lo colocó bajo su ala, decisión que había tomado solo, sin la tutela de su madre.
María de Austria desconfiaba de todo aquel que no luciera la cruz en el pecho, y el joven húngaro era luterano.
—Se ha desposado hace poco, bien podría traer a su esposa a la Corte de Viena. Será muy bien recibida.
El murmullo gutural de los presentes escaló hasta convertirse en un rugido de aprobación.
La voz había corrido, incluso fuera de los corredores del palacio, de que la joven esposa de Ferencz Nádasdy perturbaba a todo aquel que la contemplara gracias a la belleza que poseía.
Decían que despedía un halo de las mil y una formas de beldad, capaz de incendiar al más mentado, de arder a un muerto.
—No creo que esté en condiciones, Majestad. Se ha instalado, junto a mi madre, en nuestro castillo en Čachtice. (53)
En 1568, cuando el rey Maximiliano aún vivía, le había cedido la finca de Čachtice en depósito a Orsolya y a Ferencz.
La viuda de Nádasdy ya era propietaria de la finca vecina de Beckov y ese había sido un motivo más que relevante para que aceptara, con refriega de manos, una nueva propiedad.
Pero los Nádasdy no solo eran poseedores de esa tierra, también de las ciudades de Varbó (54) y Vel’ké Kolstol’any (55) y de los pueblos de Komárno, (56) Želovany y una infinidad más.
Eran los dueños de un vastísimo territorio.
Poco antes de morir y tras la entrega de Čachtice, Maximiliano le había ordenado a Ferencz que no se atreviera a perseguir a los súbditos del castillo y que instara a sus vasallos a hacer lo mismo.
El joven de diecinueve años había desobedecido la orden del rey y encarcelado, sin motivo, al magistrado y a otros funcionarios del poblado.
Había despotricado contra el monarca, sin importarle las consecuencias.
A los tres meses se celebró su boda, Maximiliano no se hizo presente.
—Pero quiero tu colaboración, Ferencz, que nos sirva para algo tu unión conyugal. ¿La dama con quien te has desposado no es sobrina de István Báthory, el voivoda de Transilvania y rey de Polonia, y no sé cuánto más?
Rodolfo se cruzó de brazos y se mantuvo a la espera.
El Báthory de Transilvania mantenía a raya a sus enemigos.
Tras una de sus últimas victorias territoriales, había hecho colgar del pescuezo a cinco nobles.
No contento con esas muertes, al mes y con aprobación parlamentaria había ejecutado a cuarenta y tres partidarios de su adversario de turno.
Nada fallaba en el reino de István. Su poder se fortalecía mes a mes.
Tales los hechos, el sultán Murad III había exigido un aumento en las arcas tributadas por Transilvania al Imperio otomano, de diez a quince mil florines.
—Así es, Majestad. Erzsébet es sangre de su sangre.
—Pues entonces has lo que te digo.
—Entonces, ¿qué podemos hacer?
—Me preocupan los turcos, Ferencz, y parecería que su tío se abraza con ellos.
—Nunca confíe en lo que ve, Majestad. Con los Báthory se debe estar en estado de vigilia constante.
—¿Y eso piensas de tu esposa?
Ferencz decidió que ya había hablado demasiado, pero las preguntas del rey horadaron su mente. Y encontró una respuesta rápida: no podía huir de la belleza.
45 Situada en el actual estado alemán de Baviera.
46 El santuario nacional de Polonia, en la ciudad de Cracovia.
47 República Checa en la actualidad.
48 Término del latín medieval que significa “mayordomo”, responsable del funcionamiento diario de la casa del rey.
49 Encargado de la distribución del pan y el cuidado de la ropa de mesa en el palacio.
50 Chaqueta ajustada, prenda masculina de la época.
51 Conde supremo, gobernador principal.
52 Localidades situadas al oeste de Hungría, cercanas a la frontera con Austria.
53 Una aldea de Nové Mesto Nad Váhom, situada entre la depresión danubiana y los pequeños Cárpatos, en el oeste de Eslovaquia.
54 Pueblo en el noreste de Hungría, cerca de la frontera con Eslovaquia.
55 Pueblo al oeste de Eslovaquia.
56 Situada en la ribera de los ríos Danubio y Váh, en el sur de Eslovaquia.