Lupara Bianca Capítulo 83
97%

Capítulo 83

Bianca

Lo bueno de haber crecido en la mansión donde tienen secuestrado a mi marido es que conozco cada palmo de la propiedad al dedillo.

De esta manera he logrado llegar a la sala de estar, donde estoy segura de que mi padre lo tiene retenido, habiendo disparado únicamente un cartucho.

El otro tiene el nombre de Luciano Rossetti grabado.

Hoy será el día en el que lleve a cabo mi venganza.

Voy a disfrutar matándolo, aunque antes debo asegurarme de que Luca está bien.

Lo busco con la mirada nada más irrumpir en la sala de estar. Está en el suelo, atado de pies y manos sobre un charco de sangre. Sin dejar de apuntar a mi padre con el arma, intento ir hacia él, pero varios hombres me cortan el paso, amenazándome con sus pistolas.

—Cariño, llegas justo a tiempo —dice mi padre, sonriendo.

Luca alza un poco la cabeza y nuestras miradas coinciden.

—¿Estás bien? —pregunto.

—¡Bianca, sal de aquí! —gruñe, y el tipo que tiene al lado le da una patada en la espalda.

—¡Suéltalo! —grito, dando un paso en dirección a mi padre.

—Lo siento, mi niña, no voy a poder hacer eso, pero dejaré que te despidas de él antes de matarlo. Ahora, baja esa antigüedad antes de que acabes herida.

—Bianca, hazle caso. —Me giro de golpe al escuchar la voz de Ryan a mi espalda, aunque sigo atenta a cada movimiento de mi padre.

¿Qué hace él aquí? ¿Lo han secuestrado también?

Lo observo con atención. No parece herido, a excepción de la escayola en la mano que Luca le rompió.

Su traje de tres piezas está perfectamente planchado y no tiene ni un solo pelo fuera de su lugar.

Al ver el vaso de licor que está sosteniendo, todas las piezas empiezan a encajar.

—Nos has traicionado —susurro, abriendo mucho los ojos.

Ryan deja el vaso sobre una mesa auxiliar e intenta acercarse a mí, pero me muevo rápido y lo apunto con la recortada.

—Te estoy salvando la vida. Hice un trato con tu padre. Serás libre y tu hermana también. Podremos salir del país y llevarnos a Rina con nosotros. Nunca más tendrás que preocuparte por su seguridad.

—Hijo de puta… —siseo con la mandíbula apretada—. Confié en ti.

Inspira hondo por la nariz y su expresión se endurece.

—Sí, y no tuviste ningún reparo en cambiarme por el cabrón de De Santis.

Después de todo lo que he hecho por ti, me abandonaste para irte con esta escoria.

Él no iba a darme el puerto, y lo sabes.

¿Crees que soy idiota? Tú consigues acabar con tu padre y él te consigue a ti. ¿Qué gano yo en todo esto?

—La muerte, eso es lo único que vas a obtener —afirmo.

—Bianca, deja de hacer el idiota —intercede mi padre—.

Antes de que puedas disparar esa reliquia, cualquiera de mis hombres te abatirá.

Créeme, nadie quiere eso. Pasaré por alto que hayas estado conspirando contra mí, incluso cumpliré el trato con tu nuevo amigo irlandés.

Rina podrá irse con vosotros fuera del país.

Frunzo el ceño y dirijo el arma en su dirección.

—¿A cambio de qué?

—Quiero que hables con tu tía Sarah, ella tiene algo que me pertenece.

Contengo una sonrisa. Por supuesto que eso es lo que quiere. Mi padre solo se preocupa por sí mismo. Que ese vídeo y los documentos existan es lo que lo pone nervioso.

—¿Dónde está Caterina? —inquiero, buscándola con la mirada.

—En el internado. No llega hasta dentro de un par de días.

Asiento. No me importa que me haya engañado. En realidad, lo prefiero así. Al menos, ella está a salvo. Ahora solo tengo que conseguir lo mismo para Luca.

—Padre, vas a tener que darme mucho más que una salida digna.

Estrecha la mirada sobre mí y esboza media sonrisa.

