Capítulo 17
R oger
—No —digo—. ¿Se suponía que tenía que recogerla yo?
—La guardería dice que la recogiste hoy —dice Sarah, con la voz tensa.
—No —repito—. He estado trabajando todo el día. Acabo de salir. Voy conduciendo a casa ahora mismo. No fui a la guardería en ningún momento.
—No está aquí —dice Sarah, frenética.
—¿Qué quieres decir?
—¡Gracie no está aquí! Gracie no está en la guardería. Creían que la habías recogido tú.
—Voy para allá —digo. Doy la vuelta al coche. Sarah me mantiene al teléfono mientras la oigo hablar con otra mujer.
—Mi marido no la tiene —dice.
—La Srta. Meadows dice que cuando se fue, Gracie seguía aquí —dice la mujer—. ¿A lo mejor sigue aquí?
—¿Quién es esa? —pregunto, sintiendo cómo empieza a hervir la rabia dentro de mí.
—Mabel —dice Sarah—. La supervisora de la guardería. Quiere echar un vistazo por las otras habitaciones.
Colgamos y acelero aún más hasta que por fin llego. Empujo la puerta de la guardería, pero está cerrada con llave. Aporreo las ventanas hasta que una mujer mayor me abre.
—¿La habéis encontrado? —pregunto de inmediato—. ¿Está aquí?
Sarah baja por el pasillo despacio, con las lágrimas cayéndole por la cara. —No está aquí, Roger.
—¿Qué? ¿Cómo puede haber pasado esto? —miro a la supervisora con los ojos encendidos de furia, exigiendo respuestas. La mujer mayor parece a punto de encogerse y desvanecerse ante nosotros.
Por suerte, la puerta vuelve a abrirse y entra Annie Meadows.
—Menos mal que estás aquí —dice Sarah.
Mabel toma la palabra primero. —No encontramos a Gracie en el edificio. ¿Estás segura de que no la viste marcharse antes de que te fueras tú?
Annie me mira a mí y a mi mujer. Su aura habitual, tan animada y peculiar, ha desaparecido. —Seguía aquí cuando me fui.
—No lo entiendo —exclama Sarah—. Vosotros tenéis todo un protocolo para recoger y dejar a los niños. Annie, me lo dijiste tú misma esta mañana. ¿Cómo ha podido marcharse sin que nadie se diera cuenta?
Annie mira a mi mujer con la boca cerrada, como si no encontrara palabras para explicar lo sucedido. Al final logra dar con algunas, mirando a su jefa. —Cuando te avisé de que me marchaba, te dije que aún quedaban niños, ¿recuerdas?
—Sí —dice Mabel—. Mencionaste a Gracie y al otro niño.
—Entonces, ¿qué pasó después? —exijo saber.
—Entró una llamada en el despacho —dice Mabel—. Solo me ausenté un momento.
—Claro —dice Annie—. Fue entonces cuando me fui yo. Pero vi su coche, señor Bradshaw. Normalmente, los niños saben que no deben salir sin que estemos presentes. Aunque parece que ella sí lo hizo.
—¿De qué demonios estás hablando? —digo—. Yo no estaba aquí.
—Voy a mirar en el patio de recreo —dice Sarah—. Puede que siga fuera. —Casi me derriba al salir.
Miro a la mujer mayor y a la Srta. Meadows con incredulidad. —¿Dónde está mi hija?
Mi peor pesadilla se confirma cuando Annie responde a la pregunta con sinceridad. —No lo sabemos.