Luz (Sombras de Nibhor 1) Capítulo 59 #2
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Capítulo 59 #2

Finalmente, se detuvo y me miró, su expresión intensa y llena de una rabia contenida. Soltó con voz áspera:

—¿Vas a ir a Darmund?

Su pregunta me tomó por sorpresa, y por un momento, no supe qué responder. Neik debía habérselo contado.

—¿Qué pasa? No entiendo que problema tienes —le respondí, tratando de mantener la calma, aunque mi corazón seguía latiendo con fuerza.

—No estoy de broma —dijo, acercándose a mí llena de ira, con pasos firmes y decididos.

—Pero, ¿qué te pasa? Nunca te había visto así —le pregunté, enarcando una ceja, tratando de entender la tormenta que se desataba ante mí.

La rabia contra la que había estado luchando pareció fluir finalmente fuera de ella.

—¡Te odio! —dijo, levantando un dedo hacia mí, su voz temblando de emoción.

—¿Qué? ¿A qué viene eso ahora? —me quedé perplejo, mis pensamientos dando vueltas, tratando de encontrar sentido a sus palabras.

Siguió acercándose, señalándome con el dedo hasta golpear varias veces mi pecho, cada golpe resonando en mi cuerpo como un eco de su dolor.

—¿Por qué tienes que hacerte el héroe por gente que no conoces?

—¿Héroe? Solo intento salvar vidas, sabes que pertenezco al Atra Vallis. No entiendo tu problema, de verdad —le dije, levantando las manos en rendición, tratando de calmarla, aunque sabía que mis palabras eran inútiles contra la tormenta de sus emociones.

—¡Mi problema eres tú! —dijo, clavando su dedo en el centro de mi pecho.

Sus ojos me miraban con intensidad, la ira, la rabia y la desesperación se podían ver reflejados en esos pozos del azul del cielo.

Podía sentir su respiración hacerse cada vez más intensa, más fuerte, más errática.

Sus dedos en mi pecho se movieron en una ligera caricia y poco a poco se cerraron en torno a mi camisa, agarrándola con fuerza.

De pronto sentí que tiraba de mi cuerpo hacia ella con rapidez.

En un abrir y cerrar de ojos nuestros labios estaban unidos.

El beso fue agresivo, desesperado. Ardiente.

Sus labios encontraron los míos, su lengua buscaba la mía con una urgencia aterradora.

Cuando se separó, miraba al suelo aún con la respiración agitada.

Sus labios seguían húmedos y ligeramente rosados por la fiereza del beso.

Y yo... yo estaba totalmente confundido.

Cerró los ojos con fuerza. Su mandíbula se apretó de nuevo con la ira y su mano cruzó el aire en un destello impactando en mi mejilla.

—¿¡Pero qué coño!? —dije, llevándome una mano al creciente dolor.

—¡Te odio! ¡Odio que me importes! Que no pueda dejar de pensar en ti —gritó, su voz estaba llena de una angustia irreconocible.

—Ilya, te lo juro que no entiendo nada. ¿Qué cojones pasa? —pregunté. Mi mente dando vueltas tratando de encontrar sentido a su comportamiento.

La ira pareció adueñarse de nuevo de sus impulsos y comenzó a golpearme el pecho otra vez, un puñetazo, otro, otro.

Sus mejillas brillaban con lágrimas que escapaban de sus ojos.

No entendía que estaba ocurriendo, pero no soportaba verla de esa forma.

La agarré despacio de la cintura, acercándola a mí, rodeando su cuerpo entre mis brazos hasta que sus golpes se hicieron cada vez más lentos, perdiendo la fuerza.

—Háblame, por favor —le supliqué, mis ojos buscando los suyos, tratando de encontrar una respuesta en su mirada.

Tardó unos segundos en volver a moverse, pero su reacción no fue la que esperaba.

Sus manos en mi pecho fueron un empujón con todas sus fuerzas y nuestros cuerpos volvieron a separarse.

Levanté las manos en rendición sin saber que hacer, cualquier intento por mi parte solo parecía empeorar la situación.

Podía palpar la intensidad de sus emociones en el aire que nos rodeaba.

Ilya se acercó a mí, su furia iba creciendo de nuevo, dándome empujones y llevándome hacia atrás en la habitación. Cada empujón era firme, decidido. Podía sentir literalmente cómo el aire a nuestro alrededor se cargaba de electricidad.

—¡Ya basta! —dije, levantando ligeramente la voz y agarrándola de las muñecas.

—Por favor, no vayas —dijo mirándome con ojos llorosos.

Intenté responder, preguntar por qué, pero su beso interrumpió toda línea de pensamiento.

Le agarré las piernas y la subí a mi cintura. Sus piernas se cerraron detrás de mí con un abrazo intenso, sus muslos apretando mi cuerpo con fuerza. Me giré, llevándola al lado de la cama. La aprisioné entre la pared y yo, sintiendo su cuerpo tenso contra el mío.

