Málakor 3 CAPÍTULO 31 #2
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CAPÍTULO 31 #2

Azani me abrazó por la espalda. Sentí la energía de su cuerpo invadiendo el mío.

Fue como si alguien retirase de la suma de mis sufrimientos todos los números hasta dejarlos a cero.

Nada me dolía ni me inquietaba. Dejé caer los párpados y respiré con calma, posando las manos en sus antebrazos, que rodeaban mi cintura.

—En el lugar en el que está Azskar, la magia tiene un poder inconmensurable. Ningún otro lugar conoce la magia tan bien, ni la contiene tanto. Ni forma tanta parte de ella como ese.

—Más allá de los túneles. Más allá de las ciudades de roca. Más allá del pantano. —Me giré entre sus brazos. Ella se apartó un poco a la par que nos cogíamos de las manos—. ¿Qué lugar es ese ?

—Ítaro, y allí hay un rincón que espera tu llegada.

La tuya y la de muchos otros. Pero también hay otro, oscuro y maligno, que ya ha recibido a los que serán sus esclavos.

Azskar es uno de ellos. Tiene aliados terribles que se sirven de la oscuridad de El Susurrador, que conocen antiguos Hechizos de Sangre.

Cada uno de los vellos de mi cuerpo se levantó, como hojas de una planta seca que hubiera respondido al riego.

Yo había escuchado ese nombre antes. En Téramo.

Verne nos habló de él. Nos dijo que, tiempo atrás, los mortales habían perdido sus conocimientos, así que un dios les dio la oportunidad de saberlos a través de las voces de sus ancestros.

Sin embargo, en medio de esas voces, se coló la de un demonio.

Un ente que les transmitió un conocimiento prohibido: traer a la vida a los muertos.

Muertos cuyas almas eran condenadas, vagando sus cuerpos sobre la tierra para servir a los propósitos de los mortales.

Algunos se lamentaron; sin embargo, otros quisieron más de aquel oscuro conocimiento, y terminaron matándose entre ellos.

La presencia del Susurrador había despertado una enfermedad llamada Envidia, que terminó por consumir a aquellas gentes.

Le dije a Azani lo que sabía de él, y ella respondió:

—No es un demonio. Es un ser casi tan antiguo como yo. Tampoco es un dios, pero es fuerte como uno de nosotros. Su energía ha sido alimentada durante muchas eras por dioses y mortales. Estuvo atrapado, durante largo tiempo, entre las páginas de un viejo libro, hasta que lo liberaron.

—¿Quiénes fueron los listos que lo hicieron? Villanos de su misma calaña, supongo.

—No siempre son los villanos los que despiertan antiguos males.

Los héroes también cometen errores. Pero ya da igual, hace años que murieron.

Ahora solo se conocen sus hazañas, porque no eran malas sus intenciones.

Sin embargo, él les susurró desde las páginas, los convenció.

El Susurrador tiene ese poder, seduce los oídos dispuestos a escucharlo.

Y los hizo caer en la trampa. A la mayoría.

Hubo algunos que no cayeron en su influjo.

Conocerás a una de sus descendientes cuando cruces los túneles.

—Pareces tan segura de que voy a conseguirlo…

—No hay nada seguro, ni para dioses ni para mortales .

—¿Ni tampoco para semidioses? —reí suavemente.

—Tampoco, pero yo jamás he dudado de ti. —En sus ojos brilló la más absoluta confianza—. Estás destinado a grandes cosas, amado nieto, y tu rumbo es firme.

—A grandes cosas. —Me asaltó la idea de que fueran demasiado grandes para mí—. ¿Y si me quedase aquí en Knegara, hasta que sus árboles volvieran a crecer? Construiría una casa de madera con mis propias manos y en ella…

No dije más, pero la diosa sabía en lo que estaba pensando.

—Si el destino así lo quiere, y tal es mi deseo, algún día serás el señor de una casa, que será más que eso incluso, y que casi levantarás con tus propias manos.

En ella tendrás un hogar, una esposa y unos hijos.

Descansarás de las tribulaciones que ahora te aprietan el corazón.

Pero eso será algún día, Málakor, no ahora, porque este mundo te necesita.

—Algún día —musité con cierto consuelo—. Espero que no falte mucho, porque estoy cansado.

La diosa me acarició la mejilla con sumo cariño. No iba decirme más acerca de eso, lo noté en su mirada, así que tercié el asunto:

—Al menos dime qué es lo que Azskar ha hecho.

Bajó la mano y soltó un angustioso suspiro.

—Lo llamaré «magia de sangre», para que puedas entenderlo.

No comprendía la magnitud de tal magia, pero necesitaba saber cómo romperla, así que se lo pregunté.

—No puedo darte todas las respuestas que necesitas, pero las encontrarás en tu viaje.

No existe nada que no se pueda saber sobre la magia, sea oscura o luminosa, una vez entres en el pantano.

Lo que sí debes saber es que no ha podido conjurarlo por completo.

—Con pesar, añadió—: He intervenido, por lo cual le he dado derecho a intervenir a quienes lo apoyan, al menos una vez.

Y él regresará para tratar de acabar lo que ha empezado.

Había más dioses en juego. Dioses que estaban al otro lado. Pero no tenía miedo, porque yo no estaba solo. La tenía a ella. Y Azani, para mí, era la suerte triunfante.

—Y ¿mientras tanto?

—Si se clavase un puñal en el corazón, sufrirías su dolor y una herida se te abriría en la piel, mas no morirías. Sin embargo, has de tener cuidado, Málakor. Si culmina el hechizo… —La voz le salió llena de temores.

—¿Sería capaz de acabar con su vida solo por acabar con la mía?

—Piensa detenidamente en esa pregunta, y tendrás la respuesta.

Tomé aire profundamente y lo solté mientras asentía.