Capítulo 9
S arah
Hoy ya llevo un retraso considerable. Me he retrasado preparándome.
Me he retrasado llevando a Gracie a la guardería.
Tenía tan poco tiempo que estuve a punto de desabrocharle el cinturón y abrirle la puerta para que bajara del coche sola y entrara.
Cuando Gracie pareció no entender bien lo que quería que hiciera, tuve que recordarme lo pequeña que es y la acompañé hasta el edificio.
Annie Meadows me esperaba dentro. Tenía esa sonrisa extraña que siempre lleva pegada en la cara mientras Gracie corría hacia ella.
Las dos se cogieron de la mano cuando Annie la llevó a la habitación donde estaban el resto de los niños.
Aunque iba tarde, las observé un momento.
Había algo en la forma en que recorrieron juntas el pasillo corto que me inquietó.
Gracie ni siquiera se despidió de mí antes de irse con Annie. Al darme cuenta de que me había quedado boquiabierta y sola en la guardería, recordé el retraso que llevaba.
Esta mañana tengo una reunión importante con mi antigua jefa. Gracie fue un embarazo sorpresa para Roger y para mí. Solo llevaba un mes trabajando en JJ Insurance cuando me enteré. No tenía derecho a la baja por maternidad, así que no me garantizaban el puesto cuando quisiera volver.
Sin embargo, después de tener a Gracie, Roger y yo decidimos que me quedaría en casa unos años hasta que ella empezara la guardería.
A veces me odio por esa decisión. Mi hija probablemente se habría beneficiado de la interacción social antes. Ahora era esa niña solitaria que se mantenía apartada del grupo.
Yo era igual. Cuando la veo, no puedo evitar pensar en mí misma cuando era pequeña.
Me llevó años encontrar amigas. Ahora tengo treinta y tantos y no tengo ninguna amiga. ¿Cómo voy a ayudar a mi hija con sus habilidades sociales si yo misma no las tengo?
Ahora que Gracie está en la guardería, las cosas irán mejor. Hará amigos con el tiempo, igual que los hice yo.
Y yo también, en cuanto vuelva al trabajo. La reunión de hoy es para hablar de mi vuelta a JJ Insurance. Me sorprende que mi antigua jefa se haya molestado siquiera en recibirme. Hace años que no trabajaba allí.
Supuse que era una buena señal. La reunión en sí es aún mejor.
Recupero mi antiguo puesto. Puedo empezar en dos meses.
Mi antigua jefa, que vuelve a serlo ahora, dice que coincidirá con la próxima sesión de formación para nuevas incorporaciones, y quiere que empiece de cero.
Muchas cosas han cambiado desde que me fui y quiere que tenga todas las herramientas para tener éxito.
Me siento eufórica de alegría. Los años como ama de casa fueron agradables, pero en gran parte resultaron solitarios y tenía la sensación de que solo contaba con Roger en mi vida.
Ahora mis días estarán llenos de conversaciones con adultos de verdad. No es que no me encantara hablar con mi niña, pero estoy lista para volver a quedar a comer y tomar café con compañeras de trabajo.
Siento que empieza un nuevo capítulo en mi vida.
Después de la reunión, decido visitar a mis padres.
Quiero contarle a mamá la buena noticia.
Aparte de Roger, mi madre ha sido la única fuente de conversación adulta durante estos últimos años.
Ella me diría que no es así, pero sé que se disgustó un poco cuando le dije que volvería a trabajar y que Gracie empezaría la guardería.
Mamá quería que Gracie se quedara en su casa durante el día. Le agradecí el ofrecimiento, pero le expliqué que era importante que Gracie se acostumbrara a estar rodeada de más niños. Además, mamá tenía que cuidar a papá ahora.
Desde su ictus, hace casi dos años, no es más que una sombra del hombre temible que fue.
El ictus le arrebató la movilidad y el habla.
Ahora mamá tiene que cuidarle por completo.
Aunque tampoco es que sea muy diferente a antes.
Ella lo hacía todo por ese hombre, pero no lo parecía por cómo le hablaba.
Cuando las cosas no se hacían de cierta manera, es decir, a su gusto, te enterabas. Ahora no se oye nada. Mamá suele colocarlo junto a la ventana durante el día, o cerca del televisor viendo deportes.
Aunque no estoy segura de si realmente los ve, salvo por algún gruñido ocasional que suelta.
