Capítulo diecisiete
LENNIA
C ruzamos la frontera de Zéfiro a primera hora de la mañana e íbamos a llegar a Feri, el pueblo más cercano, en unas horas. Por lo que habían comentado, era un pueblo muy pequeño, apenas cinco calles con algunas granjas y campos alrededor.
—¿Cómo van las piernas? —pregunté a Cádin, qué en ese momento cabalgaba a mi lado.
—Bien. La crema que me has dado es una maravilla, ya no tengo heridas y aunque siguen molestando las rozaduras, el dolor se ha ido.
Zéfiro era el reino con mayor diversidad en su flora y los pantanos eran un lugar increíble para encontrar plantas medicinales. Había pasado todas las pausas del viaje recopilando y creando varias cremas que nos eran útiles, no solo la crema de citratus, sino calmantes y regenerantes también.
Le sonreí y él me devolvió la sonrisa. Mi relación con Cádin había ido avanzando lentamente, pero después de una semana viajando juntos, había mejorado mucho.
No sabía nada de él ni de su pasado más allá que venía de Ipar, pero mientras que al principio del viaje podía pasar el día entero sin decir ni una sola palabra —a parte de darle respuestas cortas a Haize—, ahora entablaba conversaciones con los demás por voluntad propia.
En general todo el grupo nos habíamos acostumbrado unos a otros y estaba cien por cien segura que todo había sido gracias a Kiria.
Kiria se pasaba los días practicando magia conmigo, enseñándome cosas nuevas y reforzando otras que ya me había enseñado.
Gracias a ella, tanto mi confianza como mis poderes iban en aumento, yo misma notaba como aumentaba mi esencia por días.
No había sabido que eso era posible, pero ella me había comparado la magia que teníamos con los músculos del cuerpo.
“ La magia es importante trabajarla, igual que el resto de músculos. Cuanto más trabajes y más te esfuerces, mejor será la respuesta que obtengas ”, me había dicho.
Y así seguíamos día tras día. Siempre que cabalgaba a mi lado me pedía que hiciera cosas. Un escudo, una barrera, proteger mi mente, llamar mis poderes u ocultarlos. No me gustaba decirlo en voz alta pero estaba orgullosa de todo lo que estaba consiguiendo gracias a ella
Con Haize también había mejorado la relación, pero era mucho más cautelosa con él.
No es que hubiera hecho nada malo, Haize estaba siendo el perfecto líder de escuadrón: no ordenaba nada de manera unilateral, siempre nos preguntaba la opinión de cualquier cosa que se planteara hacer y lo notaba vigilando que todos estuviéramos bien, tanto nosotros como nuestros caballos, pero había algo que me frenaba.
Aunque estuviera cómoda con ellos tres nunca olvidaba qué estábamos haciendo y de dónde venía yo. Estaba allí obligada. Estaba allí cumpliendo las órdenes de Nator. Estaba allí para ser libre.
Probablemente eso era lo que me mantenía vigilante con Haize. Había venido desde el Norte para defender Boreas, para trabajar bajo las órdenes de Nator. No sabía cuándo se había exiliado ni el por qué, pero era el anterior General.
—¿Estás bien? —La voz de Haize sonó suave por mi izquierda. Me tensé.
—Sí, ¿por qué lo dices?
—Tus ojos. Han empezado a brillar y tu esencia ha crecido —dijo señalando mis ojos para dar más énfasis a sus palabras—.
Parpadeé varias veces, intentando relajarme.
Cerré los ojos y me concentré en mi poder, haciéndolo retroceder.
Cuando abrí los ojos miré a Haize, quien me seguía observando—.
¿No me lo vas a decir entonces? —Negué con la cabeza y él rió—.
Cada vez se te da mejor. El control de tus poderes —añadió cuando lo miré confundida—.
Estás haciendo un buen trabajo, Lennia, la mejoría es notable. Yo estaría orgulloso.
