Madrid, los nombres tachados (Los casos de Julio Barral 8) CAPÍTULO 21
55%

CAPÍTULO 21

La versión para Martina

El fotógrafo pronunció el nombre de Martina antes de que Clara cerrara la verja del colegio.

—¿Es cierto que Nora Beltrán murió por investigar a Julio Barral?

La cámara se levantó por encima de los padres. Martina apretó mi mano. El frío de sus dedos atravesó el guante. La luz rebotaba en la fachada de piedra.

Di un paso hacia el objetivo.

—No la grabes.

—Estamos en la calle.

Mi mano alcanzó el borde de la cámara. No la agarré. Bajé el brazo y me coloqué delante de Martina.

Clara abrió la verja.

—Dentro.

Laura tiró de Martina hacia el patio. Lucas se quedó a mi lado con el teléfono levantado. No enfocaba al periodista. Me enfocaba a mí.

—¿Nora tenía pruebas de que usted fue condenado para encubrir muertes en prisión?

El fotógrafo acercó el objetivo. Podía apartarlo. Podía romperlo. También podía regalarle la imagen que había venido a buscar.

Me volví hacia Lucas.

—Entra con ellas.

—Estoy grabando.

—Ya lo veo.

—Por si luego dicen que les amenazaste.

La frase no llevaba reproche. Solo precaución. Retrocedí hasta la verja.

—No voy a responder delante de un colegio.

—¿Niega que Nora iba a reunirse con usted?

Cerré la puerta metálica. El golpe dejó fuera la siguiente pregunta.

Martina esperaba en el vestíbulo. Laura le había quitado la mochila y Clara hablaba con el conserje. Dos madres nos observaban desde el pasillo.

—¿Por qué sabe mi nombre? —preguntó Martina.

Me agaché para subirle la cremallera del abrigo. Se atascó a la altura del pecho.

—Porque ha leído una noticia.

—¿La de la mujer muerta?

Laura tocó su hombro.

—Ahora tienes clase.

—Ha preguntado por mí.

La cremallera cedió. Me raspé un nudillo contra el plástico.

—Esta tarde hablamos.

Martina miró a Clara.

—¿De verdad?

Clara sostuvo la puerta del aula.

—Estaremos todos.

Asentí. Martina entró sin soltarme hasta que la profesora pronunció su nombre. Sus dedos se separaron uno a uno.

Lucas guardó el móvil.

—No lo has tocado.

—No.

—Te ha provocado.

—Sí.

Esperó una explicación. Me limpié la sangre del nudillo.

—Guarda el vídeo.

—¿Para qué?

—Por si luego digo que no estuve a punto.

Clara terminó de hablar con el conserje.

—Los niños saldrán por la puerta lateral.

—No debería hacer falta.

—Pero hace falta —dijo Laura.

El teléfono de Clara vibró. Abrió la noticia y me mostró el titular.

LA PERIODISTA ASESINADA QUE INVESTIGABA AL EXPOLICÍA JULIO BARRAL.

Debajo aparecían mi fotografía de la condena y otra de Nora. El artículo estaba firmado por Rafael Navas, director del Diario Central. Citaba el correo de Nora, su agenda y la solicitud presentada al juzgado.

Víctor había dicho que no publicarían nada.

Marqué su número. Clara cubrió la pantalla.

—No desde aquí.

Guardé el teléfono.

—Voy a hablar con él.

—Después de hablar con Martina —dijo Lucas.

El timbre sonó detrás de la puerta. Nadie se movió hasta que terminó.

A las cinco, la noticia ya tenía otro título.

JULIO BARRAL, EL CONDENADO AL QUE NORA BELTRÁN QUERÍA ENTREVISTAR ANTES DE MORIR.

La televisión estaba apagada. Lucas había guardado los mandos y Laura retiró las tabletas de la mesa. Martina entró con una cartulina doblada bajo el brazo.

—No quiero merendar.

Clara colocó un vaso de leche delante de ella.

—No es obligatorio beber mientras preguntas.

Martina se sentó en el suelo. Yo elegí la silla más baja, frente a ella.

—La mujer se llamaba Nora —dije.

—Ya lo sé.

—Investigaba cosas que pasaron en varias prisiones y quería hablar conmigo de David.

Martina dobló una esquina de la cartulina.

—El hombre ha dicho que murió por ti.

—Ha preguntado si murió por mí.

—Es lo mismo cuando lo dice así.

Lucas apoyó la espalda contra la pared. Clara no lo corrigió.

Puse las manos sobre las rodillas.

—No sé por qué la mataron.

—Pero iba a verte.

—Sí.

—Y ahora está muerta.

La leche tembló cuando Martina empujó el vaso. Laura lo sujetó antes de que cayera.

—Las dos cosas son verdad —dije—. No sé si una causó la otra.

