CAPÍTULO VEINTICINCO. EVNIS
CAPÍTULO VEINTICINCO
EVNIS
Evnis lloraba cuando se colocó la última piedra en el túmulo de Fain.
El libro había ayudado, durante un tiempo; los poderes telúricos habían devuelto las fuerzas a Fain brevemente.
Su sonrisa lo había reconfortado y había mantenido alejado el odio.
Pero solo durante un tiempo. Las fuerzas habían vuelto a abandonarla hasta que no fue más que una sombra de lo que había sido.
Y ahora estaba muerta.
A su lado estaba su hijo, Vonn, alto, llorando por dentro a su madre. «¿Espera que lo consuele, que lo guíe? Ahora mismo me da igual. Mi propio dolor es demasiado grande.»
Un círculo de guerreros lo rodeaba con las lanzas en alto, junto con su séquito, y todos cantaban el último lamento.
Pero incluso en esas circunstancias solo podía pensar en el libro; el mero atisbo de poder que había sido capaz de alcanzar era como una droga que lo atraía y lo consumía.
Hizo un esfuerzo para volver a prestar atención al túmulo.
A Fain. Bullía de odio por dentro y ahora sumaba otro nombre a la lista.
El rey Brenin.
«Venganza», susurró una voz dentro de su cabeza.
«Lo destruiré», prometió a la voz.