Capítulo 2 #2
Reconoció el muro de ladrillo en el límite de la finca y la granja vecina que suministraba leche y queso a los Beauchamp.
Tabitha había sido quien le había hablado de sus tierras y sus vecinos, y de cómo todos se conocían bien, pues Steventon no era más que un pequeño pueblo rural.
Cecilia se había quejado a menudo de su hogar y deseaba que su familia viviera en zonas más elegantes, con tiendas a mano.
Eso le hacía preguntarse a menudo qué pensaría Cecilia de Buxton, pues no era una zona muy poblada ni tenía las tiendas que uno encontraría en Somerset o Londres, aunque su finca era extensa y contaba con una hermosa mansión.
Jonathan estaba dispuesto a hacer viajes mensuales adonde Cecilia quisiera para ir de compras, pero esperaba que ella acabara amando su hogar y no necesitara el bullicio de las calles concurridas.
—¿Tenías que despertarme así? —gruñó Owen, frotándose los ojos—. ¿Dónde estamos?
—¿Todavía tienes sueño? —preguntó Jonathan—. Ya sabes que quería pasar a ver a Cecilia antes de ir a la casa que hemos alquilado. Con suerte, tendrán sitio para dos más a la mesa.
Owen se animó ante la mención de comida.
—Recuerdo lo bien que describiste sus comidas. Supongo que puedo aguantar un poco de compañía después de un viaje tan largo. No creo que hubiéramos parado entre Derbyshire y Hampshire de no ser porque los caballos necesitaban descansar.
Jonathan se rio.
—Cuanto antes vea a Cecilia, mejor. Han pasado meses desde mi última visita y estoy deseando ver cómo se encuentra.
Jonathan no añadió que había recibido una carta de Cecilia que le había parecido impersonal, sin su chispa habitual.
Aquello le había hecho preguntarse si le pasaba algo, pero su familia seguramente se lo habría comunicado.
Al fin y al cabo, pronto se convertiría en su yerno y en parte de la familia.
Jonathan ya se sentía parte de su familia y deseaba que Cecilia sintiera lo mismo una vez que llegaran a Leyton Place y conociera a su abuela y a su hermana.
La anciana estaba mucho mejor y se fortalecía cada día, pero todavía no se encontraba lo bastante bien como para hacer el arduo viaje.
Charlotte se había quedado para cuidarla, pero estaba deseando dar la bienvenida a su cuñada.
—Esta parece una finca considerable —comentó Owen—. ¿Dónde termina?
—Un muro bajo de piedra es lo único que separa estas tierras de cultivo. La familia de Cecilia tiene sus propios animales y huerta para consumo propio, pero van al pueblo vecino una vez cada tres meses a por otras cosas.
—Parece tranquilo —añadió Owen—. Buxton también es un lugar sereno, pero ni de lejos tan rural o aislado como Steventon. No puede haber mucha gente en este pueblo.
—Nunca he preguntado cuántos son, pero supongo que tienes razón. Mejor para mí, porque así hay menos competencia por la mano de Cecilia. Fue una suerte que me acercara a ella cuando lo hice, en el baile de Lord Croxley, o podría haber perdido mi oportunidad.
—Pero si fue amor a primera vista, eso no habría pasado, ¿no? —dijo Owen.
—Supongo que tienes razón —coincidió Jonathan—. ¿Ves la casa? Está justo ahí delante. Es unas tres veces menor que Leyton Place, pero tiene un encanto innegable.
—¿Tendrá ese encanto algo que ver con cierta dama de cabello dorado y ojos azules? —preguntó Owen, enarcando las cejas.
Jonathan se rio.
—En cierto modo, pero Cecilia no es la única que me ha atraído a este lugar. Su familia es maravillosa y he llegado a apreciar su hogar. Ya verás a qué me refiero cuando recibas su cálida bienvenida. Eso sí, te advierto que no coquetees con mi futura cuñada: es demasiado joven para ti.
—¿Qué edad tiene? —preguntó Owen.
—Diecisiete, pero cumplirá dieciocho en junio.
—¿Cecilia te dio toda esa información sobre su familia? —preguntó Owen.
—No, fue Tabitha —respondió Jonathan—. Le gusta hablar de su familia y de la vida en Steventon. Es todo lo que conoce.
—¿Es tan guapa como su hermana?
Jonathan entrecerró los ojos.
—¿No acabo de decirte que no quiero que coquetees con ella?
Owen se rio.
—¡Es solo una pregunta! Quería saber si la belleza viene de familia.
Jonathan frunció el ceño. La verdad es que nunca se había parado a pensar si Tabitha era hermosa o no; simplemente era la hermana menor de Cecilia y una chica encantadora con la que se llevaba bien.
Siempre había algo de qué hablar cuando estaban en la misma habitación.
No era extraño que Cecilia jugara a las cartas con su madre mientras Jonathan conversaba sobre todo tipo de temas con la joven, pero así funcionaba la familia.
Era un alivio saber que encajaba bien en el clan Beauchamp y que no tendría problemas en el futuro con sus suegros.
—¿Tienes que pensarlo tanto? —preguntó Owen—. Debe de ser del montón.
—Mi silencio no es una respuesta —dijo Jonathan—.
Simplemente no he pensado mucho en ello.
No se parece a Cecilia, pero hay algo en sus rasgos que indica que son hermanas.
Tabitha es más baja que su hermana, con cabello castaño claro y ojos de un marrón apagado, o quizás con motas verdes. Le cambian según el humor.
Owen sonrió y arqueó las cejas. —Parece que has pensado en ella más de lo que crees.