Magia desatada (Los expedientes Grimm nº 1) PHOENIX #2
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PHOENIX #2

Las manos de Griff recorrieron el cuerpo de ella, acariciando la piel sensible del cuello y bajando luego hasta la curva de la cintura.

Phoenix sentía el calor de aquellas manos incluso a través de la camisa, y un escalofrío le recorrió la columna.

Él fue dejando un rastro de besos ardientes por su cuello, y ella dejó escapar un gemido suave y tembloroso.

Las manos de Phoenix encontraron los botones de la camisa de él y se afanaron en desabrocharlos, ansiosa por sentir su piel contra la de ella.

Mientras los labios de Griff continuaban su descenso, deteniéndose para besar la piel sensible sobre la clavícula, ella forcejeó con los cierres de su propia camisa. Cuando por fin se liberó de ella, lo atrajo más cerca, y sus cuerpos se fundieron en una danza desesperada de necesidad y excitación.

Las manos de él encontraron el cierre del sujetador, y con un rápido movimiento de los dedos, lo desabrochó y se lo quitó. Ansioso por explorar, le acarició los pechos con los dedos, masajeando suavemente la piel sensible. Phoenix arqueó la espalda, presionándose contra él, necesitada y deseosa.

Ella lo atrajo hacia arriba y sus labios encontraron los de él en un beso abrasador.

Las manos de Phoenix se deslizaron por el vientre de él hasta encontrar los botones de la bragueta y desabrocharlos.

Con un movimiento hábil, la abrió para alcanzar el miembro grueso y duro que había deseado y con el que había fantaseado durante tanto tiempo.

Griff contuvo el aliento cuando la mano de ella se cerró a su alrededor, liberándole el miembro de los vaqueros.

—Phoenix, deberías parar.

Las palabras salieron estranguladas, roncas, y ella supo que aquello era lo más alejado de lo que él realmente quería, de lo que ambos querían.

—Esto es exactamente lo que deberíamos estar haciendo, Griff.

La mano de ella lo acarició con suavidad pero con firmeza, y lo sintió palpitar en su agarre. La respiración de Griff se entrecortó, y ella sonrió, sabiendo que ahora lo tenía. Era suyo, tal vez solo por esa noche, y pensaba aprovecharlo al máximo.

Se acercó más, con los labios rozando los de él, las lenguas bailando juntas en un abrazo apasionado. Con la otra mano le acarició el trasero, atrayéndolo aún más cerca. Lo sentía palpitar contra la palma y supo que no podía contenerse más.

Phoenix rompió el beso con los ojos fijos en los de él mientras se arrodillaba frente a Griff y abría la boca para envolverlo con los labios.

Él gimió, un sonido bajo y necesitado que hizo que el deseo de ella aumentara aún más.

Lo tomó en la boca, lo chupó y lo lamió, recorriendo cada centímetro con la lengua.

Las manos de Griff se enredaron en el cabello de ella, guiándola, instándola a tomar más de él, a tomarlo más profundo.

—Joder, qué guapa estás cuando me la chupas así.

Ella sonrió con él en la boca y emitió un murmullo de satisfacción ante el cumplido.

Lo miró en el tenue resplandor de la habitación mientras él se recostaba y el corazón le dio un vuelco al ver la expresión de sus ojos.

La miraba desde debajo de los párpados entornados con tanta excitación, tanta necesidad, que le quitó el aliento.

El empuje de las caderas de él le recordó lo que estaba haciendo, y Phoenix volvió a concentrarse en lo que tenía delante.

Intentó tomar tanto de él como pudo, sintiendo cómo le rozaba el fondo aterciopelado de la garganta.

Se atragantó ligeramente, pero no se apartó.

Quería saborear cada centímetro de él, memorizar la sensación de su piel contra la suya, aunque fuera solo por una noche, y tenía que ser solo por una noche, ¿no?

¿Podían una fae cazadora de demonios y un cambiaformas dragón tener algún tipo de futuro juntos?

La respiración de Griff se entrecortó; las caderas empujaban contra el rostro de ella y el cuerpo le temblaba por el esfuerzo de contenerse. Pero ella notaba que estaba cerca: la respiración irregular, los gruñidos cada vez más urgentes.

Los dedos de él se tensaron en el cabello de ella y se cerraron en puños para mantener el control. Phoenix luchó por mantener la boca alrededor de él, pero Griff se apartó y la atrajo hacia arriba para besarla con un gemido profundo.

—No quiero correrme en tu boca ahora mismo, Phoenix. Quiero follarte primero.

—Entonces deja de jugar y fóllame, Griff —susurró ella, mirándolo directamente a los ojos.

Él terminó de desnudarla por completo, demorándose en ciertos lugares con besos o el roce de un dedo hasta convertirla en un manojo de necesidad y deseo.

La levantó y la llevó al gran dormitorio bañado por la luz de la luna que brillaba sobre la ornamentada cama de hierro.

No se dejó caer sobre ella como había pensado que haría.

En cambio, cubrió el cuerpo de Phoenix con el suyo, se acomodó entre sus muslos y deslizó las manos bajo ella para acunarle el trasero mientras le hablaba al oído.

—Podría arruinarte con esto. Otros hombres quieren saber lo que es follarse a una fae, pero no dejaría que nadie más se te acercara después de esto. Entiendes eso, ¿verdad, Phoenix? ¿Que si te follo, eres mía?

La mano de él se deslizó hacia la garganta de ella mientras empujaba las caderas contra Phoenix y, de repente, ya no era ella quien tenía el control.

Cuando los dedos de Griff se cerraron suavemente alrededor de su garganta y le atrajeron el rostro hacia el suyo, Phoenix sintió un escalofrío recorrerle la columna, directo al clítoris.

Había tenido otros amantes, pero ninguno la había conmovido como Griff.

La intensidad de aquellas palabras y la sensación de las manos de él sobre su cuerpo la hicieron temblar, y Phoenix supo que estaba completamente en su poder, tanto física como emocionalmente.

—Eso es exactamente lo que quiero, Griff —le susurró con la voz entrecortada por la necesidad.

—Entonces dilo —ordenó él con la voz ronca de deseo.

—Eres mío —respondió ella, y las palabras le resultaron tan liberadoras como aterradoras.

Griff se rio entre dientes, un sonido grave y peligroso que le provocó otro escalofrío.

—Todavía no —dijo, quitándose el resto de la ropa antes de apoyar su miembro en su entrada, provocándola solo con la punta—. Pero eres mía. Y siempre lo serás a partir de ahora.

Griff le tapó la boca con la mano, deslizando el dedo medio entre sus labios justo cuando su miembro se hundió en ella.

Phoenix jadeó y abrió los ojos de par en par mientras él entraba centímetro a centímetro, llenándola con todo su grosor.

Era como fuego, placer y dolor a la vez, mientras él la abría y la colmaba por completo.

La mano de él se apartó de su boca, y Phoenix gritó cuando le agarró las caderas y embistió con fuerza.

Ella empujó contra él, respondiendo a cada movimiento con uno propio; su cuerpo se arqueaba y ondulaba al ritmo del suyo.

La sensación de tenerlo dentro era abrumadora, y sintió que iba a estallar de pura intensidad.