Luz (Sombras de Nibhor 1) Capítulo 62 #2
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Capítulo 62 #2

Su piel, suave y tibia, se erizaba bajo mi contacto.

Descendí por su torso, mis labios y mi lengua explorando con lentitud y picardía, saboreando su esencia.

Sentí su corazón latir rápidamente en una sinfonía de deseo que resonaba en mí.

Mis besos se volvieron más intensos, más juguetones, mientras seguía descendiendo.

Llegué a su ombligo, que besé de manera suave y prolongada, sintiendo su estómago contraerse.

Levante la mirada hacia ella, ver su rostro me estremeció, sonrojada y torcido en una mueca de placer, una sonrisa pícara de satisfacción se dibujó en mi rostro. Me llevé dos dedos a la boca y los humedecí, después los puse en su seno y di vueltas alrededor de su pezón, sacándole un jadeo intenso.

Volví a mirar hacia su ombligo y mis labios continuaron su descenso, siguiendo un camino hacia el paraíso, guiado por su respiración entrecortada y sus gemidos.

Mis manos pasaron a trazar una línea descendente por el borde de sus curvas hasta que encontraron sus pantalones. Con un movimiento, tiré lentamente hacia abajo. Ella reaccionó arqueando su espalda para separarse de la cama, un movimiento precioso y maravilloso que interpreté como una invitación.

Sin perder la sonrisa, tiré de sus pantalones con suavidad, despojándola de la prenda. Sus piernas tentadoras, se revelaron ante mí, sentí un calor intenso recorrer mi cuerpo. Mis ojos, hambrientos, recorrieron cada centímetro ahora desnudo, admirando su perfección, su belleza.

Mis labios, que estaban desesperados ante el arte que se desplegaba frente a mí, se pegaron a su piel de nuevo, con besos intensos, lamiendo de forma juguetona sus muslos, saboreando cada nuevo centímetro que se había revelado ante mí.

Sentí su respiración acelerarse, cada gemido que escapaba de sus labios me enloquecía más y más.

La necesidad de probarla se hacía palpitante entre mis pantalones.

Sonreí al notar que cada gemido y cada suspiro iban acelerándose, pidiéndome más. Su respiración se volvió más intensa, más urgente.

Mis besos se dejaron llevar por su necesidad, volviéndose más audaces, más curiosos, siguiendo un camino que pasaba de un muslo al otro. Sentía su cuerpo tensarse cada que vez que pasaba de un lado al otro ignorando una parte importante que se encontraba allí, jugando con ella.

Disfruté del aroma embriagador que emanaba en esa parte, de cada gemido que escapaba de sus labios.

Y después de haber jugado un poco, haciendo crecer su necesidad, se me hizo imposible resistirla yo mismo, mis labios rozaron con un beso travieso y dulce justo por encima de su sexo.

Sentí su cuerpo tensarse. Sus gemidos, aroma y movimiento de caderas terminaron atravesando la poca resistencia que me quedaba.

Mis labios se centraron entonces en todo el esplendor de su sexo.

Lamiendo lenta y deliberadamente, saboreando cada segundo que pasaba en aquel paraíso, explorando cada rincón con suavidad, cada centímetro con lentitud, cada detalle de manera pausada, noté como se iba encendiendo el fuego dentro de ella.

Sus piernas se cerraron, aprisionando ligeramente mi cabeza. Lamí con más intensidad. Cada movimiento de mi lengua deliberadamente medido con la intención de regalar una promesa de éxtasis.

Mis manos, encontraron sus senos, apretando con delicadeza sus pezones y tirando de ellos con suavidad, sintiendo la perfección de su forma endureciéndose contra mis dedos.

Con un movimiento lento, agarré con los labios justo en el centro y succioné, sintiendo su piel erizarse. La sensación de calor y la humedad la hicieron gemir de placer.

Conforme noté que su cuerpo se tensaba más y sus jadeos se volvían más intensos, mis movimientos se aceleraron, me dejé guiar por su respiración y sus gemidos.

Alterné entre succionar y lamer, intentando leer y reaccionar a su guía, me deleité en cada centímetro que lamía, cada reacción de su cuerpo que sentía.

Sentí sus manos en mi cabeza, agarrándome con una mezcla de desesperación y deseo, guiándome, pidiéndome más.

—Izz… —jadeó, erizándome la piel con mi nombre pronunciado con ese susurro placentero.

Lamí cada vez más rápido, siguiendo el ritmo que solo ella me podía dictar. Conforme mis movimientos se volvieron más rápidos, sentía su cuerpo tensarse cada vez más. Sus gemidos se volvieron más profundos, resonaban en mis oídos y encendían cada fibra de mí.

Sus manos, ahora con un ligero temblor, apretaron mi cabeza, guiándome en esa recta final.

Sentí su cuerpo temblar. Su respiración se detuvo por un instante, y luego explotó en un jadeo profundo y gutural.

Su cuerpo se arqueó, una oleada de placer que la recorrió por completo, haciendo que cada músculo se tensara y luego se relajara en una liberación pura y primitiva.

Sus gemidos se convirtieron en gritos de éxtasis, dejando salir todo el deseo y la necesidad que había estado acumulando.

