Capítulo 80
Bianca
—¡Joder, claro que no! —Da un paso hacia mí y yo retrocedo.
Luca resopla con fuerza y hunde los dedos en su pelo en un gesto de frustración—.
Lo siento. No debí decir todas esas cosas.
Me he comportado como un imbécil. No es justo que me condenes por ello cuando yo te he perdonado todo lo que has hecho.
—¿Me has perdonado? ¿Cuándo? Si me hubieses perdonado, no estaríamos teniendo esta discusión. Quieres mantenerme a tu lado, pero no me perdonas y tampoco deseas olvidar. Lo más cómodo para ti es seguir culpándome y castigándome, pero resulta que yo no tengo vocación de mártir.
—¿Qué demonios quieres decir con eso? —inquiere, frunciendo el ceño.
—Que esto no tiene ningún sentido. —Muevo el brazo, señalando el espacio que nos espera—. Te lo dije una vez y vuelvo a repetirlo, no soy la esposa que tú deseas tener.
—Sin embargo, fuiste tú la que decidió que nos casáramos, pero eso fue solo un paso más en tu plan, ¿no?
—Vuelves a hacerlo —señalo, apretando los dientes.
—¡¿El qué?!
—Sacar a colación que te mentí y te engañé.
—¡Es que lo hiciste!
—¡Y ya te he pedido perdón por ello! No sé qué más quieres de mí. No puedo ni quiero cambiar el pasado, Luca. Hice lo que tenía que hacer para sobrevivir.
—Podrías habérmelo contado. Si hubieses sido sincera conmigo…
—¡¿Cuándo?! ¿En qué momento te lo iba a contar?
Esa mañana, cuando abrí los ojos, estabas ahí, delante de la cama, mirándome como un puto asesino en serie.
Ni siquiera me dejaste preguntar qué te pasaba.
Hiciste el numerito de asfixiarme mientras me follabas, que, por cierto, nunca te lo he recriminado, y te aseguro que es lo más cerca que he estado de regresar mentalmente a esas noches con mi padre.
Se queda callado y suspira.
—Lo siento. Perdí el control. Me dejé llevar por la rabia y…
—Luca, no te lo estoy recriminando ahora tampoco —lo corto.
—Antes de eso, podrías habérmelo contado todo. Después de Sicilia, empezamos a actuar como un verdadero matrimonio. ¡Maldita sea, dormíamos juntos cada noche! ¿No tuviste un momento para contarme lo que estaba pasando?
—Lo tuve, pero no confiaba en ti. —Aparto la mirada e inspiro hondo para intentar tranquilizarme—.
Supongo que estoy tan acostumbrada a hacerlo todo por mi cuenta que no me permití el lujo de pensar que, tal vez, tú podrías ayudarme.
—Lo miro de nuevo a los ojos—. Y puede que también tuviese miedo de que, si te contaba la verdad, me odiaras por ello.
—Bianca, yo sería incapaz de odiarte. Créeme, lo he intentado.
—Da un paso hacia mí y esta vez no retrocedo.
Se acerca más, hasta que solo unos centímetros separan nuestros cuerpos—.
Lo siento, de verdad. Te prometo que intentaré controlar mis celos y voy a hacer todo lo que esté en mis manos para volver a confiar en ti.
Estira la mano para tocar mi rostro, pero, cuando está a punto de rozar mi mejilla, me echo hacia atrás y niego con la cabeza. Esta vez soy yo la que no le cree.
—Esto no va a funcionar, Luca —suelto con una exhalación.
Baja la mano y busca mi mirada, frunciendo el ceño.
—¿Qué demonios significa eso?
—Tú y yo. Si sobrevivimos, que lo dudo mucho, deberíamos poner fin a este matrimonio.
Esta vez es él quien retrocede, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—No hablas en serio —susurra, negando con la cabeza—. ¿Me estás dejando?
—Estoy teniendo la valentía de terminar con algo que acabará destruyéndonos a ambos —susurro con un nudo en la garganta.
—A ver si lo he entendido… Dices que me quieres, pero no estás dispuesta a luchar para que estemos juntos.
—Luca, no tiene nada que ver con sentimientos.
Claro que te quiero. ¡Maldita sea, te amo como nunca creí que podría amar a nadie!
, pero también soy muy consciente de que lo que hay entre nosotros no es sostenible a largo plazo.
La mayor parte del tiempo ni siquiera nos soportamos.
