Maldecida por la tierra (Saggar 1) Capítulo dieciséis #2
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Capítulo dieciséis #2

Tragué saliva y al fin abrí los ojos, clavándolos en Kiria, asombrado de mi respuesta.

Había sido la respuesta más sincera que había dado nunca a esa pregunta.

Volví a coger aire hasta que no pude más y de nuevo volví a soltarlo poco a poco, esperando a que siguiera hablando.

Pero no lo hizo. Simplemente apoyó su mano en mi hombro y apretó, ofreciéndome confort.

Kiria era fácil de leer, pero quizá era su manera de observar a la gente y crear una red de seguridad a su alrededor, conociendo que necesitaba cada ser. Y en ese momento me estaba dando una opción.

Y decidí aceptarla.

—Una de las cosas que más me ha costado de volver es saber que aquí existe gente que echa de menos a Laztan igual que yo.

—Sonreí tristemente—. Sé que hay gente que dice que las penas compartidas se pasan mejor, pero para mí no es así.

Cuando estoy en Ipar y nadie conoce a Laztan, no soy solo la persona que perdió a su hermano en batalla.

No soy el general que se exilió después de su muerte.

—Suspiré—. Allí soy alguien que simplemente echa de menos a su hermano, y me entienden.

Aquí veo gente que… —tragué saliva—. Verles es ver a Laztan, recordar su muerte.

—¿Es Rahel una de esas personas? —preguntó Kiria con voz muy suave, casi susurrando.

No sabía la relación de Kiria y Rahel. Tenía mis sospechas de que su relación era algo más que la de General y Capitana. Y esperaba que fuera así; Rahel se merecía tener a alguien a su lado y podía ver que Kiria era una compañía excepcional.

—Sí. —Tragué saliva—. No sé que sabes sobre Laztan y Rahel… —Dejé la frase inacabada. No quería hablar de más. La historia de mi hermano y del general les pertenecía, no a mí. No quería traicionar a mi hermano ni poner en un apuro a Rahel.

—Lo sé todo, creo. —Kiria me dirigió una pequeña sonrisa—.

Me ascendieron a Capitana unos años después de la batalla donde murió tu hermano.

Conocí a Rahel entonces y era un alma en pena.

Vivía enterrado en el ejército para evitar pensar en nada más.

Le costó mucho abrirse y contármelo, pero al final me habló de su relación y de cómo lo estaba pasando.

Poco a poco salió de allí y bueno, después de tantos años confiando el uno en el otro, nosotros…

—Me miró dubitativa, como si fuera a enfadarme si me confesaba lo que yo ya suponía, como si estuviera traicionando la memoria de mi hermano.

—¿Estáis juntos? —Asintió lentamente—. Sé que fue un golpe muy duro para él así que me alegro que te encontrara, Kiria. Laztan lo aprobaría. Él buscaba la felicidad de los que le rodeaban a toda costa.

—¿Y tú? —La miré confundido—. ¿Has encontrado a alguien?

Parpadeé varias veces sin apartar mi vista de ella. ¿Había encontrado a alguien? Tenía a Cádin y Roa y a la gente de Ipar, pero sabía a lo que se refería. Y no. Aunque tampoco lo había buscado. Intenté desviar la respuesta.

—Tengo a Cádin y a Roa. En Ipar casi todos somos familia. —Me encogí de hombros.

—A no ser que Cádin, Roa y tú estéis en un trío amoroso, de lo cual sería la fan número uno, sabes que mi pregunta no era esa.

—Lo sé —dije con una media sonrisa, viendo que no había podido desviar la pregunta. Pausé durante varios segundos y Kiria me miró alzando una ceja. Suspiré—. La respuesta fácil y corta es no.

—¿Sabes? Resulta que me encantan las respuestas que son difíciles y largas.

—No sé porqué era algo que me esperaba. —Puse los ojos en blanco, pero en mi cara había una sonrisa—. No quiero encontrar a alguien a ese nivel. Conozco gente, nos lo pasamos bien y ya. No quiero atar a nadie a mí, no quiero ser una preocupación extra para nadie. Estoy bien así como estoy.

—Vale, Haize. Lo entiendo —dijo levantándose—.

Todos nos engañamos de vez en cuando, así es más fácil.

Rahel me decía lo mismo al principio, que no necesitaba a nadie a su lado.

¿Y sabes qué? Era mentira. Se estaba protegiendo de volver a sufrir una pérdida, de volver a sentir dolor.

—Me miró dulcemente, como mirarías a un amigo al cual quieres ayudar—.

No dejes que el miedo te congele. No vivas tu vida a medias.

No tengas miedo de sentir. —Me dio un par de palmaditas en el hombro y se giró—. Hora de nuestro relevo.

Me dejó solo y se fue a despertar a Lennia y a Cádin para que se ocuparan de la siguiente guardia. Me levanté para acercarme al fuego e intentar ahuyentar el frío que ya estaba ganando terreno en el reino .

Cádin y Lennia me dedicaron un asentimiento con la cabeza que fue más un “buenas noches” que cualquier otra cosa y me tumbé pensando en la conversación que acababa de tener con Kiria y en los últimos años de mi vida.

Había estado con muchas personas. Había estado con hombres y mujeres, siempre siendo sincero sobre lo que esperábamos el uno del otro y siempre había funcionado.

A veces había cambiado el estado de nuestra relación y a veces, simplemente, habíamos decidido que no merecía la pena seguir, pero nunca me había complicado ni había querido nada más.

Estar acompañado, divertirme, dormir en una cama caliente.

Por supuesto las personas con las que había compartido mi tiempo —ya fuera una noche o varios meses—, me importaban, pero nunca había pensado en querer más.

Pero las palabras de Kiria se habían clavado en mí.

¿No lo había querido o me había negado a quererlo?

Me dormí varios minutos después sin encontrar ninguna respuesta a si este tipo de vida era todo lo que quería.