—Al final vas a parecerte más a mí de lo que creía —masculla—. Está bien. Negociemos, ¿qué es lo que quieres?

Echo un vistazo en dirección a Ryan y sonrío.

—No cargaré con este imbécil. Obtuve de él lo que necesitaba, pero no pienso pasar el resto de mi vida a su lado.

Ryan frunce el ceño confuso, y creo que también algo asustado.

—Lo mataré. ¿Eso te sirve? —Asiento—. ¿Qué más?

—El dinero suficiente como para que Rina y yo vivamos el resto de nuestras vidas de manera cómoda, muy lejos de aquí. Dame eso y te entregaré lo que sea que tenga la tía Sarah.

—Hecho.

—Bianca, ¿qué demonios estás haciendo? —inquiere Ryan.

Esbozo una sonrisa arrogante en su dirección y me encojo de hombros.

—Ojo por ojo, Kincaid. No deberías habérmela jugado.

—Bien, ahora que tenemos un trato, ya puedes bajar el arma —dice mi padre.

Devuelvo la mirada hacia él, pero sigo apuntándolo.

—Aún no —susurro.

Él frunce el ceño sin dejar de mirarme.

—¿A qué estás esperando?

Inspiro hondo y, entonces, lo escucho. Disparos, muchos, y creo que también una… ¿explosión?

—A eso —respondo con una sonrisa diabólica.

El rostro de mi padre se convierte en el más puro reflejo de la sorpresa.

Los disparos se escuchan cada vez más cerca.

Hay gritos y una nueva explosión hace temblar las paredes.

Mi padre ordena a sus hombres que salgan a ayudar a los demás, pero, antes de que puedan llegar a obedecer, las puertas de la sala de estar se abren de golpe y Romeo entra disparando a todo aquel que se encuentra.

Tras él están Vincenzo y un grupo de nuestros hombres.

Mi padre se defiende disparando su propia pistola.

Varios tipos lo custodian e intentan protegerlo, pero empiezan a ser abatidos por los nuestros.

Ryan y sus hombres también se unen al tiroteo.

Yo aprovecho el caos para correr en dirección a Luca.

Me dejo caer frente a él e intento deshacer los nudos de las ataduras de sus manos mientras las balas silban, cortando el aire que nos rodea.

—Sal de aquí. ¡Vete, maldita sea! —me grita.

—No sin ti —respondo.

Forcejeo con la cuerda, tiro de ella e intento romperla, pero está demasiado apretada. El tiroteo se recrudece. Los disparos pasan cada vez más cerca de nosotros; en cualquier momento los tendremos encima.

—Ya están aquí. Bianca. Te lo suplico, vete ya.

Van a matarnos a los dos. —Alzo la cabeza un segundo.

Enseguida tengo que agacharme de nuevo cuando una bala casi me hiere, pero alcanzo a ver la puerta.

Tal vez, si corro lo bastante rápido, pueda llegar hasta allí sin que me maten—.

Por favor, por favor, por favor… Déjame aquí y sálvate tú —repite Luca.

Busco su mirada y respiro hondo. «¿Cuánto me amas, Bianca?

¿Serías capaz de matar por mí? ¿Morirías por mí?

Porque te juro que yo estaría dispuesto a convertirme en tu maldito escudo humano en medio de un tiroteo.

Dejaría que me arrancaran una a una todas mis extremidades si tu vida dependiera de ello. ¿Harías tú lo mismo por mí?».

—Supongo que sí te amo lo suficiente como para morir por ti. Cuida de Rina —susurro, y me tumbo sobre él para protegerlo de los balazos con mi propio cuerpo.

—¡¿Qué haces?! ¡Sal de aquí! ¡No! ¡No! ¡No!

Sus gritos se mezclan con el sonido de las detonaciones.

Luca se revuelve para soltarse, intenta apartarme, pero solo logra que me aferre con más fuerza a él.

Cierro los ojos y exhalo despacio. Si tengo que morir, este momento es tan bueno como cualquier otro y, al menos, él seguirá vivo.

No quiero… No puedo vivir en un mundo en el que Luca De Santis no exista.