Maldecida por la tierra (Saggar 1) Capítulo treinta y seis
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Capítulo treinta y seis

LENNIA

A ntes de que me diera cuenta ya habíamos vuelto a Bore.

Cruzar la frontera fue como un golpe físico.

La pureza de la esencia y la energía que nos rodeaba cambió completamente.

Jamás me había dado cuenta que la esencia en Boreas era así de vacía, pero ahora que había vivido con la esencia de El Norte, todo era menos.

La única parte positiva de aquel golpe fue que dejé de sentir que algo en mí estaba mal, aunque no lo olvidé ni un solo segundo.

Nator no se había comunicado de nuevo con nosotros después de dar las órdenes, así que no sabíamos porqué se nos había llamado, pero volvimos lo más rápido posible.

A parte de frío y rápido, el camino fue silencioso. No tuve muchas oportunidades de hablar con Haize de nada y Roa y Cádin estuvieron particularmente callados.

Sabía que una de las cosas que les pesaba era el volver a marcharse de Ipar, volver a alejarse de la familia que habían hecho allí sin poder saber si seguirían seguros en su ausencia, pero había algo más.

No es que Haize hubiera cambiado conmigo, habíamos seguido entrenando en los pocos minutos que teníamos libres, se había preocupado por mí, había dormido conmigo todas las noches bajo la mirada divertida de Roa y Cádin y siempre que miraba alrededor estaba apenas a unos pasos de distancia, pero la falta de comentarios sobre nosotros me hacía estar alerta.

Insegura. Sabía que no se arrepentía, y por las Diosas, yo tampoco, pero la situación me empezaba a molestar.

Mi relación con Haize, Roa y Cádin siempre había sido fácil y de repente ya no lo parecía y no sabía qué pensaba cada uno de ellos, si el cambio se debía a lo que habíamos hecho, a que pensaban que iba a salir mal o a algo que era completamente nuevo.

Nada más llegar a Bore entramos directamente en el palacio, sin ni siquiera pasar por nuestros aposentos en la zona de guardias. Estar en el palacio era lo último que me apetecía en aquel momento —y en cualquier otro—, pero Nator nos había llamado.

Cuando nos encontramos en las puertas del palacio nos reconocieron inmediatamente y antes de que pudiéramos desmontar ya había varios mozos que venían a ocuparse de nuestros caballos.

Desmonté de Gia dándole unos golpes en el cuello y prometiéndole cosas dulces después y me coloqué al lado de Haize, que ya iba hacia el interior.

Cuando llegué a su lado me miró y me apretó la mano antes de soltarme.

—¿Puedo ayudarles? Oh, Haize. Nator os estaba esperando, por favor, seguidme —dijo una mujer.

La seguimos hasta una de las salas de reuniones en las que ya habíamos estado otras veces y nos dejó solos, anunciando que Nator se reuniría con nosotros en breves.

—No puedo más. Espero que no tengamos que salir directamente a ningún lado porque necesito un baño y descansar —dijo Roa dejándose caer en la silla.

—Seguro que hay tiempo para todo eso antes de que salgamos.

No ha habido incremento extra de guardias, la ciudad sigue igual, dudo que haya muchas novedades.

Será algo sobre el consejo o quizá alguna novedad que han encontrado en Bore, pero no hay un peligro inminente en la ciudad —contestó Haize pasando por detrás de mí para llegar a la silla que tenía a mi izquierda.

Justo antes de sentarse se inclinó, puso sus manos en mis hombros y me depositó un suave beso en la cabeza.

—¿Estás bien? —preguntó en un susurro. Una pregunta destinada solo a mí, aunque sabía que Cádin y Roa la habían escuchado perfectamente.

Incliné mi cabeza hacia arriba y le sonreí.

—Todo bien.

Quería hablar con él y sacarme del pecho todo lo que había sentido en el viaje de retorno, pero no era el momento ni el lugar. Haize no pareció muy seguro con mi respuesta pero antes de que pudiera contestarme se abrió la puerta y entraron Nator y Larán.

Sentí su energía antes de desviar mis ojos de Haize.

Larán volvía a ser él después de cómo había estado tras el ataque en Zéfiro.

No había quedado ni una marca en su rostro y suponía que su cuerpo había sanado igual de bien.

Los ojos de Larán se entrecerraron en las manos de Haize en mis hombros pero no dijo nada.

Se sentaron en las sillas que quedaban libres y Nator se aclaró la garganta.

—¿Todo bien por El Norte? —preguntó una vez estábamos todos sentados.

—No hemos detectado ningún no-muerto. Tampoco han sufrido ataques extraños ni visitantes sospechosos. Sigue todo lo bien que estaba cuando nos fuímos —respondió Haize.

—Bien. Me alegro —dijo Nator distraído—. Os he hecho venir porque tenemos noticias del consejo. Han aceptado la solicitud. Nos reuniremos todos en dos semanas, después de las festividades de Styri.

—¿Por qué se nos ha hecho venir tan rápido entonces? ¿Ha habido algún problema en otro lado? ¿Algún ataque o algún descubrimiento nuevo?

—No, en Boreas tampoco hemos detectado nada inusual.

Todos los soldados que salieron en la misma caravana que vosotros ya han regresado y todos los reportes son positivos, pero dado a que se ha aceptado la reunión del consejo se ha decretado un cierre de fronteras.

