Capítulo quince #3
Teníamos tres días para llegar a la frontera y desde allí, mínimo, una semana para llegar a la capital.
Calculaba aún más días, dado que el propósito de la misión era reconocer el terreno e intentar encontrar alguna pista sobre los ataques y las desapariciones, lo que nos demandaba mucha más atención a nuestros alrededores.
Tanto los caballos como nosotros estábamos frescos y mi intención era que siguiéramos de esa manera —exceptuando el cansancio del camino—, nunca llegando a forzarnos más de la cuenta.
Mientras cabalgábamos, Lennia y Kiria seguían entrenando.
Notaba el poder de Kiria oscilar, desapareciendo de mi radar cada vez que lo enterraba.
En cambio, Lennia seguía sin conseguir hacer desaparecer su poder, lo que la frustraba cada vez más.
Tras la primera hora, Lennia no paraba de resoplar y notaba su esencia cada vez más en la superficie; se estaba enfadando consigo misma.
Cuando llevábamos dos horas, la frustración de Lennia era visible en todo lo que hacía.
Sus hombros estaban tensos, cogía las riendas con una fuerza innecesaria y casi no hablaba, pero cuando lo hacía, era con un comentario sarcástico.
A la tercera hora sin conseguir su propósito, Lennia explotó.
—¡Esto no sirve para nada! —exclamó mientras sus ojos empezaban a brillar con luz dorada.
—Mira, Lennia, esto lo estoy haciendo porque tú me lo has pedido. Si no lo considerara necesario, no llevaríamos más de tres horas con esto. Ahora bien, ¿no quieres hacerlo? No te voy a obligar, no soy tu niñera, ni tu profesora. Solo te estoy ayudando.
Kiria habló de manera seria pero sin enfado.
Sabía que Kiria enseñaba a varias mujeres del pueblo, que llevaba haciéndolo años, así que suponía que no era la primera vez que se encontraba con alguien frustrado después de que su esencia no hiciera lo que pedía.
Lennia volvió a resoplar, haciendo un esfuerzo para calmarse.
—Lo sé. Lo sé. Es solo que… —nos miró a mi y a Cádin, dudando de seguir hablando—, me siento inútil fallando. Sé que hay niños que empiezan a pausar su poder antes siquiera de entender las palabras de sus padres o tutores —continuó en voz baja.
Vergüenza . Eso es lo que sentía Lennia. Sentía vergüenza porque no le estaba saliendo y Cádin y yo estábamos presentes. Frené un poco a Seri, poniéndome a su lado. Hablé sin mirarla.
—Mi padre nos enseñó a ocultar los poderes cuando mi hermano y yo éramos pequeños.
Es más fácil entonces, no te sientas mal porque haya niños haciéndolo.
—Noté que me miraba atentamente, pero aún así seguí con la vista fija hacia el frente—.
Nos lo hizo visualizar como un cuento que abres en tu mente y cierras una vez tus poderes están en las páginas.
Aún así a Laztan, mi hermano pequeño, le costó bastante.
—Sonreí—. Se enfadó mucho consigo mismo, pero al final lo consiguió.
—La miré entonces—. No te avergüences si no te sale a la primera.
Hay gente que no lo consigue nunca, pero Lennia, tú eres tu poder.
Tú le controlas a él, no al revés. Concéntrate y podrás hacerlo, sé que podrás hacerlo.
Noté como Kiria me miraba intensamente, pero no dijo nada. Como Lennia tampoco habló, solo asentí y volví a adelantarme con Seri, dejándoles espacio de nuevo. A los minutos, noté como Cádin aceleraba a su caballo y se ponía a mi derecha.
—Has hablado de Laztan —comentó casualmente, la voz baja, como si así pudiera evitar que sus palabras me golpearan.
Giré mi cabeza de golpe hacia su dirección, frunciendo el ceño mientras analizaba mis palabras mentalmente.
Había hablado de Laztan con Lennia. Había compartido en voz alta, y sin que nadie me preguntara, una historia familiar y, por primera vez en mucho tiempo, no me había dolido el corazón al hacerlo .
Había sonreído al hablar de mi hermano. Parpadeé varias veces y enfoqué la vista en Cádin, que me seguía mirando con el rostro tranquilo, esperando mi reacción.
Me encogí de hombros sabiendo que respetaría mi decisión de mantenerme en silencio.
Aún necesitaba procesar lo que había ocurrido.
Ver a Lennia teniendo problemas en una situación en la que Laztan los tuvo, me había hecho recordar a mi familia.
De repente entendí porque Kiria me miraba tan intensamente antes.
Kiria no había coincidido con Laztan, pero Rahel sí.
Era probable que ella hubiera oído hablar de mi hermano a través del General.
La miré, pero vi que estaba totalmente concentrada en Lennia, quien había vuelto a trabajar para ocultar sus poderes.
Y entonces dejé de sentirla. Escuché el chillido agudo de Lennia antes de analizar lo que había pasado. Había conseguido ocultar sus poderes, ya no sentía su esencia cálida a mi alrededor. Fijé la vista en ella y vi que me estaba mirando, sonriéndome.
—Al final los cuentos funcionaron —dijo sonriendo.
Le devolví la sonrisa y le guiñé el ojo mientras Kiria le daba palmadas en el muslo desde su caballo, felicitándola por haber conseguido lo que se proponía.