Capítulo 59 #3
Desabroché el botón de su pantalón mientras ella seguía mordiéndome y besándome en el cuello, su mano moviéndose cada vez más rápido dentro de mis pantalones, con un agarre firme y seguro, haciendo que mis pensamientos se desvanecieran, que solo quedara la sensación de su piel.
Deslicé mi mano entre sus pantalones, y con un dedo, fui trazando un camino hacia abajo, buscando, hasta que encontré el centro de su humedad, el calor que aquello desprendía.
Echó su cara hacia atrás con el contacto, un gemido escapando de sus labios, un sonido que me sonó a música celestial, llenando la habitación y resonando en mi alma, sintiendo necesidad urgente y desesperada por ella.
Comencé a explorar su intimidad con mis dedos trazando círculos, sintiendo cómo su cuerpo respondía a mi toque, cómo se estremecía y se arqueaba contra mí. Sus gemidos se volvieron más intensos, más desesperados.
Pude sentir cómo su cuerpo se tensaba, cómo se acercaba al borde del abismo. Aceleré mis movimientos, sintiendo cómo su humedad aumentaba, cómo su cuerpo se preparaba para la liberación.
La habitación ya no solo se sentía electrificada podía incluso sentir como si todo temblase alrededor nuestro.
Con la respiración entrecortada y el cuerpo temblando, me miró a los ojos, sus pupilas dilatadas, llenas de deseo y algo más. Con un último gemido, se dejó llevar, su cuerpo convulsionando con el orgasmo, sus músculos internos apretando mis dedos.
—¡Izz! —gritó, resonando en la habitación, llenando mi alma de satisfacción.
Mientras gemía noté el vago y perezoso resquicio de magia en mi sangre vibrando, extraño, perturbado. Era una sensación que no había sentido en mucho. Parecía reaccionar.
—No… —susurró.
Y saltó hacia atrás, alejándose de mí con una rapidez que me dejó desconcertado. Se dio media vuelta y se encerró abrazándose a si misma en el suelo, sus hombros temblando, su respiración entrecortada. Su reacción me dejó un sudor seco en la espalda.
—¡¿Ilya?! —dije, levantándome y acercándome a ella con cuidado. —¿Qué pasa?
La preocupación y la confusión se mezclaban en mi mente con la tensión sexual momentos antes, tratando de que la sangre volviera a mi cabeza, para entender qué había salido mal.
—¿Qué ocurre? —pregunté, dudoso, repasando en mi cabeza lo que acababa de suceder, intentando encontrar el fallo.
Mis pensamientos eran un torbellino, tratando de descifrar qué había desencadenado su reacción.
Siguió abrazada a sí misma, parecía luchar contra algo, temblando.
Sus ojos estaban cerrados con fuerza, igual que si intentara escapar de algo que solo ella podía ver.
La observé, deseando poder ayudarla, pero sin saber cómo.
—Mierda —dijo finalmente, incorporándose y girando hacia mí. —No has hecho nada malo.
Su voz era un susurro, pero cada palabra estaba llena de un peso que no podía ignorar. ¿Qué había pasado? ¿La vibración de mi magia la había asustado? Ni siquiera debería haber notado un pulso tan bajo…a no ser que ella tuviera afinidad a la magia. ¿Había sido eso? ¿Era otra cosa?
Se cerró la camisa rota sobre sus pechos, con un movimiento lento.
Su cara no me decía nada. ¿Estaba seria?
, ¿frustrada?, ¿triste?, ¿enfadada?... No podía descifrar sus emociones, y la incertidumbre me destrozaba por dentro, haciendo que mi mente diera vueltas, tratando de encontrar una explicación.
—Háblame, Ilya —le insistí en una súplica, mi voz temblando de preocupación y desesperación. Necesitaba entender, necesitaba saber qué había pasado, qué había desencadenado su reacción. Pero negó con la cabeza, sus ojos evitando los míos.
—Ha sido una mala idea —dijo al fin, apenas un susurro.
Pero aquello resonó en mi cabeza igual que si me hubiesen hundido un cuchillo en el corazón. Posiblemente eso hubiese dolido menos. Sus palabras fueron un eco, llenando el espacio con un peso que me oprimía el pecho, haciendo que me costara respirar.
Se giró sobre sí misma y se encaminó a la puerta. Cada paso que daba parecía pesado. Cuando estaba ya fuera, al otro lado, se giró.
—Lo siento —dijo, y cerró tras de sí.
El sonido de la puerta al cerrarse marcó el final de algo que ni siquiera había comenzado, dejando un vacío que me consumía.
Me quedé allí de pie, con todo lo que había ocurrido dando vueltas en mi cabeza durante lo que me pareció una eternidad. El peso de sus palabras, la confusión, la pasión que se había desatado y luego se había apagado tan repentinamente.
Todo me abrumaba, haciendo que mi mente se nublara, que mis pensamientos se volvieran caóticos.
Hasta que mi cuerpo pidió descanso. Un terrible dolor empezaba a surgir entre mis piernas, una mezcla de frustración y necesidad insatisfecha, un recordatorio físico de lo que había ocurrido, de lo que había quedado incompleto.
Suspiré, me tumbé en la cama con un brazo apoyado sobre la frente y suspiré de nuevo.
Ilya me había vuelto completamente loco, en todos los aspectos, haciendo que mi mente y mi cuerpo lucharan por encontrar un equilibrio que parecía imposible de alcanzar.
No iba a ser una buena noche.