Es triste reconocerlo, pero visitar a mis padres se ha vuelto mucho más llevadero ahora que él no puede decir ni una palabra.
Una vez le sugerí a mi madre que tal vez él debería ingresar en una residencia de ancianos. Se negó. Dijo que todavía podía cuidarle ella. No trabajaba. Tenían suficiente dinero para vivir con comodidad. Lo mínimo que podía hacer era atender las necesidades de su marido.
Puede que me haya vuelto demasiado resentida por haber vivido con ese hombre tanto tiempo como viví, pero no sé si yo sería capaz. Ahora puede que no pueda hablar, pero durante décadas sí pudo, y la mayor parte de lo que decía no era agradable.
Aparto mis pensamientos negativos y pienso en lo feliz que seré cuando vuelva al trabajo. Gracie solo lleva un mes en la guardería, hace apenas unas semanas que le planteé a Roger lo de volver a trabajar, ¡y ya tengo empleo!
Me preocupaba tener que entregar currículums con varios años de desempleo a cuestas. Estoy segura de que habría encontrado algo tarde o temprano, pero daba por hecho que iba a costar mucho tiempo.
La reunión con mi antigua jefa me hace sentir que estoy en una nube. La verdad es que el trabajo en sí no me entusiasmaba especialmente, lo cual también tiene su gracia. Es más, me disgustaba bastante. Quizá es la perspectiva de volver a estar rodeada de gente lo que me tiene tan contenta.
Antes de ir a ver a mamá, me pasé por el supermercado a coger algunas cosas para la cena de esta noche. Tengo muchas ganas de contarle a Roger cómo me ha ido el día.
Siento que mi mente ha estado en la niebla durante algún tiempo.
Depresión, lo llama mi médico. Me recetó algo para remediarlo.
Ahora que voy a volver al trabajo, siento que no necesito medicación.
Solo necesito volver a sentirme como antes.
Gracie se va haciendo mayor y yo puedo recuperar un poco más la persona que era.
Mientras paso por el pasillo del pan, veo a Heather, la compañera de trabajo de Roger.
Recuerdo que no me caía demasiado bien. Es una mujer joven y guapa que trabajaba en recepción en la empresa de Roger.
En una fiesta de Navidad, me pareció que había bebido de más y no me gustó nada verla hablar a solas con Roger en el bar.
Se reía con demasiada facilidad de los chistes de él.
Pero eso fue hace años, me recuerdo a mí misma.
Es raro verla en un supermercado a estas horas. ¿No debería estar en su mesa en la empresa de Roger? Cuando Heather me ve, sonríe y me saluda con la mano. Se acerca a mí casi chocando su carrito con el mío.
—Sarah, hola —dice con su sonrisa amplia.
—Heather, ¿cómo estás?
—Bien. ¿Cómo está Roger?
Intento no irritarme porque haya preguntado por mi marido de inmediato. ¿Por qué pregunta siquiera? Le ve casi todos los días. —Bien, muy bien —sonrío—. Aunque me sorprende verte por aquí. ¿Tienes el día libre o algo así?
—Pues la verdad es que lo dejé hace unas semanas. He empezado la carrera de enfermería.
—Qué maravilla —digo. Maravilloso que no vayas a ver a Roger en una buena temporada.
—Por cierto —dice, con una expresión más seria—, lo siento muchísimo por lo que le pasó a Roger. Dile que lo que le hicieron no fue justo.
Mi sonrisa fingida desaparece de golpe. —¿Qué quieres decir?
Heather niega con la cabeza. —La forma en que le despidieron estuvo mal. No debería haber ocurrido. Pero ya conoces a su jefe. Después de los años que lleva allí, deberían haberle dado una segunda oportunidad.
Me sereno, esforzándome por no agarrar a Heather y zarandearla hasta que me cuente todo lo que sabe. ¿Roger no está trabajando? ¿Le han despedido? ¿Qué ha pasado? Tengo tantísimas preguntas que no sé por dónde empezar.
—Sí, tienes razón —digo asintiendo.
—No me puedo creer que hayan pasado ya tres meses desde que le despidieron —dice—. Me alegra haberme ido yo también. Pero dile a Roger que le mando saludos.
Desde luego que no lo haré. Estaré demasiado ocupada preguntándole por qué me ha estado mintiendo.