Lupara Bianca Capítulo 68
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Capítulo 68

Luca

Bianca pone los ojos en blanco y se aparta de mí. Se equivoca si cree que no hablo en serio. El puto irlandés tiene los minutos contados. No dejaré que siga respirando tras saber que la ha tocado, besado y…. ¡Mierda! Me hierve la sangre solo con pensar en ello.

—No vas a matar a Ryan y tampoco a Romeo.

—Al traidor lo dejaré vivir, pero lo del puto irlandés no es negociable.

—¡Luca, maldita sea! —exclama. Bufa con fuerza y me mira, frunciendo el ceño—. Está bien. Hagamos un trato.

Estrecho la mirada sobre ella con curiosidad, pero también con cautela.

—No estamos negociando, Bianca, pero adelante. Solo por curiosidad, ¿qué es lo que propones?

—Si dejas en paz a Ryan, me iré contigo.

Esbozo media sonrisa.

—Vas a venir conmigo de todos modos. Puedes hacerlo por las buenas o…

—O convertirme en el jodido grano más grande y molesto que has tenido nunca en el culo —me interrumpe—. Es tu decisión.

Espero unos segundos antes de responder, como si realmente me estuviese planteando la posibilidad de dejar a ese cabrón con vida. Ni en sus jodidos sueños.

—Creo que podré soportar una más de tus rabietas. Ahora dame mi puta pistola.

—¡Luca! Joder, por una vez deja de actuar como un tarado inconsciente.

Hay una veintena de hombres armados solo dentro de la casa.

¿Crees que vas a poder salir de aquí de una pieza después de matar a su jefe?

—Me encojo de hombros—. Van a matarte, idiota.

No solo estoy salvando su vida, también la tuya.

—¿Desde cuándo te preocupas por mí?

—Desearía no hacerlo —sisea cabreada—. No voy a darte la pistola hasta que me prometas que no matarás a Ry…

—¡Deja de decir su maldito nombre, joder! —vocifero.

—¡Y tú deja de compórtate como un niño caprichoso!

Nos miramos con intensidad durante unos segundos. Estamos librando una batalla de la que pienso salir vencedor.

—Puedo hacer esto durante todo el día —susurro, encogiéndome de hombros.

Bianca suspira y se acerca más a mí, acaricia mi mejilla con suavidad y clava su mirada en la mía.

—Necesito que confíes en mí.

Aparto la mirada y niego con la cabeza.

—Pides demasiado —mascullo.

—Luca, mírame. —Enmarca mi rostro con ambas manos y gira mi cabeza con suavidad—. Voy a irme contigo. No porque sea parte de ningún plan o porque tema que me hagas daño. Estás aquí solo y desarmado. Solo tengo que decir una palabra para que cualquiera entre en este dormitorio y te mate.

—¿Me estás amenazando? —inquiero.

—No, todo lo contrario. Quiero…. Necesito que entiendas que hago esto porque quiero. Voy a arriesgar todo aquello por lo que he luchado en los últimos años porque confío en ti, porque… —Inspira hondo y busca de nuevo mi mirada—. Porque te amo.

Contengo el aliento y siento cómo mi corazón se salta un latido. «Me ama». Cómo me gustaría creer ciegamente que dice la verdad, pero una parte de mí, la que sigue tan herida y destrozada por su traición, se niega a aceptar esa posibilidad.

—Me amas —susurro, y ella asiente con la cabeza—.

¿Cuánto me amas, Bianca? ¿Serías capaz de matar por mí?

¿Morirías por mí? Porque te juro que yo estaría dispuesto a convertirme en tu maldito escudo humano en medio de un tiroteo.

Dejaría que me arrancaran una a una todas mis extremidades si tu vida dependiera de ello. ¿Harías tú lo mismo por mí?

Sus ojos se abren mucho y retrocede un paso. Cierra los ojos, y cuando vuelve a abrirlos hay determinación en ellos.

—Podría decirte lo que quieres escuchar, pero sería mentira.

No sé si sería capaz de dar mi vida por la tuya, Luca.

Hasta hace muy poco, las únicas vidas que tenían algún valor para mí eran las de mi hermana, Romeo y la tía Sarah.

Sí, soy una persona egoísta y manipuladora, pero estoy intentando ser sincera contigo.

Si tengo que escoger entre tú y yo, lo más probable es que me elija a mí misma.

Bufo con fuerza y hundo los dedos en mi pelo. No sé exactamente qué respuesta esperaba; sin embargo, en parte, puedo entender su postura. Aparte de Caterina, Serra y su tía, nunca nadie se ha preocupado por ella.

—Está bien. Tú ganas. ¿Qué trato quieres hacer?

Esboza un amago de sonrisa que enseguida corto con una mirada fulminante.

Estoy cediendo, pero no voy a permitir que se regodee en mis narices.

Bianca carraspea y pasa por mi lado para dirigirse al fondo del dormitorio.

Tras abrir un cajón de la cómoda, saca mi pistola de su interior y regresa junto a mí.

—Necesito cinco minutos a solas con Ryan.

—Por encima de mi cadáver —replico.

—Luca, tengo que hablar con él. Ha estado a mi lado todo este tiempo y se merece una explicación.

—Eres mi mujer y vuelves a nuestra casa. No hay más explicaciones que dar, a nadie.

—Eso es algo que me toca a mí decidir. Además, tengo que pedirle un favor.

—¡¿Qué?! ¡No vas a pedirle nada, maldita sea!

—Luca, solo son cinco minutos. Te prometo que después nos iremos y te contaré palabra por palabra todo lo que hayamos hablado.

Gruño y niego con la cabeza.

—Mi respuesta es no.

Bianca se cruza de brazos y alza la barbilla de manera desafiante.

—No te estaba pidiendo permiso. Voy a hablar con Ryan. Puedes quedarte aquí con la pistola esperándome, o puedo pedirle a alguien que venga a retenerte. Tú decides. —Vuelvo a gruñir—. Deja de hacer eso. Por muy sexy que suene en la cama, cuando lo haces cabreado pareces un perro.

—Así es como me siento, como tu jodido perro amaestrado.

La muy desgraciada sonríe de manera arrogante.

—Espérame aquí, sé un buen chico y puede que después te rasque las orejas un rato.

Inevitablemente, vuelvo a gruñir mientras la sujeto por la nuca y acerco mi rostro al suyo.

—Después voy a follarte esa boca impertinente. —Exhalo con fuerza—. Tienes tres minutos, ni un segundo más. Como ese bastardo te ponga un solo dedo encima, lo mataré a él y a todos sus hombres.

Me entrega la siamesa y retrocede un par de pasos.

—Trato hecho. Nos vemos en tres minutos, y ni se te ocurra matar a nadie. Deja que sea yo quien resuelva esto. —A regañadientes, asiento—. Promételo.

—Ya he dicho que…

—No me sirve, Luca. Quiero que lo prometas.

Bufo con fuerza.

—Está bien. No mataré al puto irlandés hoy. Tienes mi palabra.

Bianca asiente y, tras dar media vuelta, abre la puerta y sale de la habitación a toda prisa.

Tres minutos, esa es toda la ventaja que le doy y, por una vez, estoy deseando que incumpla su parte del acuerdo, así tendré el placer de destrozarle el cráneo a balazos a Kincaid.

Puede que no sea hoy, pero voy a matarlo; es un hecho.