Lupara Bianca Capítulo 77
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Capítulo 77

Luca

He pasado toda la mañana reuniéndome con varios miembros de la organización.

Adriano Valente y el sobrino y heredero de Augusto Colombo están convencidos de que Rossetti es el traidor, incluso he logrado que Pietro Santoro confiese que también duda de la lealtad del que, hasta hace poco, era su socio más cercano.

Esta noche es clave para demostrarles que es así, y creo que ya sé cómo lograrlo.

—Entonces ¿el punto de encuentro es en el puerto? —pregunta mi hermano.

He querido que Serra, Bianca y él estén enterados de todo lo que va a ocurrir esta noche.

—Sí. Adriano cree que será más sencillo para Rossetti jugárnosla si nos reunimos con los mexicanos en su propio territorio.

—Pero esa reunión no será real —deduce Serra.

—Solo es una trampa para Rossetti. Los mexicanos no aparecerán; en su lugar, vendrán a por nosotros hombres armados que se supone que son federales.

—¿Se supone? —intercede Bianca. Ha estado muy callada desde que entró en el despacho

—Eso he dicho.

Estrecha la mirada sobre mí y se cruza de brazos.

—¿Y quiénes serán esos hombres en realidad?

—Mercenarios. Se harán pasar por federales. Con eso será suficiente para convencer a los demás de que tu padre es un traidor. Estoy seguro de que el mismísimo Maurizio Leone vendrá a ejecutarlo.

—No es un mal plan —comenta mi hermano.

Bianca lo mira de reojo y pone los ojos en blanco.

—¿Hay algo que quieras compartir con nosotros? —le pregunto.

Me mira a mí y exhala con fuerza.

—Muchas cosas, pero, si lo hago, lo más probable es que termine hiriendo tu ego.

Frunzo el ceño y le lanzo una mirada dura. ¿Qué mierda le pasa? Estoy intentando resolver el problema lo mejor que puedo.

—Adelante, mi ego lo soportará. ¿Qué es lo que no te gusta?

Toma una respiración profunda y da un paso hacia mí.

—Para empezar, que es una puta mierda de plan.

—¿Cómo dices? —inquiero, abriendo mucho los ojos.

—Ya me has escuchado, Luca. Estamos hablando de engañar a los que, con casi toda probabilidad, son los hombres más poderosos y peligrosos de la costa este y pretendes usar a actores como si estuviésemos en un jodido musical de Broadway.

¿Crees que nadie va a investigarlo? Mi padre tiene muchos contactos.

Además, Santoro, Valente… No irán solos a esa reunión, no sabiendo que existe la posibilidad de que intervengan los federales.

Lo más probable es que acudan con un pequeño ejército para defenderlos.

—Por eso he dicho que serán mercenarios y no actores los que intervengan —siseo entre dientes.

—¡Claro! Tiene todo el sentido. Cuando empiecen los disparos y los cadáveres se amontonen, ¿qué harás con ellos?

Porque no son idiotas, Luca. No habrá ninguna autoridad que reclame esos cuerpos.

¿Vas a deshacerte de todos ellos hundiéndolos en bidones de ácido?

¿En qué momento? ¿Cómo lograrás ocultar tu participación?

—Eso es algo que iremos solucionando sobre la marcha. Lo más importante ahora es acabar con tu padre.

—¡No, maldita sea! —replica, alzando la voz—. No puedes dejarlo todo al azar. Eso es lo que siempre haces. Actúas sin pensar en las consecuencias. ¿De qué nos sirve acabar con mi padre si después nos acusan a nosotros de traición?

—¿Tienes una idea mejor? —siseo con la mandíbula apretada.

—Cualquier idea es mejor que esa. —Inspira hondo por la nariz y empieza a moverse de un lado a otro del despacho—.

Antes de actuar hay que pensar en todos los posibles contratiempos.

Cada pequeño detalle es importante. Estudiarlo bien, madurarlo, y, solo cuando estás seguro de que vas a tener éxito, puedes poner el plan en marcha.

Puede que tu estilo sea entrar en una habitación pegando tiros, pero eso no nos llevará a ningún lado, solo a una más que probable muerte.

Aprieto los puños y me contengo para no empezar a gritar como un jodido energúmeno. Eso es lo que ella ha hecho conmigo. Durante todo este tiempo, cada una de sus decisiones ha sido previamente planeada, empezando por nuestro matrimonio.

—Bueno, tú tienes experiencia mintiendo, engañando y traicionando, ¿no? Adelante, instrúyenos —escupo con rabia.

—Se avecina una tormenta —canturrea Romeo, apoyando el brazo en el hombro de mi hermano. Este se aparta con un movimiento brusco en el mismo instante en el que lo fulmino con la mirada.

—Ya sabes cuál es la solución, Luca. Haz esa puta llamada y deja que Ryan…

—¡No! —la corto.

—¡Maldita sea! Te comportas como un niño idiota.

La mejor posibilidad que tenemos es que de verdad aparezcan los federales en el puerto.

Así, nadie sospechará. Todos estarán preparados para defenderse.

Incluso podemos crear una ruta de escape segura para los cabezas de familia.

Algunos hombres morirán, pero culparán a mi padre. Es nuestra mejor baza, y lo sabes.

Respiro hondo y niego con la cabeza.

—He escuchado tu opinión, pero no estoy de acuerdo con ella. Seguiremos adelante con mi plan —digo, tomando asiento detrás del escritorio.

Bianca pestañea rápido y se cruza de brazos.

—¿Eso es todo? —Asiento—. Entonces, ya está. Vas a llevarnos a una muerte segura, pero todo está bien porque eres el que manda, ¿es eso?

—Sí, Bianca. Yo soy el que manda.

Ríe falsamente por la nariz.

—No es solo tu vida la que está en juego, Luca.

—Pero yo soy el que toma las decisiones —replico.

—Claro, porque tu historial de decisiones acertadas es muy extenso y nada temerario, ¿verdad? Como irrumpir en la casa de Ryan pegando tiros, herido y sin ningún apoyo. Eso fue realmente inteligente.

Me encojo de hombros con arrogancia.

—Conseguí lo que quería, ¿no? Estás aquí.

Da un paso más en mi dirección. Se le marcan las venas del cuello y sus manos tiemblan. Está furiosa. Bien, yo también.

—¿En serio eres tan idiota como para pensar que estoy aquí porque tú lo has decidido? —Esboza una sonrisa maliciosa y niega con la cabeza—. Accedí a volver a esta casa porque creí que serías un poco más listo. Tú eras mi mejor opción para acabar con mi padre.

Sus palabras se clavan en mi pecho como una jodida daga afilada.

—Ya ha empezado a llover —susurra Serra.

—¡Cierra la jodida boca!

—¡Cállate, Romeo! —le gritamos Bianca y yo al mismo tiempo.

Nos seguimos mirando con rabia y furia contenida.

«Tú eras mi mejor opción para acabar con mi padre».

Entonces es eso. No está aquí porque me quiere.

Solo sigo siendo un peón en sus manos. Me obligo a tranquilizarme y mantener un tono neutro.

No le daré el gusto de ver lo mucho que me duelen sus acciones.

—Es curioso, creí que habías vuelto conmigo porque me amas, pero ya veo que sigues jugando, Diavuletta. —Me pongo en pie bajo su atenta mirada.

—Luca, estás tergiversando mis palabras —sisea entre dientes.

—No, has sido muy clara. Ahora puedes irte. Seguiré desde aquí sin ti.