Capítulo 41
Bianca
Intento centrarme en la pregunta de Romeo. Tampoco es tan difícil de responder. He tenido momentos buenos con mi marido, sí, pero tampoco es que mi opinión sobre él haya cambiado tanto. Bueno… Puede que un poco. ¡No lo sé, joder! Sacudo la cabeza de un lado a otro y resoplo con fuerza.
—Lo he superado. Eso es lo único que importa ahora.
—¿Qué vas a hacer con lo del embarazo? Sé que intentabas ganar tiempo cuando aceptaste la propuesta de tu marido, pero, ahora que tu padre cree que es una realidad, no puedes huir de ello, Bianca. Si se entera de que le has mentido…
—Lo sé. —Bufo y me pinzo el puente de la nariz—. No tenía planeado mentir, pero ya lo viste en la fiesta, estaba a punto de comprometer a Rina con ese idiota y no podía permitirlo.
—Lo entiendo, de verdad, pero es demasiado arriesgado. Todos tus planes pueden irse a la mierda si descubre que le estáis mintiendo. ¿Estás dispuesta a quedarte embarazada de verdad para que eso no ocurra?
Me paro a pensarlo unos segundos y me encojo de hombros. No quiero tener un hijo, no si su futuro es crecer en este mundo de mierda. Ni siquiera puedo imaginar que resulte ser una niña y le toque vivir lo mismo que a mí, pero la otra opción es dejar que sea mi hermana la que cargue con ese peso.
—No lo sé, y ahora mismo tampoco quiero pensar en ello.
—Bueno, con todos los problemas que hay en la organización, no creo que tu padre tenga tiempo de tocarte las narices, al menos, no hasta que resuelvan el tema de la filtración.
Asiento. No he querido hacer preguntas al respecto, pero nada más levantarme esta mañana, me enteré de lo que estaba pasando.
Según escuché, Adriano Valente es el que ha resultado más perjudicado por las redadas policiales.
Estoy segura de que eso es lo que están intentando arreglar los hermanos De Santis en este preciso momento.
—¿Cómo has estado tú sin mí? —pregunto para cambiar de tema. Lo que menos me apetece es volver a evocar en mi mente al tarado de mi marido.
—Bien, todo tranquilo —responde sonriendo.
Pongo los ojos en blanco y lo señalo con el dedo índice.
—Te has hartado de follar, ¿verdad? —Suelta una carcajada y niego con la cabeza—. Algún día vas a tener que decirme quién es el afortunado que te tiene tan contento.
—Un caballero nunca habla de sus conquistas —contesta, aún riendo.
—Ambos sabemos que tú de caballero no tienes nada, pero adelante, sigue manteniendo el secreto, acabaré averiguándolo.
—No si yo puedo evitarlo —replica—. Hablando de amantes secretos, ¿por qué he tenido la sensación de que Luca de Santis estaba especialmente cariñoso contigo durante la fiesta?
Ya sé que tenéis que guardar las apariencias y todo eso, pero la forma en la que te defendió en la mesa fue muy llamativa. ¿Ha pasado algo que yo no sé?
Estoy a punto de negarlo, pero mi cabeza se mueve de arriba abajo sin que yo se lo ordene. Supongo que necesito que alguien me recuerde uno a uno todos los motivos por los que haberme acostado con Luca ha sido un tremendo un error. Tomo una bocanada profunda de aire y lo suelto de golpe.
—Me he acostado con él.
—¡¿Disculpa?! Creo que no te he entendido bien.
Me cubro el rostro con ambas manos y exhalo con fuerza.
—Ya sé lo que me vas a decir. Soy una idiota.
Enredarme con mi marido es lo peor que puedo hacer, pero tú lo viste en la fiesta, me defendió, me trató con respeto y hasta con devoción, y no solo fue en ese momento.
Durante todos los días que pasamos en Sicilia…
¡Mierda, ni siquiera puedo justificarlo!
No sé por qué lo hice, ¿vale? Solo ocurrió y ahora no sé cómo librarme de él porque el muy desgraciado se cree con derechos sobre mí.
Romeo pestañea rápido y sacude la cabeza de un lado a otro.