Mis movimientos se volvieron más suaves, más tiernos, acompañándola en su descenso, con besos, saboreando el rastro que había dejado su placer. Sentí su cuerpo temblar bajo mis labios, cada estremecimiento una prueba de la intensidad.

Sus manos, ahora tranquilas, acariciaron mi cabello. Su cuerpo aún vibrando con las réplicas de su éxtasis. Me encontré perdido en su perfección.

Aún con un ligero jadeo, tiró de mí hacia arriba, atrayéndome hacia ella en un beso profundo y apasionado. Sus labios se movieron contra los míos con una intensidad que me dejó sin aliento.

Mientras me besaba, sus manos se deslizaron por mi cuerpo de forma ansiosa encontrando la dureza en mis pantalones.

Sus dedos, trazaron la línea de mi erección, haciendo que un gemido escapara de mis labios.

La sensación de su toque, incluso a través de la tela, era electrizante, reavivando el fuego dentro de mí que amenazaba con consumirme por completo.

Me dedicó una sonrisa que prometía un mundo de placer. Me estremecí bajo esa mirada ardiente solo de imaginar lo que podría sentir dentro de ella.

Comenzó a desabrochar mis pantalones, lentamente, prolongando la espera. Bufé mientras bajé a lamerle un pezón con una sonrisa pícara por hacerme esperar. Soltó un gemido seguido de una risa juguetona.

Cuando desabrochó los pantalones, tiró de ellos y sentí la tela deslizándose hasta caer, liberándome, sus manos entonces encontraron mi piel.

Besé su cuello mientras agarré su seno, adorándolo. Sentí su piel, suave y cálida, contra mis palmas. Descendí con la lengua hasta que alcancé el pezón, mis labios se cerraron a su alrededor, succionando con suavidad, sintiendo su dureza.

Con una sonrisa que reflejaba su poder sobre mí, continuó moviendo sus manos de arriba abajo, con un agarre fuerte y firme.

Sentí un bufido escapar de mis labios. Su sonrisa se amplió con aquella muestra de su dominio, y con un movimiento lento, rozó ligeramente mi erección contra ella, una caricia que me dejó deseando.

La sensación de su piel contra la mía, el roce de su sexo contra el mío, con la humedad de ella expectante. Era un placer tortuoso. Y me encantaba.

Entrecerré los ojos, la miré con una intensidad que hablaba de mi anhelo.

Ella, respondiendo a mi mirada, se mordió el labio.

Cerré los dientes en su pezón, mordiéndolo.

Ella gimió, y con una mirada acusatoria y una ligera sonrisa, me pegó un manotazo en la espalda, una mezcla de placer y reprimenda que me encendió aún más haciéndome sonreír de manera traviesa.

Esbozó una sonrisa juguetona otra vez y rozó de nuevo la punta de mi erección contra su sexo. Mis caderas, moviéndose por instinto, se empujaron ligeramente hacia adelante, buscando más, pidiendo más. Ella, sintiendo ese deseo, me soltó y agarró mis nalgas con ambas manos, tirando de mí hacia ella.

Mis ojos se encontraron con los suyos, y en ese instante, supe que había cedido el control que tenía sobre mí.

Con un movimiento lento, entré en ella, sintiendo cómo su calor me envolvía, cómo su cuerpo se ajustaba al mío, en una conexión perfecta.

Cada centímetro que poco a poco avanzaba era una explosión de placer a la vez que una tortura.

Gimió con un sonido que resonó en mi alma, y sus uñas se clavaron en mi espalda.

Noté como su espalda se arqueaba debajo de mí, sus jadeos llenando el aire, envolviéndome en esa música que me maravillaba. Agarré el cabecero de madera de la cama, con fuerza, buscando un punto de anclaje mientras me perdía en ella.

Sus piernas cálidas y perladas de sudor se comprimieron alrededor de mi cintura. Comencé a moverme, despacio al principio. Respondió a mis movimientos con los suyos, sus caderas moviéndose en un baile perfecto, rozándose, buscando más.

—Joder, Ilya —se escapó de mis labios en un susurro de placer y sorpresa.

Esbozó una sonrisa demostrando su poder y dominio que se cernía otra vez sobre mí.

—¡Sí! —respondió con la voz en un susurro urgente. —¡Así, no pares!

Mi ritmo se aceleró, poco a poco, convirtiéndose en embestidas cada vez más intensas, más profundas, más decididas. Sentí su cuerpo responder al mío, sus gemidos volviéndose más altos, más fuertes.

El ritmo se aceleró, cada movimiento más desesperado. Ella, perdida en el placer, gimió y jadeó, sus uñas clavándose en mi espalda más, produciéndome un dolor que se convirtió en éxtasis.

Enroscó las piernas alrededor, enlazándose detrás de mí cintura, apretando al compás de nuestros movimientos.

Resoplé, intentando controlar mi necesidad, mi deseo de estar más dentro de ella, de liberarme en su calor. Cada fibra de mi ser gritaba por la liberación, pero me contuve, queriendo darle más, queriendo verla perderse.

Ella, sintiendo mi lucha, aceleró aún más mordiéndose el labio.

Su cuerpo temblando de placer, acompañado de esos dulces gemidos que estaban destruyendo poco a poco mi resistencia.

Cada movimiento de sus caderas, cada apretón de sus piernas, me llevaba más cerca del límite, pero me contuve, haciendo todo el acopio de la fuerza que tenía.