—¿La conocías?

—No. Habíamos quedado para hablar y desapareció antes.

—Entonces no era tu amiga.

—No.

—¿Y por qué sales con ella?

No encontré una versión pequeña. El titular seguía abierto en el teléfono de Clara. Mi fotografía ocupaba más espacio que la de Nora.

—Porque estuve en la cárcel por la muerte de David.

Martina dejó de tocar el papel.

—Pero tú no lo mataste.

—No.

Lucas cambió el peso de un pie al otro.

—La noticia dice que eras violento —dijo Martina.

Clara miró hacia Lucas. Él negó haberle enseñado el artículo.

—Lo ha dicho una madre —explicó Laura—. En la salida lateral.

El cuello de la camisa empezó a apretarme. Aflojé un botón.

—Hice cosas violentas.

Martina levantó la cara.

—¿Mataste a alguien?

—No.

—Entonces no pongas esa cara.

Apoyé los codos en las piernas.

—Golpeé a personas cuando ya podía haber parado. Entré en sitios sin permiso. Amenacé. También oculté cosas a vuestra madre, a Laura y a vosotros.

Lucas se separó de la pared.

—Eso último no aparece en los informes.

—Debería aparecer en lo que os cuente yo.

Clara cogió el vaso y limpió una gota del borde. Laura no levantó la vista.

Martina abrió la cartulina. Había dibujado cinco figuras junto a una casa. Una estaba fuera, debajo de una nube negra.

—¿Ese eres tú? —pregunté.

—Era Nora.

La punta del rotulador había atravesado el papel en la cara de la figura.

—Una niña ha dicho que las personas que hablan contigo acaban muertas.

El aire entró por la ventana mal cerrada. La cartulina se movió entre sus manos.

Me senté en el suelo. La rodilla golpeó la alfombra.

—Eso no es verdad.

—David murió.

—Sí.

—Nora también.

—Sí.

—Entonces son dos.

No alargué la mano.

—No sé todavía quién mató a Nora ni todo lo que pasó con David. Sé que estuve allí. Sé que cometí errores. Y sé que otras personas usaron esos errores para contar una historia que les convenía.

Lucas se acercó a la mesa.

—¿Qué historia?

Lo miré. Nunca había recibido las partes en orden.

—Que yo era el único capaz de perder el control. Que nadie necesitaba buscar más.

—¿Y lo eras?

Clara dejó el vaso. El cristal golpeó la madera.

—Lucas.

—Ha dicho que respondería lo que sabe y lo que no.

La antigua herida de la palma empezó a picar. Abrí la mano sobre la alfombra.

—Era capaz de perderlo. No era el único.

—Eso no responde a si podían creerte culpable.

—Sí. Podían.

Martina arrancó la figura de Nora por el borde. El papel se rasgó hasta la casa.

—¿Porque eras malo?

—Porque había hecho cosas malas y otras personas quitaron todo lo demás.

—Eso lo hace Lucas cuando cuenta que le empujé.

Lucas abrió la boca. Laura le tocó el brazo.

—No es igual —dije.

—Pero quita cuando me quitó el juguete.

—Sí. Eso sí es igual.

Martina encajó el trozo roto sobre la cartulina. No se sostenía.

—Entonces cuenta todo.

Cogí el teléfono. Clara deslizó hacia mí la noticia. El director del periódico había añadido un avance.

MAÑANA: LOS INFORMES QUE CONVIRTIERON A BARRAL EN EL SOSPECHOSO PERFECTO.

Pulsé el contacto de Robles y puse el altavoz. Contestó al primer tono.

—Lo he visto —dijo.

—Van a publicar mis informes.

—No los que tenemos nosotras. El periódico conserva copias anteriores.

—¿Cuántas?

Se oyó una puerta al otro lado. Después, el roce de una carpeta.

—Las suficientes para construir una versión. No para entenderla.

Miré a Lucas. Había abierto el portátil, pero mantenía las manos fuera del teclado.

—Quiero el expediente completo.

—La jueza acaba de autorizar que lo consultes mañana. Solo tú, conmigo y con Vega.

Martina empujó hacia mí el dibujo roto.

—No.

Robles guardó silencio.

—¿Qué has dicho? —preguntó Clara.

Puse el teléfono sobre la mesa.

—Que no voy a leerlo solo.

Lucas cerró el portátil.

—Yo no puedo entrar.

—No.

—Entonces saldrás y nos contarás lo que te deje mejor.

No apartó los ojos.

—Como siempre.

El borde de la mesa se clavó en mis dedos. No los retiré. Laura apagó la pantalla del teléfono y Clara dejó la noticia boca abajo despacio.

Cogí la cartulina de Martina y uní las dos partes sobre la mesa. La rotura seguía visible.

—Esta vez os contaré primero lo que me deje peor.