Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 28 Veintiocho #2
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28 Veintiocho #2

—Sí, bueno… Sigo enfadada con él. Debería haberme dicho que había retomado el contacto con Aggie y Mick.

—Pasó ayer mismo.

—Aun así tendría que habérmelo dicho. Yo tendría que haber estado presente en esa conversación con Mick.

—Estoy bastante segura de que él no quería tener esa conversación con Mick. Se vio obligado, más o menos.

—Eso es muy típico de Mick. —Eleanor frunció el ceño—. Me fastidia que haya hecho justo lo que yo no fui capaz de hacer y le haya contado la verdad a Huxley. Quería hacerlo yo. Simplemente… no sabía cómo.

—Bueno, ya está hecho. —Lo dije con voz alegre y me gané una mirada asesina de Eleanor—. Tienes que superarlo —añadí en voz más baja—. Si no lo haces, Huxley siempre se sentirá culpable cuando estemos juntos, y eso no es lo que quiero para él. Y tampoco creo que sea lo que tú quieres para él.

—Quiero que tú y Huxley seáis felices —dijo ella—. Siempre lo he querido. Madre mía, los hijos que vais a tener. Serán preciosos. —Juntó las manos sobre el pecho—. Voy a ser la mejor abuela del mundo.

—Estoy bastante segura de que mi madre va a disputarte ese título —dije—. Además, no estamos listos para tener hijos. Acabamos de decirnos «te quiero». Hay otras cosas que resolver antes.

—Bah, ya veréis que todo os va bien. —Volvió a agitar la mano, como si ahuyentara una abeja pesada—. No te preocupes por eso. Es evidente que os adoráis el uno al otro.

—Sí, es bastante divertido. —Había recuperado la sonrisa, y no me importaba lo feo que me mirara—. Queremos ser una gran familia feliz. Eso significa que vas a tener que superar lo que sientes respecto a mamá y a Mick.

—¿Y si no puedo?

—Sí que puedes —dijo una voz masculina a nuestra espalda, y casi se me salió el corazón por la boca. Cuando giré la cabeza de golpe, me encontré a Mick y a mamá de pie, juntos.

Eleanor le dirigió una mirada de reojo cargada de rencor.

—No estoy segura de estar lista para hablar contigo todavía.

—Sí que lo estás —replicó mamá mientras rodeaba el banco—. Esta conversación lleva pendiente demasiado tiempo.

Me senté en medio de las dos y me apreté las manos en el regazo, de pronto asustada.

—Em… puede que esta conversación debiera esperar a mañana o algo así —sugerí—. Ya sabéis, hasta que se calmen los ánimos.

Mamá me lanzó una mirada que recordaba muy bien de mi infancia.

—Tu parte en esta conversación concreta ha terminado, Wylie. Tus amigos están arriba cenando. Deberías ir con ellos. Huxley está empezando a preocuparse.

—¿Y por qué no ha bajado? —pregunté, sinceramente curiosa.

—Porque le dijimos que no lo hiciera —respondió Mick—. Venía de camino, pero lo paramos. Esto es entre nosotros.

—Entre los adultos —añadió mamá.

—Técnicamente, yo soy adulta —le recordé. Ella se limitó a clavarme otra mirada que me hizo levantarme de un salto—. O podría subir a cenar.

—Eso me parece una idea maravillosa —aceptó mamá con su tono de «lárgate de aquí, Wylie».

—Pero ¿y vosotros? —Me daba miedo dejarlos solos.

—Ay, no te preocupes por nosotros —dijo mamá—. Cuando terminemos nuestra conversación, iremos a cenar, los tres, y nos uniremos a vuestro evento de lectores al acabar.

Sonaba tan segura de sí misma que no me atreví a discutírselo. Cuando miré a Eleanor, al gesto adusto de su mandíbula, supe que mamá no iba a salirse con la suya sin pelear.

—No pasa nada —dijo Eleanor—. Sube y cena con tus amigos. Dile a Huxley que me han llevado el equipaje a su casa y que pasaré la noche allí. Tenemos algunas cosas de las que hablar.

Apreté los labios y asentí.

—Está bien, entonces. —Me fui directa a la puerta del restaurante—. Suerte —dije por encima del hombro.

Nadie respondió. Estaban demasiado concentrados los unos en los otros.

UNA HORA MÁS TARDE, HABÍAMOS TERMINADO de cenar. Huxley se había mostrado tranquilo y relajado cuando volví, pero yo notaba que estaba nervioso. Treinta minutos después, cuando mi madre, Mick y la madre de Huxley se sentaron a una mesa no muy lejos de la nuestra, por fin se permitió relajarse.

Era como ver una serie de televisión que nunca pensé que resucitarían.

El ambiente en su mesa empezó tenso, pero a los diez minutos se reían y se lo estaban pasando en grande.

No tenía ni idea de qué hablaban —de los viejos tiempos, quizá—, pero se reían tanto que mamá y Eleanor no paraban de secarse las lágrimas.

Deslizé la mano en la de Huxley cuando llegó el momento de ir al evento de lectores. Los dos teníamos la vista clavada en aquella mesa, pasmados de que las cosas hubieran salido así. Yo seguía esperando que todo estallara.

—No me puedo creer que haya sido tan fácil —admití.

Con la mano libre, me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—A mí no me ha parecido fácil. Esta parte sí es fácil. —Levantó nuestras manos unidas—. Lo demás, eso sí que fue difícil.

—¿Crees que será fácil de ahora en adelante? —Lo preguntaba con sincera curiosidad.

Me miró, luego echó un vistazo a nuestras madres y volvió a mirarme.

—No creo que importe que sea fácil o difícil. Lo único que importa es que estaremos juntos. Será como una gran aventura.

—Llegaremos audazmente donde nadie ha llegado jamás —añadí con entusiasmo.

Me dedicó una mirada.

—Eso es lo más cursi que he oído en mi vida.

Me encogí de hombros.

—Lo sé. En eso soy una friki total.

Se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja.

—Supongo que es una suerte que yo quiera a mi friki.

Por dentro se me encendió un calor agradable y una sensación de bienestar me envolvió. Era lo que siempre había querido.

—Sí, esa es mi aventura favorita de todas.