Nadie podrá salir de su región hasta pasada la reunión.

Sin excepción. Por eso necesitabais volver antes del cierre, que será efectivo en dos días.

Cuando Larán y Nator se levantaron, estuve tentada a pararles ahí mismo y preguntarles qué había en mí, pero no era el momento. No con Roa y Cádin presentes, no cuando apenas habíamos llegado y no cuando todos necesitábamos unos días para descansar después del viaje de vuelta.

—Haize, necesitamos hablar contigo a solas, será rápido —pidió Nator muy serio cuando íbamos a salir por la puerta.

Cádin y Roa le miraron y Haize asintió antes de que ellos salieran, pero yo no me moví de su lado. No me fiaba de Nator ni me fiaba de Larán y el instinto de proteger a Haize estaba creciendo en mí.

Para mi sorpresa, Haize me puso la mano en la mejilla y me sonrió.

—No te preocupes, Hierbazul, te alcanzo en cuanto salga de aquí.

Asentí. Sabía que Haize podía lidiar con ello solo. No era la primera vez que lo hacía, solo que ahora lo sentía diferente.

—Estará bien —dijo Roa una vez estuvimos fuera de la sala—. No te preocupes por él. Seguramente hablarán sobre los ejércitos o a saber qué. Sabes que te lo dirá en cuanto salga de allí.

—¿Se puede saber qué os pasa a vosotros?

Mis palabras les pillaron desprevenidos porque ambos se pararon y me miraron con el ceño fruncido.

—No, no me digáis que nada. Vale que nos conocemos hace poco tiempo, pero creía que podíamos llamarnos amigos.

¿La vuelta de Ipar? Ha sido más incómodo que mi primer viaje con vosotros.

¿Es porque Haize y yo nos hemos acostado?

¿Os preocupa? ¿Os molesta? Porque tú, Roa, jamás estás callada y no has hecho ni un comentario, ni una pregunta.

Y tú, Cádin… bueno, tú siempre estás callado pero tú y yo solíamos hablar y poco más y no me has dirigido la palabra.

Casi ni se la has dirigido a Haize. Creo que he contado diez palabras en todo el camino de vuelta.

Así que sí. Algo pasa. Y no me hagáis empezar con Haize porque con él lo hablaré después, así que vamos a empezar con vosotros.

Cuando acabé de hablar respiraba con más fuerza de la necesaria.

Había querido mantener la calma, pero no había podido ya que Cádin y Roa me importaban.

Se habían convertido en alguien importante para mí, así que necesitaba saber la verdad.

Necesitaba entender el cambio para poder adaptarme a lo que fuera que viniera.

Y para mi sorpresa, Roa se abalanzó sobre mí y me abrazó. Fuerte, sin soltarme.

—Perdona, Lennia. Pensábamos que lo necesitabas. Espacio, silencio, tiempo. Diosas si hubiera sabido que querías hablar de ello habría traído una lista de preguntas que sin duda quiero hacerte. —Me soltó y me miró a la cara—. No queríamos asustarte porque… bueno…

—Sabemos que tu cabeza va a mil y no sabíamos en qué estabas pensando —prosiguió Cádin cuando Roa se quedó callada—.

Sabemos que esto es un paso importante para tí.

Sabemos algo de tu relación anterior y lo que pasó, así que suponíamos que confiar en alguien a ese nivel de nuevo te iba a ser difícil y necesitabas procesarlo sin que nadie te atosigara —dijo lo último mirando directamente a Roa.

—¿Entonces todo está bien entre nosotros? ¿No estáis enfadados? ¿No estáis decepcionados?

—¿Decepcionados? —preguntó Cádin inclinando la cabeza hacia un lateral—.

¿Por qué íbamos a estar decepcionados porque le hayas dado una oportunidad a Haize?

Sea lo que sea que decidáis tener estamos contentos por vosotros.

Haize se merece esto. Y tú también mereces ser feliz con alguien a quien tú elijas.

Solté una risita nerviosa y respiré de verdad por primera vez desde que habíamos salido de Ipar.

—¿De verdad pensabas que estábamos enfadados contigo, Lenni?

—preguntó Roa con la voz suave y usando un diminutivo que jamás había usado conmigo.

Asentí—. Jamás nos vamos a enfadar porque hagas lo que deseas hacer.

Eres adulta. Haize es adulto. Y sinceramente, mucho habéis tardado.

—Rió—. Llevabais semanas tonteando. Normalmente solo ponía los ojos en blanco y pensaba comeos la boca ya , pero quién era yo para decir nada.

Me alegro por vosotros. Vayáis hacia donde vayáis ahora.

Y no te preocupes Lennia. Quieras seguir con él o no, somos amigas.

No te libras de mí. No ahora, no de aquí un mes y no cuando volvamos a Ipar. ¿Entendido?

Remarcó la pregunta final con un apretón de manos y reanudamos la marcha, mis pasos mucho más ligeros.

—Sé que Haize es alguien importante para vosotros y que os protegéis unos a otros y no sabía si veías esto como algo malo para él.

—Para nada —contestó Roa—. Él es feliz, nosotros somos felices. Luego vosotros ya decidiréis hacia donde queréis llegar. Pero bueno… Me has dado permiso para hacer preguntas libremente. Prepárate.