Málakor 3 CAPÍTULO 41 #3
49%

CAPÍTULO 41 #3

—Puedo intentarlo, pero conlleva un riesgo enorme tenerla en nuestros bosques.

—No quiero hacer daño a nadie. Limpiaré los bosques de criaturas oscuras. Escuché que tuvisteis problemas con ellas en la superficie.

—Dice que no quiere hacer daño a nadie. Y que además se comerá toda la basura oscura que ande por allí.

—Yo creo que se merece una oportunidad —anotó el bardo.

—Sí, yo también —dijo Medora con voz cantarina.

—Yo también lo creo.

— Oye, Ojitos, ¿cuál es tu nombre de verdad? Si es que tienes uno.

—Sí. Me llamo Cécrope. ¿Y tú? Conozco los nombres de todos tus amigos, menos el tuyo.

—Málakor.

—Aaah. —Sus ojos se movieron como si estuviera asintiendo—. Oí hablar de ti a Azani. Hace mucho tiempo. Dijo cosas buenas. Dijo que algún día pasarías por aquí.

Mi abuela callándose, una vez, aspectos de vital importancia. Suspiré, como de costumbre.

— Medora, ¿puedes conjurar luz? Estoy cansado de estar hablando a oscuras.

—Es que… —Buscó pegar los labios a mi oído para susurrarme, tan torpemente que terminó hablándome al cuello. La humedad de su aliento me hizo cosquillas—. Es que creo que me voy a asustar cuando la vea.

—No soy tan fea.

—Por favor. No es tan fea, ella misma lo ha dicho .

—Está bien —rezongó la maga, que llenó todo con la luz de su magia.

Soltamos la exclamación de asombro más grande que hubiéramos soltado en la vida.

Cécrope era sencillamente descomunal. Tenía las escamas de un color gris oscuro que se alternaba con otras negras, con dibujos que se asemejaban a una escalera.

—Por todos los dioses… —murmuró Hach—. ¡Eres increíble!

La serpiente le dio las gracias y giró sobre sí misma. Todo tembló suavemente.

—Eres como la Sierpe de los Bosques, de la que hablan los libros de criaturas de Téramo. Aunque creía que eran solo leyendas —dijo Medora.

El asombro había reemplazado al miedo, lo cual era magnífico.

—No se lo va a creer nadie —comentó Leyla—. Las alicántaras son leyenda para las gentes de Knegara. Les tienen un miedo atroz. Hay un dicho: «Si te pica el alicante no hay sanador que te cante».

—Sí. Soy letal. Pero eso son leyendas, porque soy grande. Y todo el mundo asume que, como soy grande, soy un peligro, pero soy pacífica . ¿Podré ir a los bosques de Knegara entonces? Ha sido mi sueño desde que estaba en el huevo.

Se lo transmití a Leyla, y ella dijo:

—Veré qué puedo hacer, pero eso significa regresar a Knegara. Esperar a que abran un hueco en la entrada y dialogar con Iliana. Nos retrasará unos días.

El bardo sacó una libreta y una pluma, no sé de dónde.

—Me quedaré hablando con nuestra amiga. Quiero saberlo todo sobre ella y su especie. Que Málakor me haga de intérprete.

—Yo no voy a…

Hach me puso ojitos de gatito con hambre.

—Estááá bieeen, pero Leyla no debería volver sola.

—No me pasará nada. Los túneles en esta zona están limpios.

—Que no nos hayamos cruzado con nadie no significa que lo estén, Flechas .

—Tranquilo, iré con ella. —Medora dio una palmada—. Háchpirey, ya me contarás todo lo que averigües.

—Desde luego; no obstante, si te vas nos quedaremos a oscuras —anotó él.

La piel de Cécrope se iluminó en un color rojizo. La serpiente parecía una antorcha gigante, lo que despertó más exclamaciones de asombro.

—Podría mirarla durante todo el día —dijo el bardo.

—Y yo —anotó la maga

—¡Os acompaño! Quizá los exploradores nos den algo rico de comer. —Panceta trotó hacia el túnel.

—Tened cuidado, por favor —casi imploré.

—Vosotros también —dijo Leyla.

El perro y ella desaparecieron pronto en la abertura. Medora nos dijo adiós con la mano hasta que la perdimos de vista también.

Solté un largo suspiro de angustia. No solo me ponía nervioso la idea de no estar con ellas, también lo que callaba la exploradora. Cuanto más pasaban los días, más seguro estaba de que era algo importante.

—Algo le pasa a Leyla, Háchpirey, y no sé qué es.

—Te lo dirá. Cuando encuentre la fuerza y el momento, lo hará.

Quise creer que así sería.

El bardo se sentó en el suelo, libreta en mano, y dijo:

—Cuéntame, Cécrope, ¿qué dieta sigues principalmente?

Con esa frase, comenzó el que sería mi nuevo trabajo en los seis días siguientes: intérprete entre una serpiente y un bardo. Jamás, en toda mi vida, ni en mis más vergonzosas borracheras, ni expuesto a los efluvios de la hierba de Terhacress, habría imaginado que haría algo así.

Aunque la alicántara nos contó muchas cosas, como que olía así de mal a causa de unos anfibios que comía, también se echaba una siesta de vez en cuando, iba a cuidar de sus huevos o a ver a su esposo.

Él pasó a saludarnos. No era tan grande como ella, pero impresionaba igualmente.

Y tenía buen humor. Nunca pensé que me reiría de los chistes de una serpiente gigante .

En los ratos en los que estábamos solos, descansábamos.

El bardo hablaba en sueños, repitiendo todos los datos que había aprendido.

Apenas hubo silencio. Y, aunque me quejé bastante, en realidad, lo agradecía.

El silencio en las profundidades de la tierra a veces podía ser abrumador, incluso para mí.