CAPÍTULO OCHENTA Y SEIS. CORBAN #4
Gar frunció el ceño, hizo rotar los hombros y miró con el rabillo del ojo a Corban.
—Vete —dijo moviendo los labios en silencio.
Sumur sonrió al ver cerca su victoria.
Gar comenzó a retroceder lentamente hacia la puerta del salón de banquetes y lejos de Corban, pero no había dado ni cinco pasos cuando Sumur se lanzó hacia él.
Se produjo otro estallido de golpes brutales, pero Gar continuó retrocediendo, concentrando todos sus esfuerzos en repeler los golpes, sin la menor intención de atacar. El sudor brillaba en su frente mientras se defendía de las brutales arremetidas de Sumur, que ya saboreaba el triunfo.
Pero entonces un tumulto de capas rojas y grises irrumpió por la puerta principal del salón de banquetes y separó sin pretenderlo a Gar y a Sumur al chocar con ellos.
—¡Gar! —bramó Gwenith—. ¡Ahora! ¡Ven!
Corban gritó con su madre a pesar de que habían perdido de vista tanto a Gar como a Sumur.
Tal vez el jefe de cuadras los oyera, o tal vez ellos no hubieran tenido nada que ver con su decisión, pero cuando los hombres que rodeaban a Corban se preparaban para volver a combatir, Gar apareció ante ellos.
—¡Hay que irse de aquí! —les apremió. Estaba exhausto y seguía sangrando por la herida del hombro; aun así, habló de una forma que no admitía réplica.
Corban asintió.
—Nos iremos todos —añadió el chico mientras miraba de reojo a Halion y a los demás.
Gar aceptó.
El salón había vuelto a convertirse en un campo de batalla. Sumur, Nathair y Evnis habían desaparecido tras una marea de capas rojas trabadas en combate con las grises.
Se hallaban cerca del fondo del salón, donde Halion y su reducido grupo de supervivientes formaban un círculo en torno a Edana para protegerla. El renacido combate aún no los había alcanzado.
—Debemos sacar a Edana de aquí —dijo Halion al oír a Corban. Miró a Gar con curiosidad, como si lo viera por primera vez.
—Sí —respondió Corban—. Pero ¿cómo?
—Por ahí no hay salida —dijo Halion señalando con la cabeza la batalla que se había apoderado del salón. Se volvió hacia la puerta que conducía a la torre.
—Tampoco hay adónde ir cuando salgamos de aquí —terció Marrock—. La fortaleza de aquí a la Puerta de Piedra está igual. Y Owain controla la puerta y el puente.
Todos comprendieron lo que eso significaba, pues solo se conocía una vía de entrada y de salida de Dun Carreg.
—¡Yo conozco un camino! —exclamó Corban de pronto al recordar los túneles que había bajo la fortaleza.
—¿Estás seguro? —preguntó Halion.
—Claro. Un camino secreto.
—Propongo que vayamos a echarle un vistazo en vez de quedarnos aquí debatiendo —dijo Marrock.
Halion asintió y pasó a la acción. Dio instrucciones a los guerreros que quedaban, echó a correr hacia la puerta del fondo y la cruzó a la cabeza del pequeño grupo.
Gwenith se detuvo un instante antes de pasar al otro lado y lanzó una mirada hacia el cuerpo de Thannon. Su expresión cambió de repente.
—¡Cywen!
Corban trató de recordar cuándo había visto por última vez a su hermana. ¿Dónde estaba?
—¡Hay que encontrarla! —dijo su madre.
Gar le puso una mano en el brazo.
—Debemos poner a salvo a Ban y confiar en que vamos a encontrar a Cywen por el camino. Si eso no pasa, cuando Ban ya no corra peligro volveré a buscarla. Te lo prometo.
—Pero...
—Es valiente, y sabe apañárselas. Si alguien puede sobrevivir a esto, es ella. —Miró fijamente a Gwenith—. No podemos correr ningún riesgo con Ban. Ya hemos sacrificado mucho...
Gwenith le miró a los ojos.
—¿Volverás a por ella?
—Te lo juro. En cuanto saquemos a Ban de aquí.
Gwenith asintió.
Dath echó a correr por el salón hacia donde su padre seguía arrodillado. Corban dudó un instante y salió tras él, con Gar y Farrell pisándole los talones.
Alcanzaron a su amigo cuando este llegaba junto a su padre, que continuaba inclinado sobre el cuerpo sin vida de Bethan, que Vonn sostenía entre sus brazos.
—¡Vamos, papá, rápido! —dijo jadeando Dath—. ¡Tenemos que irnos!
Mordwyr miró a su hijo. Dath lo rodeó con los brazos e intentó levantarlo. Corban le pasó el martillo a Farrell y le echó una mano.
—Dejadme aquí —masculló Mordwyr mientras lo ponían en pie—. No me queda nada por lo que vivir.
—Vive por mí, papá —suplicó Dath—. O, si no, vive para vengar a Bethan.
Vonn levantó la cabeza y torció el gesto al oír esas palabras.
Mordwyr se dejó llevar por Dath y Corban hacia la puerta. Vonn los siguió en silencio. Halion y los demás los estaban esperando en el oscuro pasillo del otro lado. Corban y Gar fueron los últimos en salir del salón y Tormenta se deslizó entre sus piernas. Corban lanzó una última mirada atrás.
—Papá... —gimió.
Gar inclinó la cabeza.
Corban ya estaba a punto de darse la vuelta cuando un movimiento captó su atención. Nathair y Sumur arrastraban el cadáver de Brenin y ambos lo miraron fijamente. Corban miró a los ojos a Nathair. Gar lo agarró por los hombros y tiró de él, cerró la puerta y la atrancó con un largo banco.
—Ya habrá tiempo para llorar cuando salgamos de aquí —dijo.
Corban asintió y juntos echaron a correr por el pasillo, con Tormenta saltando tras ellos.