Capítulo doce #3
Cuando estaba a meros metros del establo que Gia compartía con Gèvar y el semental negro, vi que había alguien dentro, moviéndose con seguridad entre los caballos.
Lentamente me fui acercando, buscando las partes más oscuras para mantenerme escondida.
Una vez estuve a pasos de distancia de la entrada del establo, identifiqué a Haize cepillando al semental negro.
Le estaba susurrando al oído y el caballo se veía relajado.
Tenía la cabeza baja, los ojos medio cerrados y el cuello ligeramente arqueado, parecía que estaba durmiendo.
—Lennia, sé que estás ahí. Todos lo sabemos —dijo Haize sobresaltándome. Me acerqué lentamente, apoyándome en la puerta del establo.
—¿Todos?
—Seri, Gévar, Gia y Yo. Te hemos notado venir —sonrió.
—¿Su nombre es Seri? ¿Es tuyo?
—Sí, es Seri. —El caballo sacudió la cabeza arriba y abajo al escuchar su nombre, como si estuviera asintiendo—. Y no sé eso acerca de ser mío, pero por suerte, ha decidido seguirme.
—Es precioso.
—Lo es —contestó con una sonrisa.
Haize siguió cepillando a Seri en silencio y yo empecé a hacer lo mismo con Gia.
—Gia no le hace caso, por eso. Está desesperado por su atención y ella le ignora siempre que puede —dijo Haize rompiendo el silencio cuando llevábamos ya un rato callados. Yo no le respondí. Me limité a acariciar el cuello de Gia.
—Esa es mi chica, no te dejes engañar por buenas plantas —dije, haciendo que Haize riera suavemente. Cuando acabó de cepillar a Seri, le colocó una manta para pasar la noche y recogió todos los utensilios que había utilizado.
—¿Siempre te ocupas tú de él? —pregunté cuando se iba a marchar.
—Siempre. Es lo mínimo que puedo hacer por él después de todo lo que hace él por mi. —Asentí con la cabeza y él me sonrió antes de marcharse.
—Buenas noches —le dije cuando estaba a unos pasos de distancia.
—Buenas noches, hierbazul —respondió de vuelta, con una sonrisa en la voz.
Le lancé el cepillo que estaba utilizando para cepillar a Gia sin pensarlo dos veces. No llegué a darle aunque la trayectoría del golpe era perfecta, una ráfaga de aire frenó el utensilio y me lo devolvió suavemente, depositándolo en mi mano. Siguió riéndose mientras se marchaba.
—Vamos Lennia, sé que puedes hacerlo mejor.
Después del desayuno fui a buscar a Kiria para preguntarle si quería seguir entrenando, a lo que se ofreció inmediatamente.
Empezamos la práctica donde lo dejamos el día anterior, yo creando escudos y Kiria atacándome.
Después del uso que le había dado a mi poder el día anterior, podía notar el cansancio en los músculos y los huesos.
La esencia formaba parte de nosotros y como cualquier otra habilidad, era necesario entrenarla.
Jamás había necesitado el uso de la magia a un nivel profesional, por lo tanto, el alcance de mi poder era mediocre si lo comparábamos con los soldados u otras personas que la utilizaban para ejercer su oficio.
Mi poder me pedía parar, pero no estaba dispuesta a hacerle caso. Quería poder decidir sobre él, así que seguí formando escudos mientras Kiria me atacaba.
—¿Así que esto es lo que estabáis haciendo? —preguntó Rahel entrando en la sala. Su voz me distrajo y mi escudo se debilitó, lo que causó que el proyectil de Kiria lo traspasara.
—Si te distraes, mueres, Lennia. No puedes dejar que nada se interponga entre tu atención y el poder que estás usando —me corrigió Kiria.
—Las batallas están llenas de distracciones y sorpresas. —Está vez fue Rahel el que habló—. Tienes que compartimentar el uso de tu atención para que una parte esté siempre, pase lo que pase, en el escudo —explicó mientras se acercaba al centro de la habitación, donde estaba Kiria .
—Pler te está buscando. Parece que han llegado noticias sobre Zéfiro y quiere discutir contigo el compartimento de las tropas. —Kiria asintió y me miró con una disculpa.
—Tendremos que dejar el entrenamiento para otro momento, tengo que ocuparme de esto.
—Sigue entrenando conmigo —cortó Rahel antes de que pudiera decirle a Kiria que no pasaba nada—. A no ser que prefieras descansar.
Rahel me miraba con una sonrisa pícara, sabía que me estaba retando a quedarme, a demostrarle que era capaz de entrenar con él. Así que eso hice. Levanté mi escudo de nuevo.
—¿Desde cuándo entrenáis Kiria y tú? —preguntó poniéndose en posición defensiva, formando hilos de sombra a su alrededor.
—Desde ayer. ¿No lo sabías?
Rahel negó con la cabeza y me atacó sin avisar. El ataque me pilló por sorpresa y resquebrajó mi escudo, las sombras se colaron por la rendija y noté como me recorrían el cuello.
—Muerta —dijo, serio—. Otra vez.