Sin decir nada más adelantó a Seri mientras yo me quedaba mirando su espalda intentando evitar que la boca se me abriera.
Me había dado cuenta de que Haize era así.
Lo mismo lo había visto hacer con Cádin.
Siempre estaba atento a nuestros movimientos y reconocía nuestros avances.
Aunque no entrenara con nosotras siempre se aseguraba de reconocer lo que Kiria y yo hacíamos, dando consejos de vez en cuando.
—A estas horas no habrá mucha gente por el pueblo, todo el mundo estará trabajando —dijo Haize una vez entramos en Feri—.
No sé si serán muy receptivos a los visitantes, así que id con cuidado y no busquéis pelea.
Vamos a ver si encontramos algún sitio donde podamos asearnos y recopilar algo de información.
Guardad las armas, relajad los poderes y sed sutiles.
Vamos a entrar andando, la gente está más relajada cuando ve a los guardias andando en lugar de a caballo.
Conforme íbamos avanzando me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y una sensación punzante se quedó en mí. Sentía un nudo en el estómago y un cosquilleo en el cuello, como si alguien me estuviera observando constantemente. Me detuve y miré a mi alrededor pero no noté nada extraño.
—¿Lennia? —La voz de Kiria hizo que me pusiera en marcha de nuevo.
Le sonreí con una disculpa en mi cara y aceleré el paso para ponerme a su altura.
Una vez entramos en el pueblo no nos encontramos a nadie. Paseamos por sus calles hasta llegar a los campos donde vislumbramos a una familia trabajando. Los padres, un chico joven y una niña pequeña estaban recogiendo gotril, un cereal que crecía exclusivamente en Zéfiro y era muy valioso.
—¿No debería de estar en el colegio a estas horas? —pregunté a Kiria, observando a la niña, que no debería tener más de diez años.
—Sí, debería . Todos los niños menores de catorce años tienen que estar escolarizados o tener un tutor asignado por el reino.
Kiria nos hizo esperar y se acercó a la familia y volví a sentir la sensación de antes. Mis poderes subieron a la superficie sin que pudiera evitarlo. Cádin y Haize giraron la cabeza, mirándome con el ceño fruncido.
—Algo no está bien —dije antes de que pudieran preguntar nada—. Lo he sentido al llegar al pueblo y ahora otra vez con esa familia. No sé el qué, pero algo está mal.
La sensación de incomodidad iba creciendo en mi a cada segundo que pasaba y empecé a mirar a mi alrededor.
—¿Qué sientes? —preguntó Haize, cogiéndome el brazo suavemente, intentando calmarme.
—No lo sé. Como si nos observaran. Algo aquí está mal —insistí, cada vez más nerviosa.
Antes de que Haize pudiera abrir la boca, Kiria gritó.
La niña la había atacado con la hoz que estaba usando y se la había clavado en un costado.
Pasado el primer segundo todos reaccionamos y salimos corriendo hacia el campo.
Los padres y el chico mayor también empezaron a atacar a Kiria, que había creado un escudo a su alrededor, pero entre la herida y la rapidez con la que la atacaban, su escudo se estaba debilitando.
—¡No les hagáis daño! —gritó cuando vió que nos acercábamos.
Haize fue el primero en ayudar a Kiria, forjando un escudo de viento a su alrededor tan grueso que ni las guadañas ni la hoz podían atravesarlo.
Una vez el escudo protegió totalmente a Kiria, llamé a mis poderes, creé un cercado de fuego, sorprendida de que mis poderes me estuvieran respondiendo tan bien, y encerré a la familia en él, separándolos de Kiria e impidiendo que huyeran .
Cádin se arrodilló enseguida al costado de Kiria y le examinó la herida. No escuché lo que decían, demasiado concentrada en evitar que el fuego se extendiera y acabara con los cultivos.
