Lupara Bianca Capítulo 65
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Capítulo 65

Luca

Me aparto de ella con un movimiento brusco. Hago una mueca de dolor y llevo la mano al nuevo vendaje que me han puesto mientras estaba inconsciente. De espaldas a Bianca, busco con la mirada mi camiseta, aunque la última vez que la tuve puesta recuerdo que estaba empapada de sangre.

—¿Dónde está mi chaqueta? —gruño.

—¿Qué? —Me giro y encuentro a Bianca aún apoyada contra la pared.

¡Dios santo! Está tan hermosa después de correrse. Solo tengo ganas de volver junto a ella y follarla como un puto maníaco. De hecho, la presión que siento en la entrepierna es un duro recordatorio de que, a pesar de lo que acabo de hacer, es ella la que tiene todo el poder sobre mí y no al revés.

—Mi jodida chaqueta. ¿Dónde está? —le pregunto visiblemente cabreado.

No vine aquí para esto. Mi única intención era entrar en esta casa, cargarme al puto irlandés y llevarme a mi mujer.

Sin embargo, he terminado desmayándome en el recibidor y siendo atendido por un médico.

No contento con eso, también le he regalado un orgasmo de castigo a mi esposa. Si es que no sé cómo estoy vivo.

—Luca, tu herida… —Bianca señala mi abdomen.

Bajo la vista y me doy cuenta de que una pequeña mancha de sangre empieza a aparecer sobre las vendas—.

El médico dijo que podía volver a sangrar si no guardabas reposo.

Túmbate, te ayudaré a… —deja la frase a medias cuando intenta tocarme y yo me aparto.

—No necesito tu jodida ayuda. Recoge lo que sea que tengas en este lugar y vámonos a casa.

—¿A casa?

—Sí, Bianca. Nos vamos. —Ella niega con la cabeza—. No te estaba preguntando.

Resopla con fuerza y vuelve a negar. Se mueve por la habitación. Coge lo que parece ser mi chaqueta de encima de una cómoda y me la tira a la cara.

—Que no te haya disparado a propósito no significa que vaya a dejar que me mates. Si quieres irte, hazlo tú solito.

Lanzo la chaqueta sobre la cama y camino hacia ella con decisión. Como ya esperaba, no retrocede. Alza la barbilla de manera desafiante y me mira directamente a los ojos.

—Si quisiera… —Exhalo profundo—. Si pudiera matarte, ya lo habría hecho.

—Entonces ¿qué sentido tiene llevarme de vuelta a tu casa? ¿Piensas encerrarme allí y torturarme para saciar tu sed de venganza?

La forma en la que dice «tu casa», como si ella no hubiese vivido en ella durante los últimos años, me hace explotar de pura rabia.

—¡No, joder! ¡Voy a llevarte a «nuestra casa» porque ese es el lugar al que perteneces como mi jodida esposa!

—La sujeto por la nuca—. Te llevaré a casa porque soy un imbécil, porque a pesar de que para ti solo haya sido un juego, aunque me usaras a tu antojo, soy incapaz de imaginarte lejos de mí.

Me niego a pasar ni una noche solo en mi cama.

—Eso no tiene sentido —susurra, negando con la cabeza.

—¡Lo sé, maldita sea! Me encantaría volver atrás, al momento en el que aún no te echaba de menos cada maldito segundo del día, a esos instantes en los que no sentía que mi corazón sangra y agoniza por tu traición.

—Tomo una respiración profunda y la miro a los ojos—.

Me gustaría no amarte como te amo, Bianca.

Nunca antes le había dicho a una mujer que la amaba.

Jamás había sentido tanto por alguien. Se supone que este debería ser un momento de felicidad para nosotros, pero solo soy capaz de sentir una especie de agujero en el centro de mi pecho que amenaza con destrozarme desde dentro.

La amo, pero ¿a qué coste? ¿Cómo voy a ser capaz de pasar el resto de mi vida a su lado después de lo que ha hecho?

¿Podré perdonarla algún día? ¿Quiero hacerlo?

Lo único de lo que estoy seguro es de que no tengo otra opción más que vivir con ello, porque la alternativa es alejarla de mí, y ese sería mi fin.

No creo que pudiera sobrevivir si la perdiera.

Veo cómo sus ojos se llenan de lágrimas y niega con la cabeza.

—Luca…

—¿Sabes qué es lo peor? Que estoy condenado a vivir el resto de mis días amando a alguien que me aborrece.

No me refiero solo a tener que dormir con un ojo abierto por si decides asesinarme en mitad de la noche porque forma parte de tus planes.