—Lo siento, aún estoy intentando asimilar que te has follado a tu marido. ¿Cómo fue? Dime que la tiene tan grande como me la imagino.
Le doy un puñetazo en el hombro y el muy capullo se echa a reír.
—No tiene gracia. Estoy metida en un buen lío.
¿Sabes qué me ha dicho cuando estaba a punto de subir al coche?
—Arquea una ceja de manera interrogante—.
«Ve a casa y duerme unas horas, pero, cuando llegue, espero encontrarte desnuda en mi cama».
—digo, imitando su voz ronca y profunda, con lo que consigo arrancarle una nueva carcajada a mi amigo.
—Me dice eso a mí y te juro que lo espero en la jodida puerta untado en lubricante para que haga conmigo lo que quiera.
—¡Deja de burlarte! —exclamo, y vuelvo a golpearlo, esta vez en el pecho.
Sin embargo, también se me escapa una risita al imaginar la cara que pondría Luca si algo así llegara a suceder—.
Te das cuenta de que no puedo detenerlo, ¿verdad?
Nuestro acuerdo era que él no me tocaría a no ser que yo se lo pidiera.
—Y lo hiciste. —Asiento con la cabeza para corroborar su afirmación. Romeo se pone serio y busca mi mirada—. Bianca, no puede obligarte a acostarte con él. Bueno, sí que puede, pero De Santis no es de ese tipo de hombres.
Entiendo lo que quiere decir. Luca puede ser un tarado, un tipo sin escrúpulos y de gatillo fácil; no obstante, lo cierto es que no lo veo capaz de obligar a una mujer a estar con él en contra de su voluntad. Eso sería un acto deshonroso, y para los De Santis el honor lo es todo.
—No va a obligarme, pero sí será muy insistente. He pasado once malditas horas encerrada con él en un avión aguantando sus intentos de seducción. Te aseguro que no se dará por vencido.
—Bueno, solo tienes que negarte y listo. Tampoco es para tanto.
—No es tan sencillo —farfullo, bajando la vista a mi regazo.
—¿En serio? ¿Tan bueno ha sido el sexo?
Inspiro hondo y regreso la mirada a su rostro.
—Mejor que bueno —confieso, esbozando una sonrisa pícara.
—¡Perra suertuda! ¿Y qué pasa con el adonis rubio?
Pongo los ojos en blanco por la forma en la que Romeo siempre se refiere a Ryan. Es incapaz de decir su nombre.
—¿Qué pasa con él? No hemos vuelto a hablar desde su llamada del otro día.
—¿Vas a contarle lo que ha ocurrido con De Santis?
—No, ¿por qué crees que debería hacerlo?
—Bueno, sois algo así como amantes, ¿no? ¿Cuánto tiempo lleváis compartiendo fluidos? ¿Cinco años?
—Seis, y no somos amantes, solo nos divertimos juntos de vez en cuando —aclaro, frunciendo el ceño.
—Cielo, si te acuestas asiduamente con el mismo hombre durante seis años, se supone que tienes algo parecido a una relación. Puede que tú no lo veas así, pero estoy seguro de que él sí. Deberías contárselo.
No tengo ganas ni energía para pensar en eso ahora mismo.
Ryan ha sido una persona importante en mi vida durante estos últimos años, pero nunca le he prometido más de lo que puedo darle.
Además, lo nuestro tampoco es que sea algo exclusivo.
Seguro que él también se acuesta con otras mujeres cuando yo no estoy, o, al menos, eso espero.
—Lo llamaré mañana —digo tras resoplar—. Ahora necesito meterme en la cama y dormir, al menos, doce horas seguidas.
—Hazlo, tienes el aspecto de alguien que está a punto de caer en coma por puro agotamiento.
—Justo así es como me siento. ¿Nos vemos por la mañana para entrenar?
—Si me necesitas, grita —susurra.
Esbozo una sonrisa y asiento.
—Lo haré.
Tras despedirme, salgo del coche. Debería comer algo antes de acostarme, pero ni siquiera tengo fuerzas para pasar por la cocina.
Me iré directa a la ducha y después a la cama.
Solo espero que cuando llegue Luca no venga a molestarme porque, si lo hace, es probable que termine otra vez con un ojo morado.