Maldecida por la tierra (Saggar 1) Capítulo treinta #2
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Capítulo treinta #2

—Sí —apretó la mandíbula—. Me ha preguntado si querrías estar con él o con los dos. Diosas, puede que aún te lo pregunte solo para cabrearme.

—¿Con los dos? —Todo lo demás que me había dicho había pasado a estar en segundo plano, esa frase había captado toda mi atención. Se me había olvidado incluso el enfado por que hablaran de mí a mis espaldas.

—¿Por qué todos nuestros días acaban igual?

¿Yo contándote algo sobre mis experiencias sexuales?

—dijo frustrado. Reí. Al ver que no respondía siguió hablando—.

Valrag trabajó conmigo en el ejército. A veces, con las emociones de las batallas, las cosas se ponen intensas y a nosotros no nos importaba compartir si alguien lo quería.

—Eres una caja de sorpresa. —Volví a reír dirigiéndome hacia el fuego—. Vamos, quizá Valrag tenga algo que contarme y de repente estoy muy interesada en escucharle.

Avancé un paso hacia delante pero el agarre de Haize en mi brazo me frenó, giré la cabeza, frunciendo el ceño. Levanté las cejas cuando vi que Haize no articulaba palabra.

—¿Pasa algo?

—Sobre lo que ha dicho Valrag… —Tragó saliva—. ¿Te molesta?

—¿El qué? ¿Que se sienta atraído por mí, que te haya preguntado a tí sí estoy libre para ver si tiene una posibilidad de acostarse conmigo o que hayáis tenido un pasado juntos?

Haize abrió la boca, pero la cerró sin decir una palabra. Aclaró la garganta.

—Todo, ahora que has hecho una lista.

—Lo único que me ha molestado es que hablarais sobre mi de forma privada estando yo delante.

Que se sienta atraído por mí no me importa.

—Miré a Valrag, que se había ido a sentar con otros hombres—.

Además es una persona objetivamente atractiva.

Y lo último —volví a fijar mi vista en él—, todos tenemos un pasado, Haize.

No me importa cual sea el tuyo. Bien por tí por aprovechar el tiempo.

Empecé a andar de nuevo hacia donde se había dirigido Valrag, queriendo acercarme al fuego. El sol ya había desaparecido y la temperatura había descendido drásticamente.

—¿Entonces Valrag es tú tipo? —preguntó Haize una vez me alcanzó.

—Creo que con ese cuerpo y esa cara es el tipo de cualquiera.

—Se alegrará de saberlo. —La voz fue cortante, seca. Un tono que rara vez le había escuchado utilizar.

—¿Te molesta? —pregunté genuinamente interesada. Aunque Haize era muy transparente y ya me había insinuado alguna vez que yo le interesaba, nunca habíamos hablado abiertamente sobre ello.

—No debería —dijo fijando su vista en Valrag—, pero lo hace. Obviamente puedes hacer lo que quieras y jamás me ante pondría, pero hay una parte de mi que está celoso, Lenn. —Suspiró, como si al soltar esas palabras hubiera desaparecido un peso enorme de sus hombros.

—Dile a esa parte de tí que no estoy interesada en acostarme con Valrag, Haize. Puedo ver cómo alguien es atractivo sin querer tirarme encima de él.

No nos dio tiempo a seguir hablando porque llegamos al corro donde estaban todos sentados. Había hombres y mujeres de diferentes edades. Los acentos se mezclaban con las risas en el aire.

—Os presento a Haize y Lennia. Son amigos míos y pasarán la noche aquí con nosotros, portaos bien con ellos, ¿entendido? —dijo Valrag.

En la hoguera todos levantaron su vaso y brindaron, dándonos la bienvenida y haciendo sitio para nosotros.

Haize se sentó entre Valrag y yo, y me reí.

Estaba celoso. No me lo había ocultado y a una parte de mí, le gustaba.

Nada más sentarnos apareció un hombre con dos boles y dos vasos y nos los entregó.

—Que aproveche —dijo—. Comedlo ahora mientras aún esté caliente, esta noche va a ser muy fría.

Cogí el bol y enseguida noté el calor invadiendo mis manos. No me había dado cuenta de lo frías que las tenía hasta que el calor me las despertó poco a poco.

—Entonces, cuéntame, H, ¿qué es lo que está pasando en Saggar? —preguntó Valrag. Haize dudó y me miró antes de responder.

—Prométeme que esto no va a salir de aquí, Valrag —le pidió muy serio.

El otro asintió y Haize rotó los hombros, suspirando—.

Debido a unas muertes extrañas en Boreas, hubo un llamado hace unas semanas para defender las fronteras.

Seguro que os llegó —Valrag asintió—. Ya sabes mi pasado con Bore, así que fui a ayudar.

Aunque considero que mi hogar está en Ipar aún hay mucha gente que me importa en Saggar y no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que necesitaban ayuda.

En una de las misiones nos dirigimos hacia Zéfiro y una vez allí encontramos pueblos totalmente arrasados. —Haize dejó de hablar.

—¿Están empezando una guerra interna? —cuestionó Valrag.

—Peor. Los habitantes seguían ahí pero estaban muertos —contestó Haize.

—Ya bueno H, eso suele pasar cuando se atacan pueblos. Armas, peleas, guerras y pum, muertes —dijo Valrag alzando una ceja, sin entender muy bien a qué se estaba refiriendo Haize.

