GRIFF
Capítulo
Tres
—Broussard —llamó una voz desde detrás de la barricada policial.
Se giró y vio al agente Daniels, que le hacía señas con el rostro sombrío bajo las tenues luces de la calle.
Griff asintió y se agachó para pasar bajo la cinta amarilla que acordonaba la zona.
La escena estaba oculta en un callejón estrecho cerca de Bourbon Street, un lugar que Griff conocía demasiado bien.
El aire apestaba a sangre y a algo mucho peor: un tufo a carne quemada que hizo revolverse inquieto al dragón que llevaba dentro.
Podía sentirlo agazapado justo bajo la piel, listo para tomar el control si era necesario.
El callejón era un caos de luces intermitentes, uniformes y técnicos forenses que fotografiaban el cuerpo.
Los agudos ojos de dragón de Griff lo captaron todo mientras se abría paso hacia el centro del caos.
La víctima yacía desparramada en un charco de sangre, con el cuerpo contorsionado en posturas antinaturales.
Griff había visto demasiadas escenas de asesinato, pero esta no encajaba.
Había algo distinto, casi palpable. Sus instintos le gritaban que anduviera con cautela.
La capitana Evelyn Moreau ya estaba en la escena, con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño permanentemente fruncido. Se volvió cuando Griff se acercó, con expresión indescifrable.
—Broussard —saludó con brusquedad—. Me alegra que hayas podido venir. Tenemos una situación aquí y necesito que se resuelva rápido.
Griff asintió mientras recorría con la mirada a la víctima.
—¿Qué sabemos?
Moreau suspiró y apretó los labios hasta formar una línea fina.
—No mucho. La víctima se llama Travis Mitchell, camarero de la zona. Lo encontró un transeúnte hace cosa de una hora. Pero el problema es lo que le han hecho.
Griff se agachó junto al cuerpo, con cuidado de no alterar la escena mientras estudiaba las heridas.
La piel de Mitchell estaba surcada de laceraciones profundas e irregulares, pero no fue eso lo que le llamó la atención.
No: fue el extraño residuo brillante que se adhería a las heridas, una sustancia oscura y aceitosa que parecía pulsar con energía propia. Magia. Magia oscura.
Se le revolvió el estómago. Aquel no era un homicidio normal. Podía sentir el poder residual en el aire, como electricidad estática adherida a la piel. Era el mismo tipo de magia que había sentido con Phoenix esa misma noche, la misma energía oscura que casi lo había asfixiado.
—¿Qué demonios es eso? —murmuró, más para sí mismo que para nadie.
—Eso es lo que quiero saber —dijo Moreau en voz baja.
Se acercó más y bajó la voz para que solo Griff pudiera oírla.
—Mira, sé que tienes tu... forma peculiar de manejar las cosas, pero no tenemos tiempo para tus teorías más extravagantes. Necesito cerrar este caso, y rápido. Los de arriba me están presionando y no quiero más preguntas de las necesarias.
A Griff se le tensó la mandíbula y un destello de irritación lo atravesó. Moreau siempre había sido pragmática hasta la médula, más preocupada por mantener la paz que por indagar en lo desconocido. Pero ¿esto? Esto iba más allá de lo ordinario, y fingir lo contrario solo empeoraría las cosas.
—Capitana, esto no es un ataque cualquiera. Mire las heridas. No es violencia al azar. Entiendo que quiera cerrarlo cuanto antes, pero si no abordamos lo que está pasando en la ciudad, vamos a ver más cuerpos como este.
—¿No crees que sea un caso aislado?
—Por desgracia, no.
Moreau entornó los ojos, con la boca convertida en una línea fina de disgusto.
—No me ha llegado nada parecido a esto, Broussard.
—¿Exactamente igual? No, pero hay muchas similitudes... más bien un hilo conductor. Hemos cerrado la mayoría, pero sigo creyendo que están conectados.
—Conectados o no, lo que me importa son los resultados. Así que haz tu trabajo. Pero mantén tus teorías fuera del informe oficial, ¿entendido?
Griff se tragó la réplica, sabiendo que no serviría de nada.
—Entendido.
Moreau asintió con brusquedad, se dio la vuelta y se alejó, dejando a Griff junto al cuerpo con la frustración royéndole las entrañas.
No podía simplemente dar la espalda a aquello.
No cuando todo en él le gritaba que era algo mucho más grande de lo que nadie imaginaba.
Y no cuando le recordaba tanto al caso sin resolver de su padre.
