Maldecida por la tierra (Saggar 1) Capítulo cinco #2
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Capítulo cinco #2

Señalé con mi barbilla hacia la puerta de su casa abierta y ambas fuimos para allí.

Una vez dentro me golpearon los recuerdos.

En el salón solo pude ver a Rhita muchos años más joven riendo conmigo cuando descubría algún poder nuevo, Rhita riñéndome cuando con ese mismo poder rompía alguna cosa, ella enseñándome cómo cocinar, cómo plantar, cómo limpiar.

Rhita leyéndome libros de historia y de ficción.

Rhita enseñándome a defenderme de las injusticias, a nunca quedarme callada.

Le debía tanto a esa mujer y yo la había acusado de haberme abandonado. Me giré y me arrodillé delante de ella.

—Perdóname, Rhita. Estaba tan consumida por mi propio dolor que no recordé que había gente que no me había traicionado.

—Niña tonta… —Me acunó la cara con las manos, limpiándome las lágrimas—.

Jamás, jamás te hubiera echado en cara que no volvieras a visitarme si salías de prisión.

Larán me contó que pasó, cómo te emboscaron.

No quería contármelo pero se lo sonsaqué.

No te preocupes por mí, mi niña, solo estoy feliz de volver a verte.

Ahora, siéntate y cuéntame cómo has salido y qué haces aquí mientras preparo alguna cosa para cenar.

Me levanté y fui a esperarla al salón. El salón era la sala con más espacio de toda la estancia, pero eso no hacía que fuera grande.

Rhita perdió a su marido muy joven y desde entonces no había vuelto a formar una familia hasta que decidió adoptarme muchos años después, así que nunca necesitó ni quiso más espacio.

El salón estaba pintado de verde claro y cabía lo justo.

Una pequeña mesa cuadrada con dos sillas, un sofá biplaza, una pequeña cajonera y un mueble con una máquina de coser donde Rhita pasaba su poco tiempo libre.

Me senté en el sofá justo cuando ella aparecía con dos boles de sopa.

Sonreí recordando esa misma escena años atrás y, cuando se sentó a mi lado y volvió a preguntarme, le expliqué todo mientras cenábamos.

Por qué me habían encerrado, cómo había pasado todos estos años en prisión y los eventos de las últimas cuarenta y ocho horas.

—Larán siempre fue un estúpido. —Negó con la cabeza, enfadada—. Chico tonto, estúpido. Siempre habías sido demasiado buena para él. Te cegó su guapura. ¿Y ahora vas a luchar por ellos? —preguntó Rhita.

—No. Voy a luchar por proteger a la gente y a la tierra de lo que sea que está pasando.

Creo que ya es suficiente sangre derramada y si ellos creen que puedo ayudar, algo podré hacer.

Pero no lo hago por ellos, lo hago porque siento que tengo que hacerlo, porque hay algo que me dice que tengo que hacerlo.

—Ten cuidado mi niña, no confío en ellos. Ni en Larán ni en los reyes. No quiero que te vuelvan a hacer daño, y estarás sola con ellos. Si fuera más joven me iba contigo a luchar, no te dejaría sola, pero con este cuerpo ya no soy buena para nada —contestó enfadada consigo misma.

—No me voy a dejar engañar otra vez; ni por ellos ni por nadie y aunque pudieras venir, preferiría que te quedaras aquí.

—Lo sé. —Me puso la mano en la mejilla—.

Pero no solo me preocupa que puedas o no.

No quiero que te cierres en banda, que acabes como yo, sola, hasta que una niña decidió vivir conmigo.

Sé que no me lo vas a decir, pero noto el dolor que tienes en ti, la rabia que guardas dentro.

Y es normal, pero mi niña, no todo el mundo es así.

Prométeme que no te vas a aislar por lo que te hicieron.

Sé que te costó mucho abrirte a gente nueva después de que llegaras a mí, pero mira qué bien nos fue a ti y a mí.

—Sonrió de manera cálida—. Hay gente buena en este mundo, Lennia, la hay.

Prométeme que dejarás que esa gente entre en tu vida, que no te vas a aislar.

—Te prometo que lo intentaré.

—Está bien. —Asintió sin estar muy convencida de mis palabras—.

Ahora cuéntame cómo planeas ayudar al reino cuando no sabes nada de luchar, ni de guerras.

Eres fuerte, más fuerte de lo que tú crees y de lo que ellos creen saber, y eres muy inteligente, pero no una guerrera.

Y no te lo digo a malas, Lennia. En los mundos violentos en los que vivimos es un honor no ceder a la guerra.

—Lo sé, pero he atendido a suficientes reuniones con Larán como para entender un poco cómo funciona la mente de la gente que sí.

Durante muchos años participé en ello. Además, no iré sola.

Vendrán soldados, Larán —Rhita hizo una mueca— y los consejeros.

Gracias por preocuparte por mí, pero es lo que debo hacer.

Por vosotros. No puedo dejar que las pérdidas lleguen hasta Bore.

Después de eso, la conversación giró en torno a Rhita y lo que había hecho en ese tiempo; cada vez que el cuerpo le dejaba, seguía trabajando en su campo, con sus animales.

Se quejó de que su cuerpo y su magia cada vez la acompañaban menos, pero su cabeza seguía igual de poderosa.

Reímos, recordamos y bebimos juntas, como antaño.

Cuando noté que Rhita estaba más dormida que despierta, me levanté del sofá.

—Gracias, Rhita, por todo. Por acogerme, por criarme, por ser mi madre.

Rhita se quedó callada unos segundos, vi como tragaba saliva y respiró hondo mientras negaba con la cabeza.

—Gracias a ti por permitirme ese honor, Lennia. Vive, vive una larga vida por mí y por la gente que te quiere. Recuérdalo. Hay gente que te quiere por aquí, gente que te ha visto crecer, no dejes que te hagan creer lo contrario. Y también llegará nueva gente que te quiera. No te cierres a ello.

Con un nudo en la garganta, asentí y me dirigí a la puerta.

—Si no nos volvemos a ver —dijo Rhita—, recuerda que siempre te quise. Desde el primer día que pediste trabajo en el campo, hasta hoy. No te sientas culpable por nada de lo que decidas en un futuro, sigue tu camino, tu instinto y tu corazón, Lennia. Siempre han sido buenos.