Lupara Bianca Capítulo 79
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Capítulo 79

Bianca

Me muevo con nerviosismo de un lado a otro del dormitorio.

Al otro lado del teléfono, mi tía se está tomando unos segundos para asimilar lo que acabo de contarle.

Ella solo conocía una parte de mi plan, la parte en la que me casé con Luca para huir de mi padre, pero se lo he dicho todo: mi intención de acabar con mi padre, la existencia de Ryan y su apoyo durante todos estos años y, por último, la verdadera razón de mi matrimonio con Luca y todo lo que eso ha desencadenado.

—Cariño, ¿por qué no hablaste antes conmigo? —pregunta con un hilo de voz.

—No quise preocuparte. Ya has hecho mucho por mí, tía. Necesitaba resolverlo yo sola.

—Lo entiendo, pero podría haberte ayudado.

—¿Cómo? Mi padre es muy poderoso. Si te hubiese involucrado en esto, te estaría poniendo en peligro.

—Bianca, no le tengo miedo a tu padre —afirma.

Frunzo el ceño. Ese es precisamente el motivo de mi llamada. Lo que dijo anoche Luca ha logrado despertar mi curiosidad.

—Tía Sarah, ¿cómo conseguiste que él te permitiera llevarme a Europa? Hasta hace poco no lo había pensado, pero resulta muy extraño que accediera sin más.

—¿Sin más? No, cielo, tuve que amenazarlo para que te dejara salir de la mansión.

Esa noche… —Se queda callada unos segundos y cierro los ojos con fuerza.

Odio recordarlo—. Sé que no hemos hablado demasiado de lo que él hacía contigo.

Mi preocupación en ese momento fue alejarte de él y después buscarte ayuda psicológica para que pudieses superar todos esos años a su lado.

Tomo una respiración profunda y abro los ojos.

Acudí a terapia durante mucho tiempo. No puedo negar que fue de ayuda poder sincerarme con alguien sin que me juzgara, pero los abusos físicos y mentales a los que mi padre me estuvo sometiendo durante tanto tiempo no es algo que se supere sin más.

Aprendí a vivir con ello, a no culparme a mí misma por lo que ese cabrón me hacía, pero no a perdonar, y mucho menos a olvidar.

—Todo está bien —digo con una exhalación—. Lo hiciste lo mejor que pudiste y te prometo que no tengo ni un solo reproche para ti. Al contrario. Me salvaste y una vida no será suficiente para agradecértelo.

—No tienes nada que agradecerme. Tu madre jamás habría permitido que ese monstruo os hiciera daño a ninguna de las dos. Ella os quería más que a nada en el mundo. Lo sabes, ¿verdad?

Asiento, aunque no puede verme, y mis ojos se llenan de lágrimas. A veces me cuesta recordar cómo era. Tengo imágenes sueltas de su pelo rubio, los ojos azules y una sonrisa perfecta. Solo tenía diez años cuando murió.

—Es una pena que ni siquiera llegara a conocer a Caterina —susurro.

—No pudo conocerla porque ese hijo de puta que tienes como padre no se lo permitió.

—¿A qué te refieres? Mamá murió al dar a luz a Rina.

—¿Fue así? Yo no estoy tan segura. Hay cosas que tú no sabes, Bianca. Secretos que muy probablemente hayan acabado con la vida de vuestra madre.

Pestañeo rápido y sacudo la cabeza de un lado a otro.

—Espera… ¿Estás insinuando que la mataron?

—Es posible. No estoy segura, pero después de lo que hizo… —Chasquea la lengua—. Cielo, temo ponerte en peligro si te cuento esto.

—Ya es tarde para eso, tía. Si hay algo que puedas darme para usar en contra de mi padre, lo necesito. Rina volverá a la mansión en menos de dos semanas. No puedo permitir que ese cabrón le ponga las manos encima.

—Tu madre grabó un vídeo antes de morir. Ella sabía que estaba en peligro. Eso fue lo que yo usé para amenazar a Luciano y que te permitiera vivir conmigo.

—¿Qué vídeo? —Escucho cómo la puerta del dormitorio se abre a mi espalda, pero no me giro. Ahora mismo toda mi atención está puesta en la persona que tengo al otro lado del teléfono—. Tía Sarah, necesito que me lo cuentes todo.

—Tu madre tuvo una aventura. Consiguió unos documentos y…

—Bianca, tenemos que hablar. —La voz de Luca se escucha justo de detrás de mí.