Griff se levantó e hizo señas a uno de los técnicos forenses.
—Consígueme una muestra de ese residuo —ordenó, señalando la sustancia oscura en la piel de la víctima—. Quiero que lo analicen a fondo.
El técnico asintió y se puso manos a la obra. Griff se dio la vuelta y se dirigió hacia su moto mientras sacaba el teléfono. Conocía a alguien que podría tener respuestas, o al menos decirle con qué demonios de magia estaba lidiando.
La Dra. Geneva Duvall, una de las hermanas pequeñas de Phoenix y ayudante del médico forense de la ciudad, era una de las pocas personas en las que Griff confiaba para casos como aquel.
No solo era buena en su trabajo: conocía el mundo que se ocultaba bajo la superficie, ese que la mayoría de la gente fingía que no existía.
Lo había ayudado más veces de las que podía contar cuando la magia y la muerte se cruzaban de formas que las autoridades normales no podían explicar.
—Geneva, soy Griff —dijo en cuanto ella contestó—. Estoy en una escena. Tenemos otro cuerpo, y la cosa pinta mal. Te voy a enviar una foto de las heridas. Hay una especie de residuo. Parece mágico.
Hubo una pausa al otro lado de la línea, y luego se oyó la voz de Geneva, serena pero preocupada.
—Estaré en la morgue en veinte minutos. Tráeme el cuerpo directamente y le echaré un vistazo. Pero por lo que me cuentas, podríamos estar ante algo nuevo.
—¿Nuevo? —Griff frunció más el ceño—. ¿Qué quieres decir?
—Algo que Phoenix mencionó en la cena. Podré darte una idea mejor cuando lo vea en persona —respondió Geneva—. Tráemelo cuanto antes.
Griff colgó con la mente a mil. El tono de Geneva había sido cauteloso, pero podía percibir el trasfondo de inquietud en su voz. Si ella y su hermana pensaban que esto era algo nuevo, algo peor de lo que ya habían visto, estaban en problemas.
Regresó a grandes zancadas hacia Moreau, alcanzándola justo cuando terminaba con otro oficial.
—Voy a enviar el cuerpo a Geneva... —dijo con voz firme.
Moreau puso los ojos en blanco.
—Eso va contra el protocolo...
—¿Quieres resultados o quieres protocolo?
Moreau resopló.
—Ya sabes la respuesta.
Griff asintió.
—Le pediré que te prepare un informe preliminar para mañana.
Moreau lo miró fijamente durante un largo momento, pero al final asintió.
—Bien. Pero no alargues esto, Broussard. No necesitamos otro lío encima.
Griff no se molestó en responder. Se dio la vuelta y volvió hacia su moto, sintiendo el peso del caso con cada paso.
La morgue estaba fría y estéril, con el olor a antiséptico impregnando el aire cuando Griff entró acompañando el cuerpo, que llevaban en una camilla.
Geneva ya estaba allí, con el cabello oscuro recogido en un moño descuidado y la mirada atenta y concentrada tras las gafas mientras preparaba sus instrumentos.
—Griff —saludó, señalando el cuerpo con la cabeza—. Veamos qué tenemos.
Griff retrocedió y dejó que Geneva trabajara mientras retiraba la sábana que cubría a la víctima. Ella frunció el ceño al estudiar las heridas, rozando ligeramente el residuo con los dedos enguantados.
—Esto es... —Geneva se interrumpió y su expresión se tensó—. No he visto nada igual en mi vida. La magia que hay aquí es... antigua.
Griff frunció el ceño.
—¿Antigua? ¿Qué quieres decir?
Geneva levantó la vista hacia él con expresión seria.
—Esto no es magia oscura del montón, Griff. Es algo más antiguo, más peligroso. El tipo de magia que no se ha visto en siglos. Quien hizo esto sabía exactamente lo que hacía.
—¿Conocimiento familiar?
Los Duvall sabían más sobre el submundo sobrenatural de Nueva Orleans que nadie.
Su padre procedía de una de las familias más antiguas y respetadas de la ciudad.
La madre y la tía de las chicas eran prácticamente realeza en el mundo feérico.
La madre de Geneva había sido desterrada del reino feérico al negarse a renunciar a su amante humano.
Su hermana Maeve, la tía de las chicas, se había negado a condenarla y había sufrido el mismo destino.
Maeve las había criado tras la muerte de sus padres y las había entrenado para convertirse en las guerreras más formidables que las hadas hubieran visto jamás.
