Capítulo 43
R oger
Grito tan fuerte como puedo. —¡Sarah! ¡Abre la puerta!
¡Ábrela ahora! ¿Qué demonios estás haciendo?
—Empiezo a darle patadas con furia. Como no la oigo, comienzo a embestir la puerta con el cuerpo.
No cede ni un milímetro. Doy un paso atrás y le doy la patada más fuerte que puedo, pero lo único que consigo es hacerme daño.
—¡Sarah! ¡Abre esta puerta ahora mismo! ¡O te arrepentirás!
Oigo un sonido metálico y bajo la vista: la trampilla de metal se ha abierto.
—Se supone que no debo hablar contigo —me dice Sarah con frialdad.
—¿Qué demonios significa eso? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué te ha pasado?
De repente, un trozo de papel se cuela por la abertura. La ranura de metal se cierra. Intento empujarla, pero no cede. Respiro hondo y cojo el papel.
En él hay una figura de palitos en lo alto de una escalera. En la parte de abajo aparecen dos figuras de palitos con el ceño fruncido. —¿Sarah? —digo, desconcertado—. ¿Esto es de Gracie? ¿Somos nosotros? —Miro la figura de palitos en lo alto de las escaleras y caigo en la cuenta de quién es.
La luz sobre mí se apaga.