Tú no confías en mí y yo no puedo convertirme en la mujer sumisa y obediente que tú quieres que sea.
—¿Quién demonios ha dicho que quiero que seas sumisa y obediente?
—Tú, muchas veces, y hoy lo has demostrado con lo que dijiste en el despacho, con esa manera de hacer notar el poder que posees.
—No pongas palabras en mi boca. Sí, es verdad que lo que más me conviene en mi posición es tener una esposa como Ilenia, callada, invisible y obediente, pero no, eso no es lo que yo quiero, Bianca.
No te cambiaría por ninguna otra mujer que exista en el mundo.
—Exhala con fuerza y hunde los dedos en su pelo—.
No he vuelto a mirar a otra mujer desde que puse mis manos sobre ti.
Es más, podrían encerrarnos a ambos en una habitación con cientos de modelos de revista en pelotas que yo solo podría verte a ti.
—Eso no cambia nada —digo, retrocediendo de espaldas hasta tomar asiento en el borde de la cama.
Luca se queda mirándome desde su posición durante un buen rato. Farfulla una maldición y viene hacia mí con decisión. Se arrodilla frente a mis pies y coloca las manos sobre mis muslos.
—Escúchame, sé que ahora mismo estás cabreada.
La he cagado mucho. Son estos malditos celos, que no me dejan respirar.
Por favor, olvida las gilipolleces que dije en el despacho.
Yo nunca te encerraría, Bianca. Solo estaba enfadado, pero sería incapaz de cumplir ninguna de esas amenazas.
No te quiero sumisa ni obediente. ¡Dios santo, me encanta que me desafíes!
Eso es lo que me enamoró de ti, tu fortaleza y valentía, que eres completamente distinta a cualquier otra mujer que haya conocido.
—No es solo por lo de hoy, Luca. Sencillamente, no somos compatibles. Las peleas, las discusiones… Hasta hace poco te planteaste matarme y yo te disparé. Esto no es sano, y lo sabes.
—¿Sano? ¿A quién mierda le importa eso? Vivimos en un mundo tóxico, Diavuletta.
La gente se muere a nuestro alrededor. Hay sangre, sufrimiento y peleas cada día entre nuestros más allegados.
Nuestro matrimonio es de los más sanos que he visto entre miembros de la Cosa Nostra.
—Pongo los ojos en blanco y él esboza una pequeña sonrisa que no le llega a los ojos—.
Sé que no es demasiado, pero al menos tenemos algo que la mayoría de ellos ni siquiera sueñan.
—¿El qué?
Me agarra las manos y se las lleva a los labios.
—Nos queremos —susurra contra mi piel.
—Puede que eso no sea suficiente.
—Sí lo bastante como para intentarlo —replica.
Lo observo en silencio. Odio verlo así, tan abatido. En el fondo sé que lo que pasó en el despacho fue fruto del cabreo y los celos, solo que por un momento me sentí igual que cuando era una niña.
Luca es un Don de la mafia siciliana. Ser autoritario, arrogante e intransigente le viene con el puesto, pero en el tiempo que hemos pasado juntos, ya me había acostumbrado a esa otra parte de él, que es la que a mí me enamoró.
No quiero seguir casada con un hombre que se parece a mi padre. Sé que él no es así, como prueba de ello está que, en cuanto intenté dejarlo, no me encerró ni me amenazó con hacerme daño, y que lo tengo de rodillas justo frente a mí, casi suplicando que no renuncie a lo nuestro.
—Hablaremos de esto cuando todo acabe, si es que sobrevivimos —digo, apartando la mirada.
Lo escucho suspirar y besa mis nudillos con suavidad.
—Todo va a salir bien. Esta noche acabaremos con tu padre de una vez por todas.
Tiro de mis manos y vuelvo a mirarlo con una ceja arqueada.
—Con tu mierda de plan, permíteme dudarlo —mascullo entre dientes.
Luca se pone de pie y resopla con fuerza.
—Sobreviviremos porque vamos a seguir tu plan. —Saca su teléfono del bolsillo y me lo tiende—. Llama al puto irlandés. Solo nos ayudará si tú se lo pides.
Y así, solo con ese gesto, Luca vuelve a demostrar que no se parece en nada a mi padre.
Él jamás habría cedido ante una situación similar.
Cojo el teléfono y busco su mirada. Supongo que tiene razón y ahora mismo estamos demasiado cabreados y dolidos para tomar ninguna decisión.
Ya veremos qué pasa cuando todo esto acabe.