Hablo de que no volveré a confiar en ti, no sabré si alguna de tus sonrisas es real, si cuando gimas mi nombre al correrte estarás siendo sincera o será una estrategia más para volver a engañarme.

Ese va a ser mi castigo por enamorarme de ti, Bianca.

Nos quedamos en silencio. Yo con la respiración acelerada y ella conteniendo las lágrimas que están a punto de derramarse desde sus ojos. Entonces alza una mano y la coloca en mi mejilla.

—La noche de nuestra cita fallida, en el almacén, mientras nos lo montábamos sobre el Ferrari dijiste que…—Inspira hondo y frunzo el ceño—. Voy a repetir lo que dije hace un rato: «Estoy lista para tener esa conversación».

La miro sin comprender a qué se refiere.

Rememoro esa noche en el almacén. Por primera vez permití que alguien más, aparte de mi familia, viera mis manos desnudas.

Después la follé sobre la carrocería del Ferrari.

Ese fue un momento importante para mí porque, en ese preciso instante, me di cuenta de que ya no había vuelta atrás.

Estuve completamente seguro de que mis sentimientos por Bianca no eran solo deseo o atracción, me había enamorado de ella.

«Me amas, pero aún no estás lista para tener esta conversación».

La suelto y retrocedo un par de pasos. Su jodido olor me está nublando la mente.

—¿A qué estás jugando ahora? —pregunto con un hilo de voz. No puede ser verdad. Está mintiendo y manipulándome de nuevo—. ¿Esto también es parte de tu plan? Vas a seguir intentando destruirme, ¿verdad? Aún no has terminado.

—No, Luca. Mi plan no tiene nada que ver contigo.

—Entonces ¡¿qué mierda quieres de mí?! —exclamo, llevándome las manos a la cabeza.

—¡Nada! Solo intento salvar a mi hermana.

—¡¿Te has vuelto loca?! ¡¿Qué tiene que ver Caterina con todo esto?!

—¡Todo! —grita, y las lágrimas que estaba reteniendo empiezan a descender por sus mejillas—. ¡No lo entiendes, joder! Todo lo hago por ella, para salvarla.

—¿De qué tienes que salvarla?

—¡De mi padre! No puedo permitir que la historia se repita, que ella pase por lo mismo que yo.

La observo mientras el llanto se apodera de ella. Quiero abrazarla y consolarla, pero al mismo tiempo no puedo dejar de pensar que todo esto solo es una más de sus manipulaciones.

—Intento seguirte, Bianca, pero tus malditos mensajes son contradictorios.

Hace solo un instante has insinuado que sientes algo por mí y ahora resulta que quieres salvar a tu hermana de casarse con alguien que ella no ha escogido.

¿Tan mal te ha ido conmigo? ¿Tanto te arrepientes de que yo fuese el elegido para ser tu esposo?

—¡Maldita sea, Luca! Por una jodida vez plantéate la posibilidad de que el mundo no gira a tu alrededor. ¡No quiero salvar a Rina de un matrimonio concertado, intento alejarla de mi padre!

—¿De qué hablas? No entiendo nada de lo que dices.

—¡Porque no escuchas, joder! Hasta ahora he conseguido mantenerla lejos de él, pero en menos de dos semanas volverá del internado.

Estará en la mansión, sola, con él. —Respira de manera agitada y da un paso hacia mí—.

Nadie estará allí para impedir que ese hijo de puta se meta en su habitación en mitad de la noche.

Nadie podrá evitar que le haga todas esas cosas que me hacía a mí.

Cierro los ojos e intento asimilar lo que acabo de oír. Repito sus palabras en mi mente una y otra vez buscándole un sentido. «Nadie podrá evitar que le haga todas esas cosas que me hacía a mí». Busco su mirada con los puños apretados y la mandíbula tensa.

—¿Qué es lo que te hacía a ti? —pregunto con un hilo de voz.

Contengo el aliento mientras aguardo su respuesta. Solo espero que lo que estoy suponiendo no sea real. ¡Por Dios santo!, no puede ser verdad.

—Es justo lo que estás pensando.

Exhalo con fuerza y niego con la cabeza. Ese hijo de puta… Fue capaz de… «Nadie estará allí para impedir que ese hijo de puta se meta en su habitación en mitad de la noche. Nadie podrá evitar que le haga todas esas cosas que me hacía a mí».

Luciano Rossetti aún no lo sabe, pero es un hombre muerto. Arrasaré con toda la organización si es necesario, quemaré ciudades, destruiré familias, pero va a pagar por lo que ha hecho.