Capítulo treinta y seis #2
Yo reí y Cádin sopló, adelantándose.
—Creo que no quiero escuchar esto, por mucho que os quiera a las dos. Voy a ducharme y a dormir. Nos vemos en la cena.
Se inclinó y besó a Roa en la mejilla y después me dio otro beso a mí. Lo miré con sorpresa y él me guiñó un ojo, sus ojos plateados brillando. Cádin era una caja de sorpresas, una que quería proteger a toda costa.
—¿Entonces qué tal? —preguntó Roa una vez Cádin nos dejó a solas.
Reí, pero le expliqué lo que había sido para mí dejar entrar a Haize, soltar mis miedos poco a poco y permitirme disfrutar de él, no solo a nivel sexual, sino de su compañía e intimidad.
Roa se retiró a bañarse y a dormir en cuanto acabamos de hablar y en cuanto me quedé sola, esperando a Haize, decidí que era hora de ir a buscar a las otras personas que me habían ofrecido su amistad aunque no la hubiera sabido aceptar en su momento.
Encontré a Rahel y a Kiria en la sala de entrenamientos y sonreí. Ellos aún no me habían visto, pero me alegró verles .
Kiria se había cortado el pelo, que tenía ahora recogido en dos trenzas. Ambos estaban entrenando un grupo de soldados. Rahel armas de larga distancia y Kiria defensa mágica.
Me acerqué sigilosamente al grupo que entrenaba Kiria y cuando creó un escudo, lancé un ataque simple.
Le envié una ventada de aire fugaz, que rebotó contra su escudo.
Kiria se tensó de inmediato y su energía floreció, reforzando su defensa.
Se giró buscando el origen de aquel ataque que no había estado planeado con una mirada que indicaba que el responsable lo iba a pagar, pero cuando sus ojos oscuros se posaron en mí, se le suavizó la cara y eliminó su defensa.
—¡Lennia! —gritó y corrió hacia mí.
Reí y me dirigí hacia ella. Hacía apenas dos semanas que nos habíamos visto y no era tanto tiempo como para eso , pero no iba a ser yo quien lo puntualizara. Cuando llegó a mí, me arrolló, rodeando mis hombros con sus brazos para luego ponerlos en mi cintura y levantarme del suelo.
—Me alegro de que hayáis vuelto, esto estaba siendo muy aburrido solo con Rahel —dijo soltándome.
Antes de que pudiera responderle vi a Rahel acercarse a mí con una gran sonrisa en la cara.
—Vaya, mi ex convicta favorita —dijo bromeando—. ¿Cómo ha ido por El Norte?
Cuando llegó a mi lado pasó un brazo por mi hombro y me dio un beso en la sien. De verdad que todas las muestras excesivas de aprecio y contacto era algo nuevo para mí, pero estaba descubriendo que no me desagradaba.
—Todo bien. No hemos encontrado nada que reportar.
Me pidieron más detalles, pero mientras hablaba debieron de notar el cansancio en mí porque Kiria me puso las manos en los hombros y me frenó.
—Ves a ducharte y descansar, esta noche cenamos todos juntos y nos explicáis el viaje.
Asentí y comencé a andar en dirección a mi habitación cuando sentí la energía de Haize alrededor mío. Siempre me había resultado fácil leer energías, reconocerlas, y la de Haize era como si estuviera ligada a mí, la reconocía como mía propia. Antes de que me girara escuché la voz de Rahel.
—Vaya, el hijo pródigo.
Me giré en el momento en que ambos se abrazaban y luego Haize pasó a abrazar a Kiria, intercambiando bromas y conversación.
Me apoyé en el marco de la puerta, esperando a que acabaran de hablar cuando la vista de Haize se fijó en mí y sonrió.
Se despidió de Kiria y Rahel y se acercó a mí, con prisa, como si la distancia se le estuviera haciendo imposible de mantener.
Empecé a andar antes de que me alcanzara y no hablamos hasta que estuvimos en la puerta de mi apartamento.
—¿Quieres ducharte y descansar? —preguntó, parado a unos centímetros de mí, sin tocarme.
Asentí. Él asintió y dio un paso para atrás. Le frené cogiéndole de la muñeca.
—Contigo, Haize. Quiero ducharme y descansar contigo.
La sonrisa fue sincera, lobuna. Cogió mi mano y ambos entramos en mi apartamento. Mis labios estaban en los suyos antes de que la puerta se cerrara por completo, devorando, saboreando.
—Te he echado de menos —murmuró en cuanto hubo suficiente distancia entre nosotros para hablar—. Sé que hemos vuelto juntos pero Diosas, cómo te he echado de menos.
Sus labios volvieron a mí con más hambre, más fuerza, más pasión. Abandonó mis labios para darle atención a mi cuello, a mi hombro.
—Ducha —demandé quitándole la camiseta y quitándome la mía después.
—A tus órdenes, Lenn.
Y me volvió a besar. No dejó de hacerlo mientras nos perdíamos el uno en el otro debajo del agua caliente, mientras yo daba y él tomaba y mientras ambos encontrábamos nuestra liberación en brazos del otro.
Salimos de la ducha y Haize se ocupó de mí, secándome el cuerpo y el pelo con delicadeza. Una vez seca, me cogió y me sentó en el baño, arrodillándose ante mí y bañándome en crema y cuando acabó, me vistió antes de ocuparse de sí mismo.
—A dormir —dijo, dándome besos suaves en la mejilla y el cuello—.
Ambos necesitamos descansar. —Me levantó en volandas y me depositó en la cama antes de tumbarse a mi lado.
Fui a abrir la boca para protestar. Quería hablar, no dormir, pero me calló con un beso—.
Sé que quieres hablar, pero voy a seguir aquí cuando despertemos.
Así que sonreí en su cuello, me acerqué más a él y dejé que su calor y su aroma me envolviera mientras el sueño venía a reclamarme.