Maldad (Los fieles y los caídos 1) EXTRACTO. LOS ESCRITOS DE HALVOR
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EXTRACTO. LOS ESCRITOS DE HALVOR

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Los escritos de Halvor

El mundo se ha hecho añicos.

La Guerra de los Dioses ha cambiado todo.

Las intrigas de Asroth y la ira de Elyon han ocasionado corrupción y destrucción.

La humanidad ha desaparecido, exterminada o exiliada de estas costas, y quedamos muy pocos.

Nosotros los gigantes, divididos: el único clan escindido sin posibilidad de reconciliación.

Yo, Halvor, he vivido mil años como la Voz del Rey. Ahora el gran Skald ha muerto y sus descendientes se han dispersado. No viviré otros mil años. Me lamento del pasado; recuerdo y lloro.

Aún soy la Voz, si bien no sé quién me escuchará. Pero si no hablo, si no escribo, no habrá nada para quien venga después. Todo lo que ha sucedido caerá en el olvido. Por esa razón he decidido ponerlo por escrito...

Cuando la piedra de las estrellas cayó del cielo, deberíamos haber escuchado a los humanos y haberle dado la espalda, pero nos engatusó con sus cantos y sus promesas. Tal como había planeado Asroth.

Asroth era la primera criatura, el preferido de Elyon, general de los Ben-Elim, los Hijos del Poderoso. Pero no se conformaba con eso, el gran mentiroso. Propagó su maldad y sus mentiras entre los Ben-Elim hasta que reunió una hueste en torno a él. Se convirtieron en los Kadoshim: los Separados.

Elyon vio lo que estaba tramando su preferido; aun así, no fue capaz de levantar la mano contra él y estalló la guerra entre los Kadoshim y los Ben-Elim en Otro Mundo, el lugar del alma. Asroth fue derrotado y desterrado a una porción desierta de Otro Mundo.

Elyon reanudó entonces su plan y creó los mundos de carne, de los que la Tierra fue el primero.

Engendró gigantes y humanos con la misión de que la dominaran, erigidos en guardianes inmortales de todo lo que se movía y crecía en ella, y ellos vivieron en armonía con su creador y todas sus creaciones.

Mientras tanto, el odio hacia nosotros consumía a Asroth.

La piedra de las estrellas de Asroth, inmensa y cargada de poder, cayó a la Tierra.

Y creó un vínculo entre los dominios del cuerpo y del alma, entre la Tierra y Otro Mundo.

Los humanos temían ese objeto extraño, pero los gigantes lo utilizaron para forjar objetos magníficos y poderosos, fabulosos Tesoros.

Primero hicieron el caldero, con el poder de sanar.

A continuación, un torques que entregaron a Skald, el rey de los gigantes, y un collar para Nemain, su reina.

Asroth usó la piedra de las estrellas para expandir subrepticiamente su influencia sobre la Tierra y propagar la corrupción.

Skald fue asesinado, el primer crimen, y su torques, robado.

La muerte se introdujo en el mundo; Elyon despojó de la inmortalidad a todas las criaturas como castigo y advertencia.

Luego llegó la Escisión. Estalló la guerra, gigantes contra gigantes, y el único clan se dividió en muchos.

Se forjaron más Tesoros con la piedra de las estrellas, esta vez avíos para la guerra: lanzas, hachas, dagas...

Y finalmente, un cáliz, del que se decía que proporcionaba fuerza y una larga vida a todo aquel que bebía de él.

El manto de la muerte cayó sobre el mundo a medida que la guerra se extendía.

La humanidad estaba atrapada en ella. Los humanos juraban fidelidad a los clanes de los gigantes con la esperanza de apoderarse de los Tesoros y recuperar la inmortalidad.

La sangre teñía los ríos, para regocijo de Asroth.

Finalmente, Elyon dio rienda suelta a su ira.

Envió su castigo a la Tierra, al que llamamos el Azote.

Los Ben-Elim administraron a su antojo el castigo de Elyon recurriendo al fuego, el agua y la sangre.

Los mares bulleron, las montañas vomitaron fuego y la tierra se partió mientras Elyon destruía todo lo que había creado.

Cuando estaba a punto de completar su castigo, Elyon oyó un eco que llegaba desde Otro Mundo. La risa de Asroth.

Elyon se dio cuenta del engaño de su enemigo; comprendió que Asroth había conspirado para colocarlo en esa posición precisa.

Horrorizado, Elyon detuvo el Azote antes de erradicar toda vida y se hundió en una tristeza imposible de medir.

Se alejó de nosotros y del resto de sus creaciones y se retiró a un lugar donde lamentarse, aislado de todo. Allí sigue aún.

Los Ben-Elim y los Kadoshim permanecen en Otro Mundo librando una guerra eterna. Asroth y sus ángeles caídos intentan destruirnos, y los Ben-Elim hacen todo lo que está en su mano para protegernos, como prueba de su amor a Elyon.

Y aquí, en el mundo de la carne, la vida continúa.

Algunos se afanan en reconstruir lo que se perdió en este lugar de ceniza y putrefacción.

En cuanto a mí, resido en Drassil, la que antaño fue la gran ciudad, el corazón del mundo, y ahora solo es ruina y desolación como todo lo demás, y lloro mientras contemplo el mundo.

Incluso mis semejantes se van, pues el Forn se ha vuelto demasiado salvaje y peligroso, afirman, y somos muy pocos.

Van al norte y abandonan todo. Me abandonan a mí. Yo no me iré.

Ahora sueño, y en mis sueños creo atisbar lo que va a suceder; oigo una voz que me susurra. Me habla del regreso de Asroth, la encarnación de la mentira, de la última batalla de los Ben-Elim y de los avatares que libran una vez más la Guerra de los Dioses...

Me quedaré y contaré mi historia con la esperanza de que sirva de algo, de que alguien la lea y aprenda de ella, para que el futuro no repita los errores del pasado. Esta es mi plegaria, pero ¿de qué sirve rezar a un dios que lo ha abandonado todo...?