Geneva sonrió.
—Algo así.
A Griff se le revolvió el estómago. La idea de que alguien o algo manejara ese tipo de poder en pleno Nueva Orleans bastaba para que su dragón interior rugiera de frustración. Sabía que el caso era grave, pero esto era peor de lo que había imaginado.
—¿Puedes identificar qué tipo de hechizo era? —preguntó con voz tensa.
Geneva negó con la cabeza.
—Todavía no. Pero haré algunas pruebas. Llevará tiempo. No es algo que pueda apresurar.
Griff asintió mientras su mente ya daba vueltas a las posibilidades.
—Mantenme informado.
Mientras Geneva continuaba con el examen, los pensamientos de Griff volvieron a la noche en que asesinaron a su padre.
Solo era un niño entonces, pero recordaba la escena demasiado bien.
Las marcas extrañas, cómo el cuerpo de su padre había quedado retorcido y destrozado hasta resultar irreconocible.
Y ahora, de pie allí, mirando el cuerpo de Travis Mitchell, Griff no podía quitarse de encima la sensación de que este caso estaba conectado de algún modo.
Los paralelismos eran demasiado evidentes para ignorarlos. La misma magia oscura, las mismas heridas inexplicables. No podía ser coincidencia. Alguien —o algo— estaba despertando magia antigua en la ciudad, y Griff estaba decidido a descubrir quién.
Geneva levantó la vista del cuerpo y sus ojos se encontraron con los de él.
—Griff, ten cuidado con este caso. Quien hizo esto... está jugando con fuerzas peligrosas. Phoenix tuvo un encontronazo con algo esta noche...
—Se las apañó. —Cuando Geneva arqueó una ceja, continuó—: La vi desde arriba. Se las apañó.
—Sí, va a traer algo de ceniza a casa. Como tú, piensa que hay algo más grande detrás de todo esto, y sea lo que sea, no va a parar.
Griff asintió con la mandíbula apretada.
—Lo sé. Pero necesitamos más información para averiguar qué es y detenerlo. No puedo dejarlo correr sin más.
Geneva suspiró, se quitó los guantes y se apartó del cuerpo.
—No esperaba menos. Eres casi tan implacable como Phoenix. ¿Crees que está relacionado con lo de tu padre? —Cuando él la miró, sonrió—. Los Duvall no son los únicos con raíces profundas en esta ciudad.
Iba de camino a la comisaría cuando percibió un cosquilleo de magia, algo que no encajaba del todo.
Casi lo pasó por alto, ya que las similitudes con el asesinato de esa noche habían hecho aflorar los recuerdos inquietantes de la muerte de su padre.
No había podido salvarlo, no había podido resolver el caso.
Pero esta vez era diferente. Esta vez tenía a Phoenix, a Geneva y al resto de los Duvall de su lado.
Aparcó la Harley en un lugar discreto, localizó el más leve rastro de magia y empezó a seguirlo.
Siguió el débil rastro de magia y entró en una habitación donde parecía estar celebrándose algún tipo de ritual, o al menos una reunión.
Era el tipo de situación en la que tener a Phoenix a su lado habría sido útil.
Ella podría haber ocultado su presencia con magia feérica.
Empezó a acercarse cuando el móvil le vibró en el bolsillo.
Lo sacó y echó un vistazo al mensaje. Hablando del rey de Roma, o más bien de las hadas: era un mensaje de Phoenix.
Necesito hablar. Algo no va bien. Reúnete conmigo en La Rosa Espinosa.
El corazón de Griff se aceleró al leer el mensaje. Tenía la sensación de que ella estaba a punto de soltarle otra bomba, y a juzgar por lo de esta noche, no iba a ser nada bueno.
No estaba seguro de cuándo había ocurrido, pero en algún momento, Phoenix se había convertido en algo más que otra criatura sobrenatural en su mundo.
En más de una ocasión había sido su compañera extraoficial, aunque ninguno de los dos quisiera admitirlo.
Y si alguien podía ayudarle a descubrir qué estaba pasando, eran los Duvall.
Se guardó el teléfono en el bolsillo. Phoenix y La Rosa Espinosa tendrían que esperar.
Fuera lo que fuese lo que estaba ocurriendo en la ciudad, fuera cual fuese la oscuridad que estaba surgiendo, sabía una cosa con certeza: él y los Duvall, especialmente Phoenix, iban a llegar hasta el final.
Juntos, resolverían el rompecabezas que amenazaba con desmoronar Crescent City.