Dentro del círculo la familia solo gritaba palabras irreconocibles, asemejándose más a los gritos de un animal que a los de una persona. Y entonces lo noté. No tenían esencia. No sentía nada en ellos. Las palmas de las manos me empezaron a sudar y el corazón me empezó a golpear fuerte en el pecho.
—No —susurré.
Haize se giró a mirarme confundido pero entonces miró a la familia y los ojos se le abrieron mucho.
—Mierda. ¿Son como los no-muertos que os encontrasteis?
Asentí, sin dejar de observar a la familia que seguía gritando.
—¿Qué hacemos? —pregunté
—Voy a dejarles inconscientes.
En menos de cinco minutos los cuatro integrantes estaban en el suelo.
—Traedme algo para atarles.
Como vi que Cádin seguía atendiendo a Kiria, corrí hacia los caballos, buscando en las sacas que llevábamos con nosotros algo que nos fuera de utilidad.
—Lennia. —Haize utilizó un tono tranquilizador—. Puedes apagar ya las llamas —me dijo suavemente, una vez le miré.
Me sonrojé un poco. Con toda la pelea no había pensado en ello y seguían ardiendo a nuestro alrededor.
Por suerte me había concentrado lo suficiente para que no se propagaran y seguían contenidas.
Me concentré en el fuego y lo extinguí. Las llamas obedecieron al segundo.
Un momento estaba todo rodeado de llamas y al siguiente solo quedaban las cenizas rodeándonos.
En ese momento volví a fijar la vista en Cádin y Kiria y fui hacia ellos.
Seguían en la misma posición que antes. Cádin tenía los ojos cerrados y sus manos estaban sobre la herida de Kiria que había palidecido dos tonos y una fina capa de sudor le cubría la cara.
Me arrodillé a su lado poco a poco, intentando no molestar a ninguno de los dos.
—Hey, Kiria.
—Lennia. —Su voz era apenas un susurro pero me apretó la mano con fuerza.
Miré a Cádin demasiado asustada como para preguntar nada realmente útil.
—Se pondrá bien. Por suerte no han tocado ningún órgano vital. Solo estoy cerrando las capas internas de la piel y no quiero apresurarme. Hace mucho que no hago esto y quiero hacerlo bien.
Asentí, devolviéndole el apretón de manos a Kiria. En ese momento Haize se puso al lado de Cádin y le apretó el hombro. Kiria levantó la vista.
—Ha sido muy raro —empezó a explicar de manera entrecortada—.
Estábamos hablando normal, estaba preguntando sobre el pueblo y sobre donde podíamos quedarnos o asearnos y me estaban contestando sin problema y de repente sus ojos se pusieron en blanco y la nena me atacó.
Segundos después empezaron a atacar los adultos.
No me dio tiempo a reaccionar antes de notar el corte.
—Kiria dejó salir aire poco a poco, intentando aliviar el dolor.
—Ya está. Tendrás que tomártelo con cuidado los siguientes días, pero no hay peligro de que te desangres —afirmó Cádin, levantándose con una capa de sudor en la frente .
Me levanté y le tendí la mano, ayudándola a levantarse. Kiria rotó su tronco y suspiró, aliviada.
—¿Qué hacemos con ellos? —preguntó a Haize, mirando a la familia, que seguía inconsciente en el suelo.
—Sé donde viven, me estaban ofreciendo su hogar antes de que me atacaran.
—Vamos a llevarlos allí y esperar a que despierten, a ver si quieren contarnos por qué te han atacado.
La casa era una construcción sencilla en una sola planta. Un comedor unido a la cocina que era igual de grande que mi habitación en los ejércitos de Boreas y tres habitaciones. En una de ellas dejamos a toda la familia junta.
—Nadie sale de esta casa solo. No sabemos qué ha pasado ahí afuera o si hay más cómo ellos. No os pongáis en peligro innecesario —pidió Haize muy seriamente—. En cuanto Kiria pueda aguantar un viaje a caballo saldremos de aquí. Voy a ver cómo está la familia.