—No me estoy explicando bien —suspiró Haize—, seguían allí, vivos. Haciendo su vida. Pero estaban muertos. No tenían esencia. Parecían normales hasta que se les iba la cabeza y comenzaban a atacar. Muchos de ellos incluso se suicidaron. Bueno, todo lo que puede suicidarse alguien que no tiene vida.

Valrag se congeló a medio movimiento, dejando su mano con la cuchara llena de comida a unos centímetros de su boca y alzó sus ojos hacia Haize, incrédulo. Al cabo de unos segundos retomó el movimiento, llevando la cuchara a la boca y tragando su comida.

—¿Qué quieres decir exactamente con qué estaban vivos pero muertos y no tenían esencia? —Dejó su bol en el suelo y posó una de sus manos en la frente de Haize—. ¿Tienes fiebre? ¿Te has golpeado la cabeza? Guiña dos veces si te están obligando a inventarte historias.

Haize chasqueó la lengua molesto y apartó la mano de Valrag de su frente.

—Quiero decir exactamente lo que has oído.

Por eso estamos aquí, quería asegurarme que algo así no había pasado aquí o no podía seguir tranquilo en Saggar.

Roa y Cádin están comprobando el otro extremo, queremos dejar controlado todo el terreno antes de volver a Saggar.

Incluso se ha llamado al consejo. Zéfiro no había dicho nada y no sabemos si está pasando en otros reinos.

—Que estúpidos son los reyes —dijo Valrag escupiendo en el suelo de nuevo—.

Venderían a toda su familia por demostrar que son algo que no son.

—Suspiró, recogiendo el bol de donde lo había dejado y empezando a comer de nuevo—.

Mantendré los dos ojos abiertos por aquí.

Si veo algo raro te lo haré llegar. Y que las diosas me perdonen por esto que voy hacer, pero si necesitas ayuda, cuenta conmigo.

Esto es más grande que mi odio por Saggar.

Los tres nos quedamos en silencio, escuchando las conversaciones de alrededor.

—Bueno, cambiemos a un tema mejor. Lennia, cuéntame, ¿cómo has acabado atrapada aquí en El Norte con este impresentable? —preguntó Valrag señalando a Haize.

—La verdad es que me ofrecí yo sola. Así de mal gusto tengo.

—Reí con él. La cara de indignación de Haize me hizo reír más fuerte—.

La verdad es que hablaron tan bien de El Norte que tenía que venir a verlo con mis propios ojos, además —dudé un poco antes de seguir hablando—, Haize se ha portado muy bien conmigo, me ha ayudado mucho, así que se lo debía.

—Ya veo, ya veo —dijo, rascándose la barbilla—. ¿Qué te está pareciendo El Norte? Si te gusta, siempre tenemos hueco para nuevos integrantes en la comitiva —dijo, guiñándome un ojo.

—Una vez encontremos que está pasando con Saggar y sea libre, me lo pensaré. Creo que aquí me lo podría pasar bien.

Valrag empezó a reír y le dio una palmada en el hombro a Haize. Fui consciente de que estaban hablando otra vez mente a mente porque de repente el labio de Haize se curvó.

—Vale. Eso es maleducado. Dejad de hablar en vuestras cabezas. Si queréis tiempo a solas porque os echáis de menos, me voy, pero si no, habláis en alto.

—¿Le has contado qué puedo hacer? —preguntó Valrag sorprendido

—Sí. No pienso mentirle a Lennia.

—Estás en problemas, H. En graves problemas —volvió a reír Valrag—. ¿Qué más te ha contado este?

—Que sois muy amigos y que os conocéis íntimamente. —Valrag volvió a reír y esta vez Haize se unió a él .

—¿Y tú quieres conocerme íntimamente? Estoy interesado si tu quieres —preguntó moviendo las cejas.

—Valrag —advirtió Haize antes de que pudiera responderle.

—Lennia, escucha mi consejo. No se lo pongas fácil. Aunque te ponga cara de cachorrito abandonado bajo la lluvia en el día más frío del año. Hazle sudar. Y sobretodo no te dejes engañar por esa cara bonita que tiene.

Reí de nuevo. Valrag me caía bien. Era fácil hablar con él y era divertido. Levanté mi vaso y él imitó mi movimiento, chocando su bebida con la mía.

—Salud. —Brindó Valrag—. Vamos, ya os han preparado una tienda para dormir. Esta noche el viento será horrible así que mejor que estemos todos resguardados antes de que empiece a soplar de verdad.

La tienda que nos habían preparado era más bien pequeña. Haize apenas cabía de rodillas sin tocar el techo, pero nada más entrar la temperatura subió varios grados. Ni él ni yo habíamos comentado el arreglo para dormir. La noche anterior ya habíamos compartido habitación y eso iba a ser lo mismo.

Una vez nos aseamos nos encontramos los dos dentro de la tienda, a oscuras y en silencio.

—No te he preguntado si te parece bien esto. Puedo dormir en otra parte si lo prefieres.

—Así que al final sí que quieres tiempo a solas con Valrag —bromeé.

Haize rió por lo bajo y me dio un golpe suave en el hombro, que me tambaleó ligeramente.

—No te preocupes, no tengo problema con dormir en la misma tienda, Haize.

Aunque compartiéramos tienda, nos habían puesto mantas y pieles suficientes como para dormir separados. Una vez ambos estábamos acurrucados con todas las capas posibles, me giré hacia Haize, que estaba tumbado con las manos detrás de la nuca, mirando al techo.

—¿Cómo os conocisteis tú y Valrag? —pregunté en voz baja.