Málakor 4 CAPÍTULO 87 #2
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CAPÍTULO 87 #2

Ese era el nombre que le deban esas gentes a Azskar, por si alguien lo ha olvidado.

—Y una mierda —mascullé.

El chico asintió. Pensé en las posibilidades que teníamos, mientras el oscuro volvía a decirle algo a ella.

Anamkha podría invocar a su espada y pillarlo por sorpresa.

Sin embargo, no lo hacía. Aunque estar a punto de morir me parecía excusa más que suficiente para hacerlo, quizá era porque no podía ser usada a la ligera, quizá porque la de él estaba demasiado cerca de su cuello, y ella no era estúpida.

—Insiste en su petición —dijo Anamkha, aquella vez en mi lengua.

Bajó la mirada a un punto entre la marea de cadáveres y me hizo una disimulada señal, así que miré allí.

Había un arco tirado, al lado de un carcaj aplastado del que sobresalían unas cuantas flechas.

¿Estaba pidiéndome que le disparase a aquel tío, estando ella en medio?

Es más, ¿cómo iba a moverme hasta allí sin que se diese cuenta?

—Te has vuelto loca, pelirroja —murmuré.

—Que os suelte, Maes Ir —dijo el chico que me había hablado antes—. Negociaremos con él cuando os suelte.

—Dice que no se fia, que lo mataréis en cuanto me libere. Así que hacedle caso. No me pasará nada.

Hubo un coro de voces discordantes, a la par que se escuchó el sonido de algunos postigos abriéndose y de las pisadas de otro grupo de guardias que pronto apareció por la calle.

Khabyr estaba entre ellos. El elfo miró hacia allí, furioso, y apretó a Anamkha contra su cuerpo.

Aproveché su despiste para moverme hacia el arco y hacerme con él.

Al agacharme, todo me dio vueltas y de la nariz me salió un hilo de sangre densa.

La que no cayó en el suelo me mojó los labios.

Nunca entenderé a los vampiros, la sangre sabe fatal.

No fui el único que aprovechó la ocasión, dos guardias se pegaron a la pared bajo el balcón. Planeaban entrar por la puerta y sorprenderlo por detrás, no me cupo duda.

—¡No mueve los pie! —gritó el elfo, torpemente—. Si gente se ha mueve , mato ela .

Anamkha le dijo algo en élfico, no sé qué. Él respondió algo que sonó como un «Cállate», y movió el filo de la espada contra el cuello de la pelirroja. Ella echó un poco la cabeza hacia atrás; tampoco tenía mucho margen de maniobra.

—¡Suéltala! —gritó Khabyr—. Sigmarina no negocia con escoria. Si no la sueltas, subo ahí y te corto la puta cabeza.

El elfo le susurró algo a Anamkha. Ella negó, pero él la obligó con otro zarandeo. La rabia me hizo apretar el arco. Solo necesitaba una distracción más para coger una de las flechas; sin embargo, no estaba sucediendo. Lo que sí pasó fue que los guardias se colaron en la casa.

—Dice que os vayáis todos menos uno. Que él nos acompañará al bosque, como muestra de su buena voluntad y de la seguridad del trato.

—No iremos a ninguna parte —bufó Khabyr—.

Dile a ese desecho que, si te mata, no saldrá de aquí con vida.

Tendrá que matarnos a todos para conseguirlo, y lo tiene jodidamente difícil.

Lo llevaremos a las mazmorras y le daremos un trato justo, a cambio de información.

Si se porta bien, igual lo dejamos irse a donde le plazca.

La pelirroja transmitió el mensaje a su captor. Este negó con la cabeza.

—Es la única opción que tienes —le dijo ella entonces.

—No única opción.

—Yo diría que sí —respondió Anamkha.

El tipo abrió mucho los ojos y miró hacia abajo. Me di cuenta entonces que ella había puesto la mano tras su espalda. No sabía qué tenía, pero seguro que algo punzante.

—Si pinchas, yo pincho —dijo él.

—¿Pero quién de los dos pinchará antes y más fuerte? —advirtió ella.

El elfo respondió en su lengua algo que sonó a maldición. Debió de escuchar algo tras él, porque, sin soltarla, se dio la vuelta. Su espalda quedó contra la balaustrada del balcón. Hubo un cruce de palabras entre ellos y los guardias que se habían colado en la casa.

—Estás perdido, puntiagudo —dije.

Khabyr hizo un gesto a sus hombres y una marea de ellos se movió hacia la casa.

El capitán se perdió tras el umbral de la puerta.

Cogí la flecha, la coloqué en el arco y, después de rogarle a todos los Dioses Buenos porque aquellas clases me hubieran servido de algo, disparé a la parte más alta de su cabeza.

La flecha se desvió un poco. O un mucho.

En vez de en la cabeza, se le clavó bajo el omóplato.

Debió de quedarse encastrada en alguna parte.

Menos mal, o habría atravesado también a la pelirroja.

El elfo se sacudió y la espada cayó de sus manos.

El cuerpo se le fue hacia atrás. Anamkha se escurrió para alejarse de él, pero la agarró de la ropa y tiró de ella.

Habría caído con él de no ser porque Khabyr la sujetó.

Miraron hacia abajo al tiempo en que el elfo caía de costado sobre el cuerpo de un guardia muerto.

Quedó inmóvil unos segundos, pero luego soltó un quejido e hizo amago de moverse.

Una caterva de guardias se abalanzó sobre él para inmovilizarlo.

Un grito de espanto llenó el breve silencio que se hizo. Un vecino había cometido el error de asomarse a una ventana. Contemplaba aquella masacre como si ya no pudiera volver a dormir en su vida. No me extrañaría que así fuera.