Mademoiselle Dupont cierra siempre su tienda a las seis (Club Astarea 1) Capítulo 3
21%

Capítulo 3

L as vio entrar a eso de las cinco, mientras terminaba de atender a otra clienta, y les dedicó la sonrisa habitual.

No las conocía, no las había visto nunca antes, pero no le costó deducir que una —de cabello negro y ojos verdes, muy atractiva, aunque el gesto hosco de su boca arruinaba de algún modo el conjunto— era una señorita de buena familia, y la otra —rubia y de inmensos ojos azules, realmente hermosa, incluso de un modo llamativo—, seguro que algo mejor.

La forma en que intentaba disimular su presencia, de hecho, podía indicar que era alguien conocido que no deseaba que se la viese por allí.

¿Noble? ¿Una lady? A decir del modo en que vestía y cómo se movía —casi como si fuera alguien etéreo caminando entre simples mortales, lo que implicaba un entrenamiento temprano y continuado—, diría que sí, y su tía siempre le había afirmado que tenía buen ojo para esas cosas.

En todo caso, aquellas dos debían ser muy amigas, porque se las veía cómodas la una con la otra mientras cuchicheaban en voz baja. Además, compartían una doncella de edad parecida a la suya, que se quedó fuera esperando.

—Y ya está. Aquí lo tiene —le dijo Blanche a la señora Windmill, entregándole la sombrerera—. Espero que les haga muy buen tiempo y lo luzca mucho en Bath.

La mujer, esposa de un importante banquero, asintió contenta. Hizo un gesto a sus dos doncellas, que ya iban bien cargadas de bolsas y cajas, pobrecillas.

—Estoy segura de ello. Gracias, mademoiselle Dupont.

—A usted. —La acompañó a la puerta y, con los últimos repiques de la campanilla, se dirigió a las desconocidas—. Buenas tardes, ¿puedo ayudarlas en algo? ¿Buscan alguna cosa en concreto?

—¡Estos sombreros son preciosos! —afirmó la muchacha que, con toda probabilidad, pertenecía a la nobleza.

—Muchas gracias. Pueden probarse el que quieran. —Les indicó el rincón del probador. Como había oscurecido bastante el día, encendió la lámpara—. O, si tienen una idea diferente de lo que...

—En realidad, mademoiselle Dupont, venimos a pedirle ayuda —dijo la otra joven, lanzando una mirada de reproche a su amiga.

Blanche parpadeó.

—¿Ayuda? —¿Querían o no un sombrero? Por el modo en que había hablado la desconocida, más bien diría que se refería a otra cosa, pero no estaba segura—. ¿A mí? ¿Para elegir algo en especial, quiere decir?

—No. No tiene nada que ver con sus sombreros. —Miró alrededor—. Que son muy bonitos, es verdad, pero no es lo que nos ha traído aquí. —Volvió a centrarse en ella—. Hemos venido porque conoce al inspector Richard Canterbary.

Blanche la estudió más sorprendida todavía.

—Pues sí... —reconoció tras un momento de duda—. Es mi prometido.

—Y es inspector en Scotland Yard.

—Así es.

—Bien. —La muchacha intercambió una mirada con su amiga y se lanzó a hablar a la carrera—. Mademoiselle, necesitamos con toda urgencia que nos ponga en contacto con él. Aunque, si tuviera la amabilidad de ayudarnos a entrar en su casa, para registrarla, sería todo mucho m...

—¡Nomy! —exclamó la otra, y se apresuró a agitar las manos ante el rostro atónito de Blanche—.

No es eso, no se alarme, las cosas no son así.

Deje que me explique, por favor, mademoiselle Dupont, aunque voy a tener que...

—titubeó—. De hecho, antes de nada, permita que haga las presentaciones para que no piense que somos dos locas que venimos a provocar el caos.

—Mucho tendría que hacer para conseguir eso, consideró Blanche, pero no le dieron opción a decir nada—.

Soy lady Penelope Wilson y ella es la señorita Eunomia Thompson.

De la firma de abogados Thompson y seguro que, mientras salía, añadió las siguientes palabras para hacerla sentir obligada a cumplir su palabra—: Sé que hará todo lo posible por ayudar a Mathilda y sus tres niños.