Madre e Hija Capítulo 6
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Capítulo 6

A nnie

Entro en el Rosewood Medical Center. Es un edificio pequeño que hace las veces de hospital para nuestra zona.

En la tercera planta está la unidad de cuidados paliativos.

Sigo respirando hondo antes de pulsar el botón del ascensor.

Visito a mi madre a menudo, sobre todo ahora que le queda poco tiempo, pero hoy es diferente.

Tengo que verla esta noche. Los pensamientos que tengo en la cabeza no me dan tregua.

El ruido de las puertas del ascensor al abrirse me saca de mis pensamientos mientras salgo y me dirijo hacia su pasillo. Algunas enfermeras me sonríen y me saludan al pasar. Me conocen bien desde que ingresaron a Madre.

Los médicos dijeron que Madre no debería haber vivido más de una semana cuando la trajeron. Su cáncer de ovario estaba más allá de lo que podían tratar, y era solo cuestión de tiempo. Lo mejor que podían hacer era procurarle el mayor confort posible en los días que le quedaban.

Eso fue hace dos meses.

Yo sabía que mi madre era una luchadora. En aquel momento era capaz de entender lo que le decían los médicos, y cuando oyó que solo le quedaban días, se empeñó en demostrar que estaban equivocados.

Ahora, sin embargo, está mucho peor. Sé que su hora se acerca. He intentado prepararme lo mejor que puedo. Trabajando más. Me puse a hacer punto. Cualquier cosa para mantener la mente alejada de lo que le va a pasar.

Pero ahora mis pensamientos van en otra dirección.

Gracie Bradshaw.

Aparto de mi mente la imagen de la niña mientras estoy de pie frente a la habitación de mi madre. Una enfermera sale de la habitación y me saluda.

—Hola, Melanie —digo—. ¿Cómo está esta noche?

Melanie es, por lo general, una chica joven muy alegre. Durante un breve instante al saludarme vi esa faceta de su personalidad, hasta que le hice esa pregunta.

—Hoy no ha comido —responde en voz baja—. La doctora Barry también quiere hablar con usted por teléfono mañana. Pase por el control de enfermería antes de irse y concretamos una hora en la que ella esté libre.

Miro por encima del hombro de Melanie hacia mi madre, tumbada en la cama del hospital. Tiene el pelo descuidado, en lugar de peinado. Lleva puesto un aburrido azul en vez de los colores vivos que suele usar. Su rostro también ha perdido color.

No necesito que ninguna enfermera me diga lo que está pasando. Le doy las gracias y le digo que pasaré por su control antes de irme.

Doy unos pocos pasos hacia la habitación de Madre y me cuesta dar más. Es como si alguna fuerza quisiera empujarme hacia fuera. Ella ya no puede hablarme. Con la medicación tan fuerte que toma, no estoy del todo segura de que sepa que estoy aquí.

Me gusta pensar que sí.

Le beso la mano. —Hola, Madre. —Me he acostumbrado a hablarle como si pudiera contestarme. No sé cómo actuar de otra manera. Parece una tontería.

Está dormida, o el efecto de los fármacos es pleno. La mayoría de las veces que la visito es difícil saberlo.

—Hoy me he encontrado con el oficial Rayton.

Te manda recuerdos. —Sonrío—. Creo que siempre le gustaste.

Creo que tú también te fijabas en él. Antes te gustaba hablar de él.

—De nuevo, Madre no contesta y yace en la cama con aspecto inerte, salvo por el leve y ocasional movimiento del pecho que confirma que sigue respirando.

Me siento en mi silla junto a su cama y saco un libro de mi bolso grande. Casi he terminado la novela entera en los últimos días durante mis visitas aquí.

De vez en cuando echo un vistazo a mi madre. A veces deseo verla abrir los ojos de par en par y saludarme con alegría. Eso no ocurre, claro está.

He pensado en pedir días libres para estar más con ella, pero de algún modo sé que lo odiaría. Si pudiera, me diría que fuera a trabajar en lugar de quedarme aquí sentada con ella. Así es ella.

No pido días libres en el trabajo y sigo trabajando para mantener la mente ocupada, aunque mi corazón se queda en esta habitación cuando me voy.

Hoy es el primer día que me siento diferente, sin embargo.

Hoy no puedo quitarme a Gracie de la cabeza.

Vuelvo a mirar a mi madre, pero sigue igual que la última vez que la miré. Bajo el libro y recorro la habitación con la vista antes de clavar de nuevo los ojos en mi madre.

Me inclino hasta quedar muy cerca de ella, de modo que si es posible que pueda oírme de verdad, solo ella pueda captar mis palabras.

—La primera niña que… tuviste, ¿cómo supiste que era la indicada?

Me contaste historias, lo sé, pero era demasiado pequeña para recordar esa.

¿Cómo supiste que tenías que quedártela? ¿Cómo lo supiste? —Madre no contesta.

Una enfermera pasa por delante de la habitación pero no se detiene.

Me aclaro la garganta y miro de nuevo a Madre.

—Sé que dijiste que nunca volveríamos a hacerlo.

Me dijiste que estaba mal lo que hiciste, pero…

no puedo dejar de pensar en esta niña. Una niña pequeña.

A ti también te gustaría. —Hago una pausa como si mi madre pudiera unirse a la conversación.

Suelto el aire. —Después de que dejaras de cogerlas, ¿tuviste alguna vez el impulso de quedarte con otra? Me dijiste que no, pero ahora que soy mayor, no te creo… porque yo tengo esos pensamientos.

Madre yace en la cama con la respiración trabajosa. Esta noche tenía que verla. Pensé que si lo hacía, los pensamientos sobre Gracie Bradshaw cesarían. Que mirar a mi madre me curaría de algún modo de ellos.

Ahora solo siento el impulso con más fuerza.

Está frágil e indefensa. El cáncer se la llevará pronto. Recuerdo que hace unos meses, cuando se enteró de su diagnóstico, dijo que era la justicia de una fuerza superior. Que merecía lo que le estaba llegando por las cosas que había hecho.

Las cosas en las que yo la ayudé.

Yo no merezco esto, sin embargo. Cierro el libro y me levanto. —No me parezco en nada a ti, Madre. —La dejo de inmediato sin mirar atrás.