Capítulo 29
S arah
Estoy sentada en el coche, esperando. Llevo horas esperando.
A veces uno sabe que algo no encaja, y mis tripas me gritan que Annie Meadows es mucho más que una maestra de la guardería rara.
Siempre hubo algo en ella que me molestó. En parte era lo bien que se llevaba Gracie con ella. Era como si me diera envidia que Annie fuera mejor madre que yo.
Sacudo esos sentimientos. Algo no cuadra.
Fue la última persona en ver a Gracie. Aunque no encuentro manera de explicar por qué Annie seguía apareciendo en las grabaciones de las cámaras de la guardería incluso después de que Gracie fuera vista por última vez.
Si Annie ayudó a Gracie a salir del edificio, ¿no habrían salido al mismo tiempo?
Luego encontré el lazo del pelo en el callejón. Annie vive cerca de allí.
Le supliqué a la Detective Falls que investigara esto con más profundidad. Me explicó que un agente ya habló con Annie anoche. Eso no es suficiente. La detective dijo que lo investigaría más; llamadme loca, pero no me fío de que lo haga.
La Detective Falls y Annie se conocen.
Roger cree que estoy obsesionada. Annie Meadows es una joven extraña, lo reconoce, pero no ve lo que yo veo. Él no tiene el mismo instinto que yo. El suyo lo lleva por un camino distinto.
Lo mismo que estoy yo con Annie Meadows, lo está él con ese ex convicto. Aunque es difícil rebatir su lógica. Un depredador infantil tiene más sentido que una maestra de la guardería.
Mientras estoy sentada en el coche mirando fijamente el edificio, sé que me estoy pasando de la raya. He vuelto a mis recursos de investigador privado de siempre.
Annie Meadows tiene algo que ver con la desaparición de Gracie.
Lo sé. Sencillamente no tengo ninguna prueba.
No sé nada de esa joven. No sé dónde vive.
Solo sé que tiene una sonrisa inquietante, que lleva vestidos con estampados infantiles ridículos todos los días y que está obsesionada con mi hija.
Aunque sí sé algo de su madre. Está enferma, agonizando en realidad. En un centro de cuidados paliativos, esperando exhalar su último aliento.
Solo hay un centro así en la ciudad. Llamé y pregunté si había una Srta. Meadows ingresada allí. Me confirmaron que sí, y rápidamente pregunté cuál era el horario de visitas y colgué. Por suerte, la recepcionista no me pidió el nombre de pila de la madre de Annie.
Desde esa llamada, llevo sentada en el coche aparcado cerca del hospital. Han pasado más de dos horas. Tengo hambre, sed y ganas de hacer pis. Nada de eso importa hasta que vea a esa mujer tan torpe pasar en bicicleta.
En cuanto la vea, la seguiré hasta su casa. Sabré dónde vive. Entonces podré hacer mi propia investigación.
Me suena el teléfono y lo cojo enseguida.
—¿Dígame? —digo, sin apartar la vista de la calle.
—Soy la Detective Falls.
—¿Ha vuelto a hablar con Annie? —pregunto.
—Sí —dice—. Incluso registré su casa. Gracie no está allí.
—¿Le dejó registrar su casa? —digo, desconcertada.
—Así es —dice la detective—. Sé que tiene sus reservas sobre la Srta. Meadows, pero espero que esto las disipe.
Me doy cuenta de que he dejado de respirar y tomo una gran bocanada de aire. —Bueno, eso no significa nada. Podría tenerla retenida en otro sitio.
Casi puedo oír suspirar a la detective al otro lado del teléfono. —De verdad que no creo que Annie Meadows tenga nada que ver con lo que ha pasado, Sarah.
—Claro que no —digo—. Es íntima amiga de su madre, ¿verdad?
—He hecho lo que me pediste —dice—. Lo he investigado más. Es un callejón sin salida. Creo que tenemos que centrarnos en otras cosas.
Una amplia sonrisa se me dibuja en la cara cuando diviso a una mujer en bicicleta que viene por la calle. Annie Meadows aparca la bici en un soporte a las puertas del edificio.
—Céntrese en esas cosas —le digo a la detective—. Yo haré mi propia investigación. —Corto la llamada antes de que pueda decir una palabra más.