Lo ignoro y me aparto de él un par de pasos.

—¿Qué documentos? No estoy entendiendo nada.

—¿Sabes qué? Prefiero que lo veas tú misma. Te lo mandaré ensegui… —Noto cómo me arrebata el teléfono antes de que pueda terminar la frase.

Me giro de golpe y encuentro a Luca muy cerca de mí.

—¡¿Qué demonios haces?! —exclamo, y, cuando estoy a punto de recuperar el teléfono, lo lanza contra la pared.

El aparato se rompe en mil pedazos, que quedan esparcidos en el suelo del dormitorio.

—¿Ahora vas a hacerme caso? —inquiere, cruzándose de brazos.

—¡Maldita sea, Luca! Era una llamada importante. Mi tía…

—Ya, tu tía. —Chasquea la lengua y esboza una falsa sonrisa—. Deja de mentir de una maldita vez.

—¡Y tú deja de compórtate como un jodido carcelero! —vocifero, perdiendo los nervios.

Nos miramos con intensidad durante un buen rato. Sus ojos brillan de furia contenida. Exhalo con fuerza y rompo el momento de tensión dándole la espalda. Él también resopla y noto cómo se acerca más a mí.

—Había venido a disculparme —susurra.

Se me escapa una risa baja.

—Menuda manera de pedir perdón. ¿Qué será lo siguiente? ¿Lanzarme por la ventana?

Coloca la mano sobre mi hombro y yo reacciono apartándome de manera brusca.

—¿No puedo ni tocarte, Bianca?

Me giro de nuevo hacia él, cruzándome de brazos.

—Por supuesto. Puedes hacer lo que quieras. Eres mi dueño, ¿recuerdas? Tú das las jodidas órdenes y yo debo obedecerlas como una buena perrita. Espero que, cuando me pongas el collar, al menos sea de diamantes.

—Ya me he disculpado —masculla con la mandíbula tensa.

—No, no lo has hecho. Has llegado aquí y, dejándote llevar por tus malditos celos, una vez más has deducido que estaba hablando con Ryan, pero no era así.

—No tendría que deducir nada si empezaras a decirme la verdad. Quiero confiar en ti, pero, cada vez que creo que puedo hacerlo, descubro que me has estado mintiendo de nuevo, como hace un rato en el despacho.

—Luca, yo no te he mentido.

—¿Lo de que soy tu mejor opción para acabar con Rossetti y solo por eso volviste conmigo?

Bufo con fuerza y me pinzo el puente de la nariz.

—Eso es una obviedad, no una mentira.

—Me hiciste creer que volvías a casa conmigo porque me quieres.

—¡Y te quiero, joder! Pero también te necesito para destruir a mi padre. No he mentido.

—¡Oh, vamos! Ocultar información también es mentir, Bianca. Prometiste que serías sincera conmigo.

—¿Eso es lo que de verdad te molesta? ¿Me has tratado como a poco menos que una jodida prisionera porque no te dije algo que era obvio?

—Esbozo una falsa sonrisa y niego con la cabeza—.

No, Luca. Lo que te jode es que tengo razón.

Necesitamos a Ryan y tu maldito egocentrismo no te permite admitir que estás equivocado.

Tu plan es una mierda. Va a morir gente, probablemente ninguno de nosotros sobreviva y será culpa tuya.

—¿Quién está siendo arrogante ahora? Tu plan no tiene fallos, ¿no? Eres perfecta.

—No, no lo soy. Tengo un defecto enorme, ¿sabes cuál es?

—Ilumíname —pide, arqueando una ceja.

—Mi pésimo gusto para elegir de quién me enamoro. Lo peor es que yo ya sabía cómo eras. Me convencí de que no te pareces en nada a mi padre, pero no es verdad. Sois iguales, y hoy lo has demostrado.

—¿En serio vas a usar algo que dije durante un calentón para compararme con el hijo de puta que te violaba? Eso es muy rastrero hasta para ti, Bianca.

—¿Sabes que él nunca admitió que me estaba violando? El muy cabrón estaba convencido de que yo lo disfrutaba, que era algo consentido. Dime, Luca, ¿qué piensas tú? ¿Crees que también te mentí en eso y me acostaba con mi padre por mi propia voluntad?

Este es el gran momento. Si ahora mismo dice que sí, lo nuestro habrá acabado para siempre.