Asentí y volví a poner el escudo en su lugar, cada vez me era más difícil poder concentrarme y alzar las protecciones, pero no me quejé ni una vez.
—¿Por qué estáis entrenando?
—Quiero ganar control sobre mi poder.
Rahel me atacó mientras hablaba otra vez y me di cuenta de lo que estaba haciendo: distraerme para ver si mis defensas caían.
—No volveré a dejar caer la defensa —dije sonriendo.
—Ya veremos —contestó con una sonrisa de suficiencia en la cara—. ¿Por qué justo ahora? ¿Te asustaste en la pelea que tuvimos?
—No. —Atacó más fuerte—. Pero no me gustó no tener total control de lo que pasó. Y menos después de ver como os defendisteis vosotros.
También estaba la razón por la cual fui a buscar a Kiria. Que nadie volviera a menospreciarme ni a excluirme, pero esa razón me la guardé para mí.
—Me parece muy inteligente por tu parte. —No dejó de atacar mientras hablaba—. ¿Qué habéis entrenado?
—Es nuestro segundo entrenamiento, esto mismo estuvimos haciendo ayer.
—Atácame mientras mantienes el escudo. Normalmente no mezclaría las dos cosas pero creo que no tenemos tiempo. Nator nos llamará en los próximos días, para salir de Boreas, así que tenemos prisa.
Dudé durante unos segundos en los que Rahel no dejó de atacar, hasta que finalmente ataqué.
La tierra siempre era la esencia que notaba más a la superficie, pero entrenando en interior no quería arriesgarme a llamarla, así que seguí utilizando aire. Mientras me aseguraba que el escudo no tuviera puntos débiles, ataqué.
—Muy bien, Lennia, sigue así. Intenta romper mi escudo.
Seguí atacando, enviando ráfaga tras ráfaga mientras mantenía el escudo, ya que Rahel seguía atacándome de vez en cuando, asegurándose de que no lo soltaba. Después de unos diez minutos atacando sin descansar mi esencia falló.
El siguiente golpe de Rahel rompió mi escudo y no pude rehacerlo ni seguir atacando. La piel y músculos me ardían y me temblaban las piernas.
—¿Cuánto tiempo llevabais entrenando? —preguntó Rahel con un deje de preocupación en su voz.
—Una o dos horas.
Estaba intentando controlar el temblor de mis piernas para no caerme al suelo cuando Rahel se acercó y colocó mi brazo en su hombro, ayudándome a mantenerme en pie.
—¿Y ayer estuvisteis horas también?
Asentí con la cabeza, casi sin fuerzas para hablar.
—No sé quién es más estúpida, tú o Kiria. ¿Cómo no te has quejado de que estabas llegando al límite? —La voz de Rahel tenía un tono de reproche, pero sobre todo sonaba preocupado.
—¿Estoy en mi límite?
Nunca había llegado a usar tanto poder seguido ni le había prestado tanta dedicación a lo que hacía, pero me avergonzaba que después de estarlo usando menos de veinticuatro horas ya estuviera en mi límite.
—No es que estés en tu límite, es que tu cuerpo interpreta que lo estás. La energía invertida en los primeros entrenamientos de combate siempre es mayor ya que estáis forzando la energía a actuar, no os sale natural. —Negó con la cabeza—. No te sobreesfuerces, Lennia.
—Quiero dominar mi poder. Necesito dominarlo. Tú mismo lo has dicho. No sé cuándo tendremos que volver a salir y quiero estar lista.
Sin darme opción a objetar empezó a andar hacia la salida llevando gran parte de mi peso. Rahel me llevó hasta mi apartamento, obligándome a descansar. Incluso me amenazó con usar su rango como General para que le hiciera caso. Una vez dentro, me senté en la cama.
—Ahora mismo vuelvo.
Salió antes de que pudiera abrir la boca y aproveché para quitarme la ropa que había usado para entrenar y ponerme algo más cómodo. Estaba tumbandome en la cama cuando Rahel volvió con una bandeja en la que había una selección de frutas y frutos secos y una taza humeante.
—Esto te ayudará a recuperarte antes. Por suerte no estás en tu límite real o la comida no ayudaría.
El té es especial para recuperar fuerza y esencia.
Está un poco amargo, pero creéme, es mágico.
—Guiñó un ojo—. No quiero verte fuera de tu habitación antes de la cena.
Y se acabó el entrenamiento hasta nuevo aviso.
—Le miré frunciendo el ceño—. No me mires así, es por tu bien.
Se acercó a mí y me dio un par de golpecitos cariñosos en el hombro antes de irse sin decir nada más.
Cuando me encontré sola me acerqué a la mesa y me terminé la bandeja más rápido de lo que me gustaría admitir. Me tumbé en la cama después de comer y entre el cansancio extremo, el estómago lleno y el efecto del té, me dormí sin darme cuenta .
Me desperté horas después con un mensaje del rey en mi cabeza.
Aunque sabía que Nator tenía telepatía, nunca la había usado conmigo y, escucharlo en mi cabeza, me sobresaltó, pero el mensaje fue rápido y conciso; nos reuniríamos en dos días para discutir nuestro siguiente destino.