Madre e Hija Capítulo 41
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Capítulo 41

R oger

El investigador privado cumplió con su parte. Me proporcionó la dirección de Annie con rapidez.

Por segunda vez hoy, conduzco hacia una casa sin tener la menor idea de lo que haré cuando llegue. Lo último que quiero es hacerle pasar a Annie Meadows lo que le hice al padre de Jeremy.

Aunque el Detective Falls me dijo que sobrevivirá, sigo sin poder quitarme de encima lo que mis actos le hicieron a ese hombre.

Cuando llegue a casa de Annie, las cosas serán distintas.

Al fin y al cabo, Annie es una mujer menuda como un palillo. No puedo irrumpir en su casa así como así, aunque me resultaría muy fácil hacerlo. Le saco fácilmente veinte kilos.

Por la forma en que Gracie habla de ella, cualquiera diría que es una segunda madre. Gracie parece tenerle un cariño genuino a su maestra de la guardería.

¿En qué mundo tendría sentido que Annie se la hubiera llevado?

Sigo creyendo en el fondo de mi corazón que Jeremy está detrás de todo esto. Necesito encontrar a Sarah, y después volveré a centrarme en ese depravado. Lo seguiré. Adonde vaya, estaré yo.

Que le den al Detective Falls.

Si hace falta, alquilaré un coche. Necesito mejorar en lo de seguir a la gente. He pensado en contratar al investigador privado que he utilizado para vigilar a Jeremy. Pero si ese pervertido tiene a Gracie, no quiero meter a nadie más en lo que pueda llegar a hacer.

Según me acerco a la casa de Annie Meadows, reduzco la velocidad hasta distinguir su dirección. Aparco en la calle. Una vez más, no tengo ningún plan. Llamaré a la puerta principal. ¿Qué otra cosa puedo hacer?

No voy a volver a entrar en ninguna casa a la fuerza. No después de lo del anciano. No quiero asustar a una mujer menuda como Annie Meadows. Ella y el padre de Jeremy podrían acabar compartiendo habitación en urgencias si lo hago.

Subo los escalones hasta su puerta principal. Al llegar al porche, piso algo resbaladizo que casi me hace caer. Miro hacia abajo, pero no logro distinguir qué es. Cuando doy otro paso, se enciende una luz automática que me ilumina a mí y al porche.

Ya veo una luz encendida dentro y sé que debe de estar en casa. Hay muchas posibilidades de que ya me haya visto.

Estoy a punto de llamar a la puerta cuando bajo la vista y veo lo que estuvo a punto de hacerme caer.

Unas huellas ensangrentadas arrancan desde los escalones del porche y llegan hasta la puerta principal.

—¿Qué demonios? —Me asomo por la ventana, pero no veo ningún movimiento.

Algo va muy mal. ¿En la sangre de quién he pisado?

Me asomo por las otras ventanas del porche delantero, pero no veo nada. Veo una ventana del sótano bajo el porche con la luz encendida. Algo me impide ver del todo la habitación, sin embargo.

Me arrodillo en el suelo y hago todo lo posible por mirar hacia dentro. Cuando lo hago, me quedo completamente paralizado.

Sarah tiene la boca tapada. A su lado está Annie Meadows. El vestido blanco de la maestra de la guardería está cubierto de manchas rojas. En la mano sostiene un gran cuchillo de cocina.

Salgo corriendo hacia la puerta principal de inmediato. Cuando giro el pomo, se abre.