Soltó un gemido al notar el contacto frío y duro de la pared, un sonido que envió una oleada de deseo a través de mí, haciendo que mi corazón latiera con fuerza en mi pecho.

Me mordió el labio, y comencé a notar el calor que emanaba desde mi entrepierna, desde sus labios, desde su roce. Pasó un brazo por mi espalda y con el otro jugueteaba, entrelazándose en el pelo de mi nuca, tirando de mi pelo hacia atrás, enviando impulsos por mi columna.

La apreté más contra la pared mientras con una mano busqué el hueco que dejaba la ropa entre sus senos y tiré de ella hacia un lado, dejando un pecho al descubierto. Gimió de nuevo, un sonido que me volvió loco, lleno de deseo.

Bajé la cabeza desde su boca lentamente por su cuello, besando y mordisqueando su piel suave, sintiendo cómo su pulso se aceleraba bajo mis labios.

Llegué a su pezón y lamí alrededor, trazando círculos deliberados, sintiendo cómo se endurecía bajo mi lengua.

Sentí su cuerpo tensarse, y comenzó a mover la cadera contra mí, contra ese bulto que iba a reventar mis pantalones, buscando fricción, buscando alivio.

Entonces, me metí su pezón en la boca y succioné, su gemido fue como música para mis oídos, un sonido que me encendió por completo. Su cuerpo seguía rozándose, apretando más el abrazo de sus piernas en mí, tratando de fundirse conmigo.

La levanté en el aire, separándola de la pared, y la tiré a la cama.

Bufó al caer, el sonido de su respiración entrecortada llenando la habitación, y me miró, mordiéndose un labio, sus ojos llenos de una mezcla de desafío y deseo.

En cuanto me puse encima de ella, no se dejó dominar y me empujó en un grácil movimiento hacia el lado, rodando conmigo y poniéndose encima.

Noté toda la presión de ella sobre mí, su cuerpo caliente y firme, y mis manos se fueron instintivamente a sus caderas, sintiendo cómo se movían, cómo se arqueaba contra mí.

Daba círculos, rozando su sexo contra mis pantalones, el movimiento intenso y rápido, enviando oleadas de placer a través de mi cuerpo.

Empezó con un ligero murmullo, pequeños gemidos que se escapaban de sus labios, sonidos que hacían que mi mente se nublara.

Me erguí hacia ella y le arranqué la otra parte de la camisa, los botones volaron por la habitación, y hundí la cara entre sus senos, inhalando su aroma a lilas y jazmín, sintiendo su piel suave contra mi rostro.

Agarró mi cabeza, apretándola contra sí, sus dedos enredándose en mi pelo, guiando mis movimientos.

Sentí cómo su cuerpo respondía al mío, nuestros movimientos sincronizados en una danza primitiva y apasionada, dos cuerpos perdidos en el deseo, en la necesidad del otro.

Podía notar como la habitación se cargaba de vibración. Su otra mano bajó por mi pecho hasta meterse dentro de mis pantalones. El contacto de su piel contra la mía envió una oleada a través de mi cuerpo, haciendo que cada nervio se despertara.

Bufé, el sonido escapando de mis labios sin que pudiera controlarlo. Ella gimió al contacto de lo que encontró allí, un sonido gutural y lleno de deseo, haciendo que mi corazón latiera con más fuerza todavía.

Lamí su pezón, mi lengua trazando círculos, sintiendo cómo se endurecía. Su mano comenzó a moverse dentro de mis pantalones, agarrando con pulso firme, moviendo y acariciando de arriba a abajo.

Mis manos la agarraron de las nalgas, tirando de ella hacia mí, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la tela. Soltó otro gemido que resonó en mis oídos, haciendo que mi mente se llenara de pensamientos obscenos y primitivos.

No podía escuchar más esos gemidos, me hacían perder el control, olvidarme de todo excepto de la sensación de su cuerpo contra el mío.

La besé con fuerza, intentando acallarlos por un segundo y poder concentrarme, pero no sirvió. Su mano dentro de mis pantalones se cerró con fuerza alrededor de mí, y la movió de arriba a abajo, haciendo que mis caderas se movieran involuntariamente contra su mano.

Gimió a través de mis besos, el sonido amortiguado, pero no menos intenso, resonando en mi boca, en mi mente, haciendo que mi deseo se intensificara, que mi cuerpo se tensara de anticipación.

Tiró de la mano que tenía agarrándome el pelo, apartándome de sus labios, y me mordió el cuello, con una mezcla de dolor y placer que me dejó sin aliento.

Con una mano, fui pasando de la nalga a su cintura, y luego con los dedos, rocé con suavidad hacia el ombligo y luego abajo, trazando un camino de fuego sobre su piel, sintiendo cómo se estremecía bajo mi toque.