Madre e Hija Capítulo 13
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Capítulo 13

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He decidido no visitar a mi madre hoy después del trabajo.

A diferencia de ayer, cuando sentí la necesidad de verla, hoy habría dado cualquier cosa por estar lo más lejos posible.

No quería ni mirarla. A pesar de no querer pensar en ella, estoy en la cama con mi diario firmemente sujeto entre las manos.

Llevo aquí tumbada lo que me parece una eternidad, paralizada en el tiempo. He querido abrir mi diario, pero algo casi sobrenatural me lo ha impedido.

Por fin consigo abrir la primera página.

Es una foto antigua que saqué con una cámara que mi madre me compró de pequeña.

Mamá nos hizo una foto a las dos, después de recogernos el pelo en coletas.

Las dos sonreímos. Es una foto preciosa, pero qué lástima que nadie entienda lo que ocurrió después de que se tomara.

La realidad de lo que era vivir en aquella casa con mi madre.

Yo sí lo sé, en cambio.

Las páginas siguientes me recuerdan exactamente lo que hizo. Hay titulares de periódico grapados en ellas.

—La familia Borden sigue desaparecida. Se sospecha juego sucio.

—La familia pide ayuda para encontrar a una madre y su hijo, que siguen desaparecidos.

Me detengo en una página con otro titular. —Hallan el cadáver de una persona desaparecida. Paso la página rápidamente. Ese era uno que no quería leer.

Recuerdo lo que ocurrió el día en que mi madre leyó ese artículo.

Yo era bastante mayor por entonces. Fue poco después de que Madre dijera que lo iba a dejar.

Tenía miedo de que la pillaran. Pero mintió.

Continuó. Ni siquiera el miedo a que las autoridades encontraran el cadáver en descomposición de lo que ella había hecho pudo detenerla.

Luego llego a la última página de periódico de mi diario.

Fue el último que se llevó. Yo tenía casi dieciséis años por entonces.

Leo el titular y miro la foto del niño desaparecido.

Solo tenía tres años. Apenas podía entender lo que estaba pasando.

Un niño guapo, de ojos castaños claros, lleno de vida.

Incluso cuando estuvo encerrado en nuestro sótano, solo, casi no lloraba.

Pasé mucho tiempo con él. Pienso en los dos leyendo libros bajo el sol amarillo sonriente. Leímos muchísimos libros. Se quedó con nosotras muchas noches.

Madre al final sí lo dejó. Se negó a decirme por qué.

Gracias a Dios, aquello fue el fin de todo.

Ahora es distinto. Es como si los impulsos que Madre sentía hacia los niños me los hubiera traspasado a mí.

No soy mi madre, me recuerdo a mí misma.

Entonces, ¿por qué no puedo dejar de pensar en Gracie Bradshaw? ¿Por qué no puedo dejar de imaginarme leyendo con ella bajo el sol sonriente en mi sótano?

Me imagino arrancando otro recorte de periódico y añadiéndolo a mi diario, solo que esta vez es por algo que he hecho yo.

No podré seguir culpando a Madre por lo que ha hecho si yo hago lo mismo.

Madre nunca habría elegido a Gracie. Nunca se elige a un niño que conoces personalmente. Así es como te pillan.

Era una norma. Una de las muchas que tenía Madre. Antes de que lo dejara, intentó adiestrarme en sus métodos. Lo que ella no sabía es que yo nunca pensaba usarlos, hasta que conocí a Gracie.

Pienso en ella y en cómo juega sola. Es exactamente como era yo a su edad. Pienso en Sarah Bradshaw. Se parece a tantas otras madres. Le interesa más ella misma que su hija. No le importa lo que le ha pasado a su hija. No le importa que esté rota.

A mí sí.

Nunca elijas a un niño que conozcas.

Es como si pudiera oír las palabras de mi madre saliendo directamente de su boca.

Imposible, claro. Ahora apenas puede articular nada.

Bajo el diario que tengo en la mano.

—Si rompes las normas, te pillan —digo en voz alta.