20 Elias
Encierro a una Jules enfurruñada en mi caravana y la dejo revisar los archivos de nuevo con las luces encendidas, sin tener que andar a escondidas en la oscuridad. Apenas llevo la mitad del camino hacia la Gran Carpa, donde he reunido a mis hermanos, cuando empiezo a sentir el mono.
—No me jodas —murmuro. ¿Cuándo me volví tan blando?
—¿Hablando solo? —pregunta Marek mientras se pone a mi lado—. Creía que el raro era yo.
Le paso el brazo por los hombros y lo atraigo hacia mí. —Vivimos en un carnaval —digo con una sonrisa burlona—. Ser raro viene con el territorio.
—No les va a gustar —comenta con tono neutro mientras aparto la lona de la entrada lateral—. Bueno, Jonah se sentirá aliviado, aunque no lo diga.
Resoplo. —Eso es quedarse corto. —Al ver a nuestros hermanos sentados en la primera fila, me encamino hacia ellos—. ¿Y tú? ¿Qué te parece?
Marek guarda silencio un momento. —Te vendrá bien —es todo lo que dice cuando llegamos con los demás. Se sienta junto a Jonah mientras yo me apoyo en la barandilla.
Silas también está de pie, frente a mí, y es a él a quien me dirijo primero. —Venga, suéltalo —digo arrastrando las palabras mientras me cruzo de brazos e imito su postura.
—No necesitas que te diga nada, Elias —comienza—. Sabes que no debería seguir viva. Seguramente ya va de camino a la comisaría más cercana.
Suspiro, decepcionado aunque me esperaba esta reacción. —Está encerrada en mi caravana. Y aunque no lo estuviera, el carnaval sigue cerrado. Y lo más importante: está pensando en unirse a nosotros.
—¿Unirse a nosotros? —pregunta Cole, las cejas ocultas tras su pelo negro y despeinado—. No sabía que aceptáramos socios. ¿Ahora somos un club de ganchillo?
—Qué gracioso —murmuro—. Unirse a nuestra misión de eliminar a los Profetas que quedan.
Logan suelta una carcajada. —Te tiene pillado, tío. En cuanto pueda, saldrá por patas. Se rajará.
—Puede demostrarlo —dice Rowe en voz baja, sorprendentemente en contra de la postura de su hermano—. Adelantemos lo de Ezekiel. Veamos cómo aguanta nuestros métodos.
Lo miro parpadeando justo cuando Silas toma la palabra.
—Esto es una locura —gruñe—. Mátala y punto. Deja de pensar con la polla, El.
—No estoy pensando con la polla —protesto, pero rectifico cuando arquea las cejas—. Vale, no estoy pensando solo con la polla. Significa algo para mí. Dejad que esto siga su curso. Si me equivoco, la mataré yo mismo.
Solo decirlo me revuelve el estómago, y prefiero no pensar demasiado en ello.
Silas bufa por la nariz, como un padre harto de las tonterías de un adolescente. —Vale. Tú cargas con esto.
—Vamos a por él —dice Logan con entusiasmo, y se levanta de un salto.
Pase lo que pase con Jules, la vida de Ezekiel Moore está a punto de convertirse en un infierno.
✶✶✶
Ezekiel Moore es de esos hombres que se preocupan por el qué dirán. Así que todos los grafitis que le regalamos en nuestra última visita han desaparecido. Como si nunca hubieran existido. Qué pena que estemos a punto de regalarle al buen Profeta una pesadilla de la que jamás despertará.
—Toc, toc, hijo de puta —dice Cole con alegría mientras irrumpimos en el dormitorio de Moore.
El protagonista de la noche se incorpora en la cama, con los ojos desorbitados y la respiración entrecortada. Joder, ha envejecido, pero... no ha cambiado tanto. No lo suficiente para que pueda mirarlo sin querer bañarme en sangre.
—¿Nos reconoces? —pregunto con calma mientras lo rodeamos.
—¿Dónde está tu mujer, Profeta? —pregunta Silas, y Moore se estremece.
—Yo... ya no soy Profeta —tartamudea Moore—. Y Mary está con su hermana. No nos pareció seguro que se quedara aquí.
Logan se inclina hasta quedar cara a cara con Moore. —El único que no está a salvo aquí eres tú, Profeta.
—Dejad de llamarme así —espeta Ezekiel, con la cara roja.
—Ahí está —digo arrastrando las palabras—. Esa fachada de cordero manso no te ha salido bien.
Se infla como un pavo. Bastante cómico para un hombre en camisón. —Fuera. Fuera de aquí ahora mismo, y no llamaré a la policía.
Hasta la risa grave de Jonah se suma a las nuestras, llenando el dormitorio como fantasmas del pasado.
—No creo que estés en posición de dar órdenes, Profeta Moore. —Hago una señal a mis hermanos—. Te vienes con nosotros. Tenemos una caravana muy especial en nuestro carnaval para pecadores como tú.
—¡Los pecadores sois vosotros! —farfulla Moore—. Erais unas abominaciones de críos, y lo seguís siendo. Amenazar a un hombre de Dios en mitad de la noche en su propia casa.
Silas le dedica un aplauso lento. —Muy apasionado. Sobresaliente en dramatismo —añade antes de ladear la cabeza—. Pero me parece que no estás hablando al público adecuado.
—Sí, te conocemos, Profeta —dice Cole, casi dando saltitos de la emoción. Sé que ya se está imaginando sus cuchillos cortando la carne fofa de Moore.
—¡No sabéis nada! —sisea Moore, escupiendo saliva—. Gente rica y poderosa va a...
—Bla, bla, bla —dice Logan, agarrando a Moore por el cuello y cortando su diatriba en seco—. Estoy harto de escuchar esta mierda aquí, donde no puedo hacerlo arder.
—Todos tendremos nuestro turno —digo mientras me doy la vuelta y Jonah se adelanta para noquear a Moore.
—Incluso tu reportera —añade Silas.
Aprieto los dientes. —Sí, Si. Creo que estás subestimando a mi joya. Tiene oscuridad en su interior.
Ya afuera, respiro hondo y lleno los pulmones con el aire fresco del alba.
—Creo que ves lo que quieres ver, Elias —dice mi hermano en voz baja mientras vemos a Jonah tirar a Moore sin miramientos en la parte de atrás de la furgoneta.
Le doy una palmada en la espalda. —Algún día conocerás a una mujer que te hará querer perseguirla. Cuando eso pase, te recordaré esta conversación.
Silas resopla, aunque al menos sus hombros se relajan un poco.
—No va a pasar.
—Nunca digas nunca —digo con sorna—. Vamos. Instalemos al Profeta en su nueva morada.