Capítulo 24
S arah
Desde el dormitorio, oigo gritos amortiguados en el exterior. De algún modo he conseguido dormirme a pesar del caos que me rodea. Roger ya no está en la cama a mi lado.
Entonces le oigo maldecir fuera del dormitorio.
Me levanto de la cama y abro la puerta con sigilo. Camino despacio hacia la cocina mientras absorbo cada palabra que oigo de mi marido. Me aterra que cualquier novedad sea mala.
Lo que sea que esté pasando ahora no pinta bien.
—¿Qué quieres decir? —grita al móvil—. ¿Cómo puede pasar eso?
—Me mira, y su cara furiosa se suaviza al verme.
Aprieta el labio inferior y se gira—. ¿Cómo es posible que nadie en esa zona haya visto a una niña de cuatro años caminando sola por un callejón?
—Se detiene y escucha un momento antes de sacudir la cabeza—.
Dime la dirección de ese tipo. ¡Yo mismo lo registro!
—Vuelve a hacer una pausa y entonces su cara estalla de rabia.
Cuelga la llamada y lanza el móvil contra el sofá.
—¿Qué ha pasado? —pregunto, desconcertada.
—Han hablado con ese cerdo. Jeremy Timmons. La Detective Falls dice que no han podido conseguir una orden para registrar su casa, y el muy cabrón dice que no hablará con la policía. No les ha dejado registrar sin una orden judicial. ¿Te lo puedes creer?
—¿Qué ha dicho la Detective Falls? ¿Cómo van a encontrar a Gracie?
—Seguirán recogiendo pruebas en el callejón.
Si aparece algo nuevo que apunte hacia ese pedazo de basura enfermo, podrá conseguir una orden para registrar su propiedad.
Dice que no ha podido lograr que ningún juez firme una orden porque el lazo estaba demasiado lejos de su domicilio.
Mientras tanto, tienen vigilada su propiedad y están hablando con sus vecinos. Nadie ha visto a Gracie, eso sí.
Pienso en la entrada trasera del bar cuando estaba en el callejón. —¿Y las grabaciones de las cámaras del callejón? Tienen que haber grabado algo de ella, ¿no?
Mi marido sacude la cabeza. —Falls ya ha hablado con el bar. Esa cámara no funciona. Solo tiene valor disuasorio. Así que no tenemos nada.
Pasa junto a la mesa y de un manotazo tira el salero. Sale volando por la habitación, lo que me recuerda al plato que corrió una suerte similar no hace mucho.
Roger respira hondo. —¿Cómo demonios desaparece así una niña pequeña? —Se apoya demasiado en la mesa y esta se desplaza por el suelo. Roger se incorpora intentando recuperar el equilibrio.
De repente Roger me mira y va al salón, coge varias fotos de la mesita de centro.
Vuelve y las deja caer sobre la mesa de la cocina, haciéndome señas para que me acerque.
—Echa un vistazo —dice. Las revuelve y coge una.
—Él. Este es el tipo. Jeremy Timmons. ¿Te acuerdas de él?
No me estoy volviendo loco, ¿verdad? Vi a este hombre en el parque el día que te traje las flores. ¿Lo recuerdas?
Miro la foto. Me fijo en su cara dura y en su nariz. De inmediato siento una incomodidad hacia él, pero no lo recuerdo.
Niego con la cabeza a regañadientes. —No creo. No estoy segura.
El labio inferior de Roger se endurece de nuevo. —Pues yo sí. Lo vi. Estaba allí. Sentado en el banco como el perturbado que es.
—¿A esta clase de personas no se les prohíbe estar cerca de parques o colegios?
Roger asiente. —La Detective Falls dice que vive justo lo bastante lejos como para quedar fuera de las zonas en las que se supone que no puede estar. También niega haber estado en el parque, pero yo lo vi. —Me señala con un dedo firme.
Le cojo la mano e intento consolarlo. —Te creo. ¿Qué hacemos?
—Voy a averiguar dónde vive esa escoria. Le echo la puerta abajo si hace falta. Me da igual lo que me haga la policía después. Me da igual lo que cueste. —Me mira, con la cara llena de rabia y los ojos húmedos—. Cueste lo que cueste, vamos a encontrar a Gracie.