Capítulo 42
S arah
—¿De quién es esa sangre? —digo, señalando a Annie.
Ella sonríe. —Pertenecía a un hombre malo. Un hombre muy malo.
Me tapo la boca de nuevo. —¿Lo has matado? ¿A Roger?
Suspira. —¿Todavía te importa? ¿Cómo? Después de todo lo que me contaste. De lo poco que le importas a él. —Me apunta con el cuchillo. Cuando doy un paso atrás, suaviza la expresión. —Lo siento. —Lo aparta de nuevo.
—Ha hecho cosas terribles, sí, pero no quiero que muera.
Niega con la cabeza. —No, tonta. Eso lo haré yo por ti.
—Sus ojos muertos la hacen parecer casi demoníaca.
—Eso es lo que quería decirte. Esto termina con él.
Roger «fue un accidente» Bradshaw. Lo mataré —dice, agitando el cuchillo por el aire—, y entonces te irás.
—Se ríe. —Será justo como Madre habría querido.
Annie baja de repente el cuchillo al mencionar a su madre.
—No, Annie, no puedes hacerle eso —digo.
Sus ojos se endurecen y me mira fijamente con intensidad. —¿Por qué no? No te merece. Desde luego no merece a Gracie. Si te dejo marchar, volverás directamente con él. ¡No habrás aprendido nada!
—Lo que tu padre te hizo fue terrible. Pero matar no va a mejorar las cosas. No las ha mejorado para ti, ¿verdad?
Hace una pausa antes de levantar la hoja hacia mí. En ese momento Gracie abre la puerta ligeramente. —Mami, ¿vas a volver? —pregunta.
Cierro la puerta intentando no golpearla con ella. De ningún modo puedo dejar que vea lo que está pasando, ni la sangre que cubre a su maestra de la guardería.
—Espera dentro, cariño —le digo. Miro a Annie Meadows y temo que esta pueda ser la última vez que hable con mi hija. —Gracie —abro la puerta ligeramente para ver su carita. Ella se gira hacia mí. —Te quiero. Mamá te quiere muchísimo. Recuérdalo siempre, pase lo que pase.
Gracie me devuelve la sonrisa. —Eres tonta, mami. Siempre me estás diciendo que me quieres.
Cierro la puerta y miro a Annie. —Solo no le hagas daño a ella, ¿de acuerdo? —Me tapo la boca de nuevo y espero aterrorizada a que me clave la hoja.
Cuando miro a Annie, sus ojos llenos de rabia se han suavizado. El cuchillo ha bajado, y parece a punto de echarse a llorar.
—La he perdido hoy —dice de repente. —A Madre. Ha muerto. —Respiro hondo. Annie gira el cuchillo en su mano sosteniéndolo por la punta. —Toma —dice. —Cógelo. Por favor, cógelo.
Cojo el cuchillo rápidamente. La sangre del mango me mancha las manos.
Lo que dice a continuación me aterra.
—Mátame —dice en voz baja. —¿Por favor? Déjame estar con Madre. Ya no sirvo para esto. Nunca debí haber cogido a Gracie. Nunca debí haberle hecho eso a ella. Nunca debí haberte hecho pasar por esto. Nunca debí haber ayudado a Madre con ninguno de los niños. Nunca debí haber nacido siquiera… Mátame.
—Annie, para.
Empieza a llorar y baja la cabeza. —Solo quería que esa niña no pasara por lo que yo pasé.
No quería que estuviera rota. Mira lo que me ha hecho a mí.
Haría cualquier cosa por evitar que le hicieran daño.
Ninguno de ellos merecía que le hicieran daño.
—Baja la cabeza y solloza sin control. Casi me recuerda a cómo se ve Gracie cuando está triste.
No sé bien qué es. La mujer que tengo delante está cubierta de sangre. Acabo de quitarle un cuchillo. Pero a pesar de todo, la compadezco.
Yo tampoco quería que mi niña estuviera rota. Por primera vez, me doy cuenta de que yo llevo un tiempo estando rota .
De un modo extraño, Annie Meadows me ha salvado.
Suelto el cuchillo y doy un paso hacia ella. —Está bien, Annie. —La rodeo con los brazos y la abrazo con fuerza.
—Echo de menos a mi madre —dice, llorando sobre mi hombro. —Ojalá nada de esto hubiera pasado.
—Todo va a ir bien, Annie —le digo. —Gracie nunca estará rota. Tiene a su madre para mantenerla a salvo a partir de ahora. No tienes que preocuparte. Entiendo por qué hiciste esto.
Cuando levanto la vista, veo a Roger acercándose sigilosamente por detrás de ella.
Antes de que pueda decir una palabra, se abalanza sobre nosotras. Empuja a Annie con fuerza. La veo caer, con la cabeza golpeando violentamente contra el lado de la mesita. Roger se planta sobre ella y le propina un puñetazo brutal en el costado.
Empujo a mi marido y le grito que pare. Él también me empuja a mí y mi cara choca contra la pared de cemento. Grito de dolor.
Roger no detiene su ataque contra Annie.
—¡Roger! —grito. —Para, ya.
Por fin se gira hacia mí, con los ojos llenos de rabia. —¿Pero qué demonios estás haciendo?
—¡Deja de hacerle daño! —digo. Da un paso hacia mí y, por una fracción de segundo, temo lo que hará a continuación. Señalo la habitación. —¡Gracie está ahí!
Los ojos de Roger se suavizan y corre de inmediato hacia la puerta intentando abrirla.
Me quedo mirando a Annie Meadows en el suelo. No se mueve. Un charco de sangre se extiende cada vez más bajo su cabeza.
Me doy cuenta de que está muerta.
Ahora está con su madre.
Miro a Roger con mis propios ojos llenos de rabia.
Mi marido por fin abre la puerta y entra en la habitación oscura. —¿Dónde está el interruptor? —exige. Lo enciendo desde fuera. Mira a su alrededor y luego me mira a mí, confundido. —¿Dónde está Gracie?
En lugar de responderle, doy un portazo y